Cinco bellos y cotidianos Poemas de Ángel Augier

Por María Beatriz D'Andrea el 24/05/2019

A través de los poemas Ángel Augier se puede apreciar la belleza de la cotidianidad. Son sus más íntimas experiencias hechas poesía descritas con sus sentimientos.

Nacido en el año 1910 y fallecido en el año 2010 en su país de origen Cuba fue un ensayista, poeta, periodista y crítico literario de gran importancia.

Algunos de sus reconocimientos por su trabajo escrito fueron la Orden Nacional Félix Varela de Primer Grado donde recibió una condecoración y para el año 1991 recibió el Premio Nacional de Literatura.

Toda su obra poética esta reunida en la publicación llamada Todo el mar en la ola (1989) y en una antología publicada en el año 1980.

A continuación te traemos cinco de estos poemas para que disfrutes de unos minutos de lectura.

Aprecie el legado de este gran poeta y escritor que exhibe parte de lo que fueron sus más preciadas memorias.

1. «Isla en el tacto»

Cosida al mar y al viento por puntuadas olas
a puro sol prendida, 
tu perfil, isla mía,
tu contorno en el agua
con tu constante litoral dibujas
revuelto hacia la luz y hacia la espuma, 
hacia el húmedo mundo clamoroso
donde pierden la tierra y el árbol sus fronteras,
donde encuentra el azul su razón en los mapas
y se disuelve en sal la geografía.

2. «Ansiedad»

Esta flor mía, viva luz sin reflejo,
ahogada en ella misma,
bebiéndose a mi sombra su más íntima savia,
su perfume más puro,
sintiendo en cada pétalo, la clausura del aire
y el secuestro del agua, de la nube, del árbol…

Esta flor mía, encendida, consumiéndose sola,
muerta en su propia música,
apretada en su tallo, quebrado ya de angustia;
quemándose a sí misma,
en tanto que la tierra desnuda su ternura
y es más ancha la vida,
y el canto,
y la mañana…

3. «Nocturno diferente»

Hay una noche limpia: la del mar y la luna.
Había un pueblo de luces en el agua tranquila 
con calles solitarias por donde, sin quererlo, 
dejábamos vagar nuestra inquieta ternura.

Era una noche limpia, brillando entre las sombras. 
Nos quedamos teñidos de luna y de horizonte 
al ritmo de la voz anciana del botero.

4. «Piscis»

De las aguas, los peces.
El abismo
es ahora dos veces
uno mismo.

5. «Cuba»

Cuba, flotante línea suspendida 
en la punta del agua sin sosiego; 
llama en el centro de su propio fuego, 
roja al viento la túnica encendida.

Cuba, de amor extiendes tu medida
y la sombra sepulta su astro ciego: 
tu sangre, ardiente luz, es dulce riego 
para alzar el tamaño de la vida. 

Marítima y frutal, solar y sola, 
las olas que establecen tu corola 
forman, Cuba, coraza a tu alegría.

Y en tu carrera de canción y espuma 
deslumbra a la mirada entre la bruma 
el fulgor con que en ti florece el día.

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