Cinco novelas distópicas que hacen temblar al mundo

Por redaccionnyl el 12/12/2017

novelas distópicas
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Las novelas distópicas nos hablan de futuros apocalípticos. La palabra viene de un antónimo al sueño socialista de la utopía, aunque casualmente casi todos los socialismos se han convertido en sus propias antítesis con totalitarismo.

La mayoría de esos libros no pasa de ejercicios de imaginación. Pero también están los que son posibles y los que se parecen demasiado a nuestro presente. De esos últimos hablaremos.

En este post repasaremos cinco novelas distópicas que han marcado a la humanidad porque se están cumpliendo o porque son obviamente posibles. Se trata de un top cinco que incluye política, machismo desorbitado, disfunciones sociales y otras situaciones que nos ponen a temblar porque no se alejan casi nada de la realidad.

5. «El cuento de la criada» de Margaret Atwood

Ocurren unos supuestos ataques de terrorismo islámico. Políticos teócratas llegan al poder de Estados Unidos y le cambian el nombre a República de Gilead. Con la excusa de la defensa contra la violencia, aumentan el autoritarismo y disminuyen las libertades y derechos sociales. Lo primero que hacen es suprimir la libertad de prensa y los derechos de las mujeres.

Las mujeres se dividen en castas y se promueve el miedo y la sospecha entre ellas. La doncella es una mujer que se considera única y exclusivamente un objeto cuyo único valor está en sus ovarios, siendo un receptáculo necesario para alcanzar el nivel de nuevos nacimientos deseado en Gilead para mantener su modelo de sociedad.

En esta sociedad, Offred es una mujer que pierde su dinero, su empleo e incluso su nombre, que pasa a ser el de su dueño, al ser asignada como un tipo de esclava denominada «criada» de un hombre, el «comandante». Desde entonces le está prohibido tener propiedades, autonomía económica ni independencia social, salir de la casa donde vive (si no es para hacer compras necesarias para la casa), hablar ni leer ni ningún tipo de comunicación que no sea con sus propietarios, ningún tipo de actividad intelectual ni de libertad sobre su imagen y apariencia física e incluso sobre su cuerpo, incluyendo su alimentación y sus relaciones sexuales, ya que no puede tenerlas con nadie a excepción de su dueño, que la puede violar siempre que él quiera, supuestamente con el fin de procrear.

4. «Rebelión en la granja» de George Orwell

Los animales de la Granja Manor, alentados un día por el viejo «cerdo Mayor», que antes de morir explicó a todos los animales su visión, llevan a cabo una revolución en la que consiguen expulsar al granjero Howard Jones y crear sus propias reglas (los Siete Mandamientos), que escriben en una pared:

1. Todo lo que camina sobre dos pies es un enemigo.
2. Todo lo que camina sobre cuatro patas, o tenga alas, es amigo.
3. Ningún animal usará ropa.
4. Ningún animal dormirá en una cama.
5. Ningún animal beberá alcohol.
6. Ningún animal matará a otro animal.
7. Todos los animales son iguales

Al principio, la granja, (que pasa a llamarse Granja Animal) es más próspera incluso que cuando el señor Jones la administraba. Sin embargo, con el paso del tiempo los cerdos, que se habían autoerigido como líderes por su inteligencia, empiezan a abusar de su poder y manipulan los mandamientos en su favor hasta que se modifica el último.

7. Todos los animales son iguales, pero algunos animales son más iguales que otros.

3. «Fahrenheit 451» de Ray Bradbury

Montag, el protagonista, es bombero. Según la guía, los bomberos se establecieron en 1790 para quemar los libros de influencia inglesa de las colonias. El primer bombero fue Benjamin Franklin. Ya nadie recuerda que en otro tiempo apagaban incendios. Ahora, el cuerpo de bomberos se dedica a quemar las casas en las que encuentran libros. Los hombres que pasean, que charlan, que se detienen, son sospechosos. Un ciudadano normal conduce a 160 kilómetros por hora, trabaja, pasa su tiempo viendo la televisión, canturrea el nuevo anuncio de Dentífrico Denham. Eso es lo que los hace felices. Ser feliz es lo más importante. Pensar es malo. La gente no necesita estar preocupada. En palabras del Capitán Beatty, los bomberos son los Guardianes de la Felicidad.

Sin duda lo más interesante de Fahrenheit es el planteamiento del autor, sus reflexiones acerca de una sociedad futura muy similar a la nuestra. La prosa está cuidada y el ritmo de la novela es bastante ágil. Algunos puntos flacos podrían ser que varios monólogos de los personajes no son del todo pertinentes, ya que se utilizan a modo de explicación, y que el final resulta un tanto apresurado. No obstante, lo verdaderamente relevante es la crítica o, más bien, la advertencia que se nos hace acerca del futuro.

2. «1984» de George Orwell

Es una distopía porque se escribió en 1949 sobre lo que podría ocurrir en el lejanísimo 1984. En Londres, Winston Smith decide rebelarse ante un gobierno totalitario que controla cada uno de los movimientos de sus ciudadanos y que castiga incluso a aquellos que delinquen con el pensamiento.

Muchos analistas detectan paralelismos entre la sociedad actual y el mundo de 1984, sugiriendo que estamos comenzando a vivir en lo que se ha conocido como sociedad orwelliana,​ una sociedad donde se manipula la información y se practica la vigilancia masiva y la represión política y social. El término «orwelliano» se ha convertido en sinónimo de las sociedades u organizaciones que reproducen actitudes totalitarias y represoras como las representadas en la novela. La novela fue un éxito en términos de ventas y se ha convertido en uno de los más influyentes libros del siglo XX.

El régimen tiene ministerios de Amor, Paz, Abundancia y Verdad, los cuales no hacen sino mantener a la población a raya.

1. «Un mundo feliz» de Aldous Huxley

La novela anticipa el desarrollo en tecnología reproductiva, cultivos humanos e hipnopedia que, combinadas, cambian radicalmente la sociedad. El mundo aquí descrito podría ser una utopía, aunque irónica y ambigua: la humanidad es desenfadada, saludable y avanzada tecnológicamente. La guerra y la pobreza han sido erradicadas, y todos son permanentemente felices. Sin embargo, la ironía es que todas estas cosas se han alcanzado tras eliminar muchas otras: la familia, la diversidad cultural, el arte, el avance de la ciencia, la literatura, la religión y la filosofía.

Los bebés son fecundados in vitro y desde antes de su formación completa ya les han sido desarrolladas características específicas para el trabajo que desarrollarán al crecer. La niñez es una época de aprendizaje de técnicas y de juegos sexuales. El embarazo no existe. Las personas pasan los días drogadas gracias a una pastilla llamada soma que les da total felicidad y optimismo.

Quienes no se acoplan a este mundo viven en reservas. Uno de esos «salvajes» va a la civilización tras leer a Shakespeare y se convierte en toda una atracción. Este mundo no necesita nada y todos son muy felices en él menos este desadaptado.

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