Cinco poemas de Félix de Azúa que te despertarán la mente

Por María Beatriz D'Andrea el 27/05/2019

Los poemas de Félix de Azúa son un mundo abierto para todo aquel que tome lectura de ellos. Son recuerdos, situaciones y experiencias vividas por el autor hechas poesía.

Nacido en Barcelona, España, en el año 1944, es un escritor, ensayista, novelista y Filósofo conocido por formar parte de la antología Nueve novísimos poetas españoles (1970).

Considerado como un experto en los géneros literarios su temática predominante es sobre las urbes y el comportamiento de sus distintos ciudadanos.

Entre sus obras se destacan Diario de un hombre humillado (1987) y Momentos decisivos (2000).

A continuación te traemos cinco de sus poemas para que te regales unos minutos del trabajo poético de este reconocido escritor.

1. «Romance tecnócrata»

Silbando su tonada hacia la izquierda
con el tren bajo las nalgas de melocotón
el pecho atravesado todavía por una dentadura
y desdén de la pierna por la media de nylon
camino de la ventilación de un asunto amoroso
se lanza al mar y pide dos horchatas
brindando con el aire «¡salud salud!»
se acerca entonces el bruñido atleta
«sé lo que pasa y que tu weltanschauung
la voluntariedad, quiero decir;
él en cambio plagiando a Scott Fitzgerald,
es escolástico hasta en la compra de tabaco».

Ella grita con júbilo y sonríe por la noche
y en íntima fusión los dos orines cantan a dúo:
«Nada tan claro como las ciencias del espíritu
nada tan taylorista como la psiquiatría”.

2. «Taparrabos»

El oro tiene tantos significados
cuando tu mano pueblan los anillos
o perforando el labio
el largo clavo dobla las comisuras
¿qué peso lo transforma?.

El color hace la piel más negra
porque peso y color son para ti lo mismo
un peso blando un color puro
hacen la máquina para los sacrificios
dan la orden de que se inicie el rito.

Cargados de oro pues
lamidos por serpientes,
cubilete de los significados
convertidos en sacerdotes de aquella religión.

3. «Gabinete del mago«

Mientras de mi clepsidra se destila
un nuevo no man’s land
la piel se resquebraja
pierde su liso color pálido Anglada Camarasa
cuando a través de la laguna de cigüeñas
los picos de metal deshacen tristes
fríos peces fríos peces.

Nueva ausencia sin fondo
y por detrás del aire
donde esos pájaros espían.

4. «Tamerlán»

La gente dijo de él que fue muy frívolo
juventud amor y muerte: la flor entre los huesos.
La gente dice que su muerte es bienvenida
pero muchos lloramos,
la célebre experiencia
el sereno final.

Le rezamos rodeando el catafalco y observando
cuervos ansiosos por besar su carne.
Somos nosotros los cirios,
cuatro hermanos y sus coronas fúnebres
a nosotros sorprenderá la aurora cubiertos de rocío.

Cuando todos descansen empezaremos a cavar su hoyo
¡nueva matriz! que de ti salga un nuevo Tamerlán.

5. «Memento en la feria de San Isidro»

De poco corazón poco elegíaco cansado de la ciencia
no leídos los tristes libros las oraciones ambiguas
embarcado sin reloj de pulsera desconociendo las estrellas
cansado de la sabiduría el astrolabio es un nominativo.

También el movimiento cansado y arrastrado
metronómico por ser numeración no nombre
el tren recorre el puente y luego cae.

Poco noctámbulo pero desorientado y afligido
de desconcierto enmarañado en las acciones irregulares
los verbos los pronombres castigados de cara a la pared.
Completamente amable.

La ceniza de toda la ceniza enamorada:
lo priápico amordazado y seco tembloroso
para hacerse un amuleto contarlo a los amigos
para lanzarse desde el último piso.

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