Amarna Miller, James Franco y yo recorrimos Sudamérica

Por Néstor Luis González el 30/07/2017

Fumo mientras escribo esto para tratar de calmar el peor dolor de muelas que he tenido en mis 31 años de vida. Soñé que Amarna Miller, James Franco y yo estábamos recorriendo Sudamérica, de hecho lo cabo de soñar, y fue tan real como este maldito dolor que espera a que me traigan el Ibuprofeno de 600 que tanto me urge.

Vivo en Caracas, donde muchos votaron esta mañana para elegir a los redactores de una nueva Constitución pese al rechazo de muchos más que solo querían que se les preguntara antes si querían o no esa carta magna que modificaría al Estado por completo.

La televisión muestra a los que votaron y omite la batalla de balas y de bombas y de gritos que escucho desde mi oficina. Justo cuando pensé que el país estaba a punto de estallar, me quedé dormido por dos minutos que en el sueño fueron dos meses.

Así son los sueños. El tiempo no existe en ellos y lo importante es que las cosas ocurran. Me habría encantado soñar que la paz y la prosperidad económica volvieron a Venezuela, pero soñé que Amarna Miller, James Franco y yo recorrimos Sudamérica durante dos meses en un pequeño auto europeo.

En el sueño había una suerte de gobierno mundial de ultraderecha que me perseguía a mí por tener medios de comunicación, a Amarna por ser actriz porno y a James Franco por hacerle una entrevista incómoda al líder supremo de Corea del Norte. Escapar era el motivo de nuestro viaje a ninguna parte.

Mi única posesión era un bolsa con bananas y diamantes, James tenía un montón de dólares en efectivo y Amarna los últimos libros que aún el gobierno mundial no había logrado quemar.

Las bananas nos las comimos el primer día, los diamantes y los dólares se nos acabaron comprando comida y chantajeando autoridades para cruzar fronteras. Pero los libros no se gastaron, y luego de leerlos decidimos enterrarlos y separar nuestros destinos para predicar por todas partes lo que decían.

Desperté y me di cuenta de que había tenido un sueño tan extraño que debía escribirlo de inmediato. Fue un sueño geométrico, preciso, una historia a la que no le faltó ni le sobró nada.

Mientras dormía me sentí valiente, pero valiente también es este ser humano que acaba de llegar a mi oficina con un Ibuprofeno de 600 en la mano después de arriesgar su vida allá afuera.

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