Realidad, un poema de José Asunción Silva

Por Valentina Rausseo el 25/04/2019

De los muchos poemas que hallamos en el libro de «Poesías completas» de José Asunción Silva, quisimos compartir con nuestros lectores el llamado «Realidad».

La verdad es que a nuestra redacción snob y medio hipster le incomodan los poemas de corte tradicional porque los jóvenes de ahora creen que esas rimas no los tocan.

Pero sabemos que allá en el fondo de la red, quizá justo detrás de esa pantalla que usted está viendo, hay una mente curiosa que tendrá la calma para disfrutar este verso y sacarle jugo para la vida propia.

Realidad

En el dulce reposo de la tarde,
cuando al ponerse el sol en occidente
su luz dorada, de la vida fuente,
como una hoguera en los espacios arde,
o de la noche en el silencio umbrío
cuando la luna con fulgor de plata
alumbra a trechos el sonante río,
y en sus límpidas ondas se retrata;
entre las sombras de la vida hay horas
en que la realidad que nos circuye
a detener el ímpetu no alcanza
de nuestra alma que a lo lejos huye
Y a la región de lo ideal se lanza…

Y entonces cuando pienso en tus amores
nuestras dos vidas deslizarse veo,
no cual la realidad que aja sus flores,
sino cual la ilusión de tu deseo.
No por las conveniencias separados,
soñando tú conmigo, yo en tus sueños,
sino juntos los dos en los collados
de la Arcadia risueños;
asidos por las manos a lo lejos
buscando el fin de la campiña amena
a los pálidos rayos de la luna.
O del ardiente sol a los reflejos,
dejando transcurrir una por una
las no contadas horas venturosas
que no mancha la sombra de una pena,
libando amor y deshojando rosas
del verdor y del musgo en lo sombrío,
ocultos en lo ignoto del boscaje
radiante aún de gotas de rocío
de virgen fuerza y de vigor salvaje;
sentados a la orilla del torrente
tú escuchando los ecos del follaje
yo acariciando -trémula la mano-
tus rizos al caer sobre tu frente…

Otras veces trayendo a la memoria
los fantasmas de un tiempo ya pasado
junto con ellos cual sencilla historia,
los ideales de tu amor soñado.
Y es entonces un gótico castillo
de altivas torres de musgosas piedras
en cuyo muro gris crecen las hiedras
teatro de nuestro amor santificado.

Y en reducida y perfumada estancia,
cuyos tapices abrillanta y dora
el fuego de la antigua chimenea,
juntos los dos oímos a distancia
diciéndonos protestas de ternura
la voz del agua que al perderse llora
y el viento que en los árboles cimbrea
entre el silencio de la noche oscura.

O en frágil barca en plácida mañana
de lago azul flotando en los cristales
con la mirada errantes contemplamos
el cielo, la ribera, los juncales,
y las nieblas que inciertas, vaporosas,
van a perderse en la región lejana,
como se pierde la esperanza humana
o el postrimer aroma de las rosas.

Mas cuando el alma en sus ensueños flota,
la realidad asoma de improviso,
no más resuena la encantada nota
brotan espinas de la rosa brota,
y en cruel se torna el paraíso.

Vuelvo a mirar… y pienso que nacimos
para vivir por siempre separados,
que no es una la senda que seguimos
y que la lumbre que cercana vimos
fue visión de tu amor y tus cuidados.

Y al comparar la realidad penosa
con los paisajes de ideal que miro
en el fondo del alma lastimosa
para tu dulce amor -niña piadosa-
para tu dulce amor surge un suspiro.

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