Cinco fragmentos de “El retrato de Dorian Gray” para disfrutar

Por Valentina Rausseo el 21/01/2019

Un gran clásico de la literatura; y no podía ser de otra manera, pues Oscar Wilde seguirá siendo uno de los mejores escritores de la historia. “Revelar el arte y ocultar el artista es la finalidad del arte”, dice. Aquí, cinco increíbles extractos de “El retrato de Dorian Gray” que te animarán a explorarlo.


1. En el centro de la habitación, sujeto sobre un recto caballete, estaba el retrato en tamaño natural de un joven de extraordinaria belleza, y enfrente, un poco más lejos, se hallaba sentado el propio pintor, Basilio Hallward, cuya repentina desaparición, algunos años antes, había causado por aquellos días tan gran emoción pública y dado origen a tan numerosas y extrañas conjeturas. Capítulo I.

2. Reía nerviosamente al hablar, y le miraba con sus ojos miosotis. Era una mujer singular, cuyos vestidos parecían siempre diseñados en un acceso de rabia y puestos en medio de una tempestad. Mantenía habitualmente un flirteo con alguien, y como su pasión no era nunca correspondida, había conservado todas sus ilusiones. Intentaba ser pintoresca, pero únicamente llegaba a ser desaliñada. Llamábase Victoria, y tenía una inveterada manía de ir a la iglesia. Capítulo IV.


3. Y sin embargo, ¡qué vivo era el recuerdo de todo aquello! Primeramente en el confuso amanecer, y luego después, a plena luz, él había visto aquel toque de crueldad en torno a los labios combados. Casi temió que el criado abandonase el cuarto. Sabía que, en cuanto se viese solo, se pondría a examinar el retrato. Lo temía con certeza. Cuando el criado, después de traer el café y los cigarrillos, se dispuso a marcharse, sintió un deseo violento de decirle que se quedase. En cuanto se cerró la puerta, le volvió a llamar. El criado permanecía en pie esperando sus órdenes. Dorian le miró un instante.
–No estoy para nadie, Víctor – dijo con un suspiro.
El sirviente inclinóse, y se fue. Capítulo VIII.

4. Había una horrible fascinación en todos ellos. Se le aparecieron de noche y turbaron su imaginación durante el día. El Renacimiento conoció extraños sistemas de envenenamiento –el envenenamiento por un yelmo y por una antorcha encendida, por un guante bordado y un abanico de pedrerías, por una bola perfumada y por una cadena de ámbar –. A Dorian Gray le había envenenado un libro. Había momentos en que consideraba simplemente el mal como un medio necesario para poder realizar su concepción de la belleza. Capítulo VI.


5. Apresuró el paso hacia la izquierda, mirando a su espalda de cuando en cuando para ver si le seguían. Al cabo de siete u ocho minutos llegó a una casita miserable, que estaba embutida entre dos talleres modestos. En una de las ventanas de arriba había colocada una lámpara. Se detuvo y llamó de un modo especial. Capítulo XVI.

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