Cinco poemas de Amos Oz breves y universales

Por redaccionnyl el 02/01/2019

amos oz poemas
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Ahora que murió de cáncer a los 78 años, los poemas de Amos Oz nos resultan otra forma de ver la obra de un israelí que exploró en su escritura los conflictos contemporáneos de su país sin soslayar el inveitable pasado histórico.

Su vasta obra, escrita en hebreo e inglés, comprende novelas, poesía, ensayos y cuentos, que le valieron importantes galardones, tales como el Premio Israelí de Literatura 1988, Premio Goethe 2005, ser nombrado Caballero de la Legión de Honor de Francia en 1997 y el Premio Príncipe de Asturias de las Letras en 2007.

A continuación cinco de sus poemas.

Es duro

Abre los ojos con las primeras luces. Las cadenas montañosas
parecen una mujer robusta y tranquila
durmiendo de lado después de una noche de amor.
Una suave brisa, satisfecha de sí misma,
mueve la tela de su tienda.
La hincha, la agita, como un vientre cálido. Sube y baja.

Con la punta de la lengua toca ahora
el hueco de la palma de su mano izquierda,
el punto más interno de la palma. Le da la sensación
de estar tocando un pezón suave, duro.

María

le recuerda: el último chico. Su frente. Sus ojos.
Su suspiro al llegar.
El roce de su brazo y el manantial de su semen.
Cuando todos se fueron
él volvió y le besó los pies.

Pero cómo

Abandonarla, dices, es fácil decirlo,
abandonarla como un piloto de combate
que abandona un avión
sin control o en llamas. ¿Pero cómo se salta
de un avión caído, hecho pedazos y oxidado
o hundido en las profundidades del mar?

Se despierta en mí el deseo

Atardecer. Llueve en las colinas vacías del desierto.
Cal y roca y olor a tierra mojada
después de un árido verano. Se despierta en mí el deseo
de ser lo que sería de no haber sabido lo que es sabido.
De ser anterior al conocimiento.
Como las colinas. Como una piedra en la superficie
de la luna. Inerte, silencioso y seguro
de que estaré tiempo en exposición.

Solo

Una flecha atrapada en un arco tensado:
él recuerda el contorno
de sus muslos. Adivina el movimiento de sus caderas hacia él.
Se contiene. Sale del saco de dormir. Respira
a pleno pulmón el aire de nieve. La niebla pálida,
diáfana y lechosa se va retirando, una fina túnica
sobre las curva de la montaña.

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