Elogio de la sombra. Por Jorge Luis Borges

En América Latina debemos aceptar no sin algo de impotencia que nuestro mejor cuentista fue también nuestro mejor poeta. Los versos de Borges superan y desdibuja y hasta se burlan de la profundidad y la belleza de los de cualquier otro famoso de las letras. Este es una prueba.

Tres poemas breves de Friedrich Schiller

Se le considera, junto a Goethe, el dramaturgo más importante de Alemania,1 así como una de las figuras centrales del clasicismo de Weimar. Muchas de sus obras de teatro pertenecen al repertorio habitual del teatro en alemán. Sus baladas se cuentan entre los poemas más famosos.

Cuatro poemas brevísimos e impresionantes de Emily Dickinson

Vivió gran parte de su vida recluida en su casa. Considerada una excéntrica por sus vecinos, tenía predilección por vestir siempre ropa blanca. Era conocida por negarse a saludar a los invitados y, en los últimos años de su vida, por ni siquiera querer salir de su habitación. Dickinson nunca se casó y la mayoría de amistades que tenía dependían completamente de la correspondencia. Sin embargo, su nombre está en lo más alto de la poesía norteamericana junto a los de Edgar Allan Poe, Ralph Waldo Emerson y Walt Whitman.

Soneto del pecador herido. Por Pedro Calderón de la Barca

La formación jesuita de Calderón lo llevó a asimilar el pensamiento de San Agustín y Tomás de Aquino. Menéndez Pelayo lo creyó aristotélico, aunque la crítica moderna ha valorizado la enorme importancia que tuvo en Calderón la filosofía neoplatónica. Este poema nos asoma su naturaleza.