Carlos del Pozo, el científico autodidacta que asombró a Humboldt

Por redaccionnyl el 28/07/2019

Cuando Alexander von Humboldt visitó los Llanos venezolanos, descubrió en la población de Calabozo a un hombre que le pareció asombroso: Carlos del Pozo y Sucre.

Este hombre había construido con sus propias manos un montón de inventos científicos que estaban casi a la altura de lo más avanzado de Europa. Todo sin otro recurso que una biblioteca.

Para cuando llegó el científico alemán a Venezuela, Del Pozo había creado un sistema de pararrayos para proteger Calabozo de los incendios y otro de desagüe para evitar inundaciones.

Sus conocimientos fueron muy útiles en los intentos de orden de la Venezuela de los siglos XVIII y XIX. Estuvo tanto en los esfuerzos por combatir enfermedades como en el diseño de múltiples soluciones para todo.

Sin embargo, su nombre no es tan escuchado en su país porque siempre estuvo a favor de que Venezuela siguiera siendo parte de España, y hasta combatió militarmente por esa causa.

Como sea, a continuación, el relato de Humboldt que aparece en «Viaje a las Regiones Equinocciales del Nuevo Continente».

Lo que escribió Humboldt sobre Carlos del Pozo

Encontramos en Calabozo, en el corazón de los llanos, una máquina eléctrica de grandes discos, electróforos, baterías, electrómeros, un material casi tan completo como el que poseen nuestros físicos en Europa. No habían sido comprados en los Estados Unidos todos estos objetos; eran la obra de un hombre que nunca había visto instrumento alguno, que a nadie podía consultar, que no conocía los fenómenos de la electricidad más que por la lectura del Tratado de Sigaud de Lafond (Joseph Aignan Sigaud de Lafond) y de las Memorias de Franklin (Benjamin Franklin). El Sr. Carlos del Pozo, que así se llamaba aquel estimable e ingenioso sujeto, había comenzado a hacer máquinas eléctricas de cilindro empleando grandes frascos de vidrio a los cuales había cortado el cuello. Desde algunos años tan sólo pudo procurarse, por vía de Filadelfia, platillos para construir una máquina de discos y obtener efectos más considerables de la electricidad. Fácil es suponer cuántas dificultades tuvo que vencer el Sr. Del Pozo desde que cayeron en sus manos las primeras obras sobre la electricidad, cuando resolvió animosamente procurarse, por su propia industria, todo lo que veía descrito en los libros. No había gozado hasta entonces sino del asombro y admiración que sus experiencias producían en personas carentes por completo de instrucción, que jamás se habían apartado de la soledad de los llanos. Nuestra mansión en Calabozo le hizo experimentar una satisfacción del todo nueva. Por supuesto que había de dar alguna importancia a los votos de dos viajeros que podían comparar sus aparatos con los que se construyen en Europa. Yo llevaba electrómeros de paja, de bolilla de saúco, y de hojas de oro laminado, y asimismo una botellita de Leyden que podía cargarse por frotamiento, según el método de Ingenhouss, la cual me servía para experiencias fisiológicas. No pudo el Sr. Del Pozo contener su alegría al ver por primera vez instrumentos no hechos por él y que parecían copia de los suyos. Le mostramos también el efecto de metales heterogéneos sobre los nervios de las ranas. Los nombres de Galvani y Volta no habían resonado en aquellas vastas soledades.

Nalgas y Libros | contacto@nalgasylibros.com