Cinco poemas de Goethe que te despertarán el intelecto

Por María Beatriz D'Andrea el 04/10/2018

Los poemas de Goethe tocan las emociones humanas de una forma tan eficaz que suelen despertar el intelecto de sus lectores.

Lo decimos porque quienes calculan el coeficiente intelectual de Johann Wolfgang von Goethe en 210 puntos, lo que lo convertiría en la persona más inteligente de la historia moderna.

Quienes lo duden pueden echarle un vistazo al «Fausto», pero más aún a «Los sufrimientos del joven Werther», el libro del que el alemán más se avergonzó porque tocaba tan bien la sensibilidad humana que llegó a inducir a jóvenes al suicidio.

Por eso hay quienes dicen que Goethe fue malvado. Y eso que en una edición posterior del libro escribió: «Sé hombre, no me sigas».

De todas formas aquí estamos es para mostrar un poco de su poesía. Disfrute de estos cinco.

1. «Pensamientos nocturnos»

¡Oh, Desdichadas estrellas! Vuestro destino lamento.
Vosotras que han iluminado el mar y el marinero,
Radiantes destellos que adornan los cielos;
Dioses y hombres os han despreciado:
No las aman, jamás han aprendido a amar.
Incesante e interminable danza os mueve
En el espacioso cielo, donde vuestro encanto se despliega.
Qué lejos habéis viajado, penetrantes gemas del abismo.
Demorado en mi amor, en el único amor en mí;
Confieso que yo también os he olvidado.

2. «El espejo de la Musa»

Cierto día, temprano, cuando el empeño se adornó con impaciencia,
La Musa siguió la corriente del río,
Hasta un rincón apartado y tranquilo.
Rápida y sonora fluía
La cambiante superficie distorsionada,
Hacia sus figura encantadora que huía,
Entonces la Diosa abandonó la ira.
Sin embargo, el arroyo la llamó burlándose:
¿No verás entonces la verdad en mi claro espejo?
Pero ella corría lejos, cerca del océano;
En su figura el regocijo alababa,
Adornando debidamente su guirnalda.

3. «La hermosa noche»

Abandonar debo el chozo
donde vive mi adorada,
y con paso sigiloso
vago por la selva árida;
brilla la luna en la fronda,
alienta una brisa blanda,
y el abedul, columpiándose,
a ella eleva su fragancia.
¡Cómo me place el frescor
de la bella noche estiva!
¡Qué bien se siente aquí
lo que nos llena de dicha!
¡Trabajo cuesta decirlo!…
Y sin embargo, daría
yo mil noches como esta
por una junto a mi amiga.

4. «Secreto»

Son los ojos de la amada
pasmo cierto de las gentes;
yo, que todo lo conozco,
sé muy bien lo que me advierten.
Dicen ellos: -A este adoro,
a este sólo, a nadie más;
cesen pues, oh buenas gentes,
vuestro pasmo, vuestro afán.
Sí, con brillo poderoso
resplandecen en redor;
y es que quieren anunciarme
la hora dulce del amor.

5. «Soneto»

Del arte practicar los modos nuevos,
sagrado deber es que se te impone;
según el ritmo y el compás prescritos,
moverte tú también como yo puedes.
Que si con fuerza el ánimo se excita,
entonces justamente pide calma;
y por más aspavientos que hacer pueda,
al cabo su remate la obra halla.
Tal yo quisiera artísticos sonetos,
en un alarde medida justa,
rimar con mis mejores sentimientos;
Sólo que, a la verdad, algo me ata,
pues antaño tallaba a mi capricho,
y ahora de cuando en cuando pegar debo.

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