16 libros que Ernest Hemingway recomendó a un joven escritor en 1934

Por redaccionnyl el 15/08/2017

Arnold Samuelson era un periodista de tan solo 22 años decidido realizar un gran viaje por su país después de culminar sus estudios universitarios. Antes de empacar una mochila y tomar su violín, vendió a un periódico local una serie de artículos para poder emprender el viaje.

A su vuelta a su natal Minnesota, allá por el mes de abril de 1934, leyó por primera vez un cuento de Ernest Hemingway en el diario Cosmopolitan. El cuento en cuestión se titulaba “Un viaje al otro lado”, el cuál posteriormente formaría parte de su novela “Tener y no tener”.

Esa lectura le causó tanta impresión que sintió que no tenía más remedio que emprender otro viaje de más de 2.000 millas haciendo autostop, únicamente para poder ver a Hemingway y pedirle consejos.

Samuelson no tuvo un viaje con complicaciones. Pasó de Florida a Key West saltando de tren en tren y haciendo parada en un muelle para dormir a la intemperie. El clima no se encontraba en su mejor época. También durmió en el corral de toros de una cárcel, el cual estaba infectado de mosquitos. A pesar de todo esto, nada le quitó el empeño y la ilusión por conocer al que por el momento era su escritor predilecto, y dispuesto se presentó en la puerta del domicilio de este. Samuelson lo relata así:

«Cuando llamé a la puerta principal de la casa de Ernest Hemingway en Key West, este salió y se puso frente de mí, serio y con gesto de fastidio, esperando a que yo hablara. No tenía nada que decirle. No podía recordar ni una sola palabra de mi discurso preparado. Era un hombre grande, alto, de hombros anchos y caídos, que estaba de pie frente a mí con sus pies separados y los brazos colgando a los costados. Estaba agachado un poco hacia adelante con el equilibrio instintivo de un boxeador listo para golpear.”

El escritor le preguntó qué quería exactamente, y el joven le comento que había leído su último cuento publicado en Cosmopolitan y que había quedado tan impresionado, que no había podido evitar ir a conocerlo para conversar con él. Hemingway quedo impresionado y aunque se encontraba ocupado en ese momento, le invitó a pasarse de nuevo por su casa al día siguiente.

Un día después de esto empezaron a conversar y cuando el joven Samuelson le confesó que no sabía escribir sobre ficción, que lo había intentado sin éxito, Hemingway empezó a aconsejarle:

“Lo más importante que he aprendido acerca de la escritura es que nunca se debe escribir demasiado a la vez”, dijo Hemingway, tocando mi brazo con el dedo. “Nunca hay que hacerlo de una sentada. Deja un poco para el día siguiente. Lo más importante es saber cuándo parar. Cuando empiezas a escribir y todo marcha bien, llega a un lugar interesante y cuando sepa lo que va a ocurrir después, ese es el momento de parar. Luego hay que dejarlo como está y no pensar en ello; déjalo reposar y que su mente subconsciente haga el resto. A la mañana siguiente, cuando has tenido un buen sueño y has descansado, reescribe lo que escribió el día anterior hasta llegar al lugar interesante donde usted sabía lo que iba a ocurrir a continuación. Escriba de nuevo y vuelva a repetir la secuencia, volviéndolo a dejar en el siguiente punto interesante. Y así, sucesivamente. De esa manera, su materia estará llena de lugares interesantes siempre. Es la manera de escribir una novela que nunca se atasca y que es interesante a medida que se avanza en ella”.

Hemingway, entre otras cosas, desaconsejó al chico fijarse en escritores contemporáneos. Según el gran escritor, había que competir con los clásicos, con los escritores ya fallecidos, que según él eran los que conseguían que sus obras resistieran al paso del tiempo. El escritor invitó a Arnold a su taller. Éste describe su experiencia en él de la siguiente forma:

“Su taller era el garaje de la parte trasera de la casa. Lo seguí hasta una escalera exterior del taller, que era una sala cuadrada, con un suelo de baldosas y ventanas cerradas en tres paredes y largos estantes de libros por debajo de las ventanas del piso. En un rincón había una gran mesa antigua de encimera plana y una silla antigua con un respaldo alto. E. H. tomó la silla de la esquina y nos sentamos uno frente al otro a cada lado del escritorio. Cogió una pluma y comenzó a escribir en un pedazo de papel. El silencio era muy incómodo. Me di cuenta de que se tomaba su tiempo para escribir. Me hubiera gustado que me entretuviese con sus experiencias, pero finalmente mantuve la boca cerrada. Yo estaba allí para tomar todo lo que iba a darme y nada más.”

Ernest le recomendó una lista de 14 novelas y 2 cuentos al joven que debía leer. Estos son los 16 libros que Ernest Hemingway recomendó a un joven escritor en 1934:

“Anna Karenina” de León Tolstói.
“Guerra y Paz” de León Tolstói.
“Madame Bovary” de Gustave Flaubert.
“El hotel azul” de Stephen Crane.
“El bote abierto” de Stephen Crane.
“Dublineses” de Jame Joyce.
“Rojo y Negro” de Stendhal.
“Servidumbre humana” de Somerset Maugham.
“Los Buddenbrook” de Thomas Mann.
“Allá lejos y hace tiempo” de W.H. Hudson.
“El Americano” de Henry James.
“Saludo y despedida” (Hail and farewell) de George Moore.
“Los hermanos Karamazov” de Fiódor Dostoyevski.
“La habitación enorme” de E.E. Cummings.
“Cumbres borrascosas” de Emily Brontë.
“El libro de Oxford del verso Inglés” de Sir Arthur Thomas.

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