10 fragmentos de la poesía latinoamericana que nos aceleran el pulso

Por redaccionnyl el 26/08/2018

La poesía latinoamericana está llena de episodios que no solo valen la pena, sino que se quedan en el imaginario colectivo por décadas.

Nos referimos no a los poemas completos sino a pequeños fragmentos que los académicos, los escritores y los lectores comunes memorizan por su belleza, complejidad o sustancia.

Son muchos. Pero nos limitaremos a recordar 10 porque el número nos resulta precioso y porque son los que más recordamos en esta redacción.

Jorge Luis Borges (último verso de «Ajedrez»)

Dios mueve al jugador, y éste, la pieza.
¿Qué Dios detrás de Dios la trama empieza
de polvo y tiempo y sueño y agonía?

Pablo Neruda (comienzo del «Poema 15»)

Me gustas cuando callas porque estás como ausente,
y me oyes desde lejos, y mi voz no te toca.
Parece que los ojos se te hubieran volado
y parece que un beso te cerrara la boca.

Ernesto Luis Rodríguez (comienzo de «Rosalinda»)

Me voy con la tarde linda
recordando a la mulata.
Un soplo de brisa ingrata
de la copla se me guinda…

Mario Benedetti (comienzo de «Táctica y estrategia»)

Mi táctica es
mirarte
aprender como sos
quererte como sos

mi táctica es
hablarte
y escucharte
construir con palabras
un puente indestructible.

César Vallejo (Primer verso de Trilce

Hay un lugar que yo me sé
en este mundo, nada menos,
adonde nunca llegaremos.

Nicolás Guillén (fragmento de «Canto negro»)

El negro canta y se ajuma,
el negro se ajuma y canta,
el negro canta y se va.
Acuememe serembó,

yambó,
aé.

Octavio Paz (comienzo de «Decir, hacer»)

Entre lo que veo y digo,
Entre lo que digo y callo,
Entre lo que callo y sueño,
Entre lo que sueño y olvido
La poesía.

Julio Flórez (inicio de «Tus ojos»)

Ojos indefinibles, ojos grandes,
como el cielo y el mar hondos y puros,
ojos como las selvas de los Andes:
misteriosos fantásticos y oscuros.

Gabriela Mistral (fragmento de «Besos»)

Yo te enseñe a besar: los besos fríos
son de impasible corazón de roca,
yo te enseñé a besar con besos míos
inventados por mí, para tu boca.

Gertrudis Gómez de Avellaneda (fragmento de «Al mar»

Espíritu invisible, que reinas en su seno
Y oscilación perpetua le imprimes sin cesar!
¿Qué dices cuando bramas terrible como el trueno?
¿Qué dices cuando imitas doliente suspirar?

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