El amor y la muerte. Por Pär Lagerkvist

Por redaccionnyl el 07/01/2018

Una noche paseaba las calles con mi amada, cuando al pasar ante una casa de lúgubre aspecto, abriose repentinamente la puerta y un amorcillo¹ dio un paso fuera de las sombras. Mas no era un amorcillo común -frágil, delicado y artístico-, sino un hombrazo pesado y fornido, con todo el cuerpo cubierto de pelos, que más parecía un guerrero bárbaro apuntándome con su rústico arco. Me disparó una flecha que me alcanzó en el pecho. Retiró después la pierna y cerró tras de sí la puerta de aquella casa semejante a un castillo hosco y sombrío. Yo caí, pero mi amada continuó su paseo. Pienso que no advirtió mi caída, pues de lo contrario se hubiera inclinado sobre mi cuerpo y habría tratado de socorrerme. Mas como siguió, sin detenerse, comprendí que no se había dado cuenta de mi caída. Mi sangre corrió tras ella, durante un rato, como un arroyuelo, hasta que se detuvo cuando ya no pudo alcanzarla.

FIN

1. Amorcillo: En las artes plásticas, niño desnudo y alado, generalmente portador de un emblema del amor, como flechas, carcaj, venda, paloma, rosas, etc. Cupido.

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