10 cosas sobre Charles Darwin que deberías saber antes de seguir nombrándolo

Por redaccionnyl el 15/01/2018

Quizá por la barba al estilo Tolstói o por lo agradable que le resultó su Teoría de la Selección Natural a un mundo que ya no quería seguir creyendo en Dios, a mucha gente le encanta Charles Darwin.

Pero a las personas hay que conocerlas para nombrarlas. Aquí no echaremos por tierra sus teorías ni hablaremos mal de él, solo lo mostraremos desde un punto de vista que solo su familia pudo verlo.

Y es que la familia es la única que puede ver a los genios fuera de su sitio de confort. Justo allí donde no son tan brillantes. A continuación, 10 datos raros y hasta divertidos sobre Charles Darwin.

Se comió cada animal que descubrió o estudió

La curiosidad de Charles Darwin no se limitaba a la ciencia. Trascendía incluso hasta la cocina. Por eso trataba de comerse cuanto animal extraño se le atravesaba.

Cuando estaba en Inglaterra se reunía una vez a la semana con el Gourmet Club para probar animales que no estaban en ningún menú. Allí solía probar halcones o avetoros (especie de garza). Pero dejó de probar aves raras cuando un búho marrón le proporcionó un sabor que llamó «indescriptible» desde el punto de vista negativo.

Luego hizo su célebre viaje a Sudamérica a bordo de Beagle, ese que lo llevó a desarrollar su teoría. Durante su experiencia comió armadillos y roedores de todo tipo. Además se comió a un puma en la Patagonia del cual dijo que sabía a ternera.

Pero lo que siempre quiso comer fue un rhea, especie de avestruz sudamericana. Una vez que lo logró, envió todas las partes que no se comió a la Sociedad de Zoología de Londres para que certificaran su descubrimiento.

En las islas Galápagos comió, por supuesto, iguanas y tortugas gigantes, algo por lo que meterían preso a cualquier ser humano en la actualidad.

Quería ser médico, pero no podía ver sangre

Asistió a la Universidad de Edimburgo para tratar de convertirse en médico como su padre. Pero no pudo porque descubrió muy pronto que no podía soportar ver sangre. Por eso decidió estudiar teología para convertirse en pastor anglicano. Esa actividad encajaba bien con su afición por el naturalismo.

La forma de su nariz casi le cuesta el viaje en el Beagle

El capitán original del Beagle se había suicidado quizá a causa de todo el tiempo que debió pasar solo en el mar. Por eso el nuevo capitán, Robert FitzRoy pidió a sus superiores la compañía de un joven científico no remunerado al que pudiera tratar como igual para conversar.

Los académicos de Cambridge le recomendaron a Darwin, de 22 años. Pero el capitán casi lo rechaza a causa de la forma de su nariz.

«Después de volverme muy íntimo con Fitz-Roy, me enteré de que corría un riesgo muy estrecho de ser rechazado [como el naturalista del Beagle], ¡a causa de la forma de mi nariz! Era un ardiente discípulo de Lavater convencido de que podía juzgar el carácter de un hombre por el contorno de sus facciones. Dudaba de que alguien con mi nariz pudiera poseer suficiente energía y determinación para el viaje».

Una montaña de cumpleaños

Cuando apenas cumplió 25 años, su amigo el capitán FitzRoy le dio como regalo una montaña. Nombró al pico más alto de la Tierra del Fuego «Monte Darwin». Pero con los años le otras tres montañas se llamaron Darwin: una en California, otra en Tasmania y otra en la Antártida.

El tremebundo nombre completo del Origen de las Especies

El nombre completo de su libro más famoso es: «Sobre el origen de las especies por medio de la selección natural, o la conservación de las razas favorecidas en la lucha por la vida».

Fue publicado en 1859, veinte años después de su viaje épico (sí, se tomó su tiempo para publicar su obra, lo cual hizo porque Alfred Russell Wallace llegó a la misma conclusión de la evolución y Darwin no quería quedarse atrás) Se imprimieron un total de 1.250 copias. Cada una salió a la venta por 15 chelines. Pero hoy el valor de cada ejemplar de esa edición es superior a los 23.000 dólares. En la sexta edición, el título fue cambiado por «El origen de las especies».

Darwin no inventó la frase «Supervivencia del más apto»

Realmente la dijo Herbert Spencer, un filósofo y contemporáneo a Darwin después de leer El origen de las especies.

Spencer escribió Principles of Biology en 1864 y allí acuñó la frase «supervivencia del más apto». Con ella quiso llevar la teoría de la selección natural de Darwin al ámbito de la sociología, la ética y la economía.

Eso sí, luego el propio Darwin utilizó la frase en la quinta edición de The Origin y le dio todo el crédito a Spencer.

Se casó con su prima hermana

Darwin tan metódico y lógico que escribió una serie de ventajas y desventajas de casarse con su prima hermana Wmm Wedgwood.

Su relación con Dios

Aunque estudió para ser pastor, comenzó a perder la fe al ver el sufrimiento de los hombres en Sudamérica. Pero el hecho que más le apartó del Creador fue la muerte de su hija de 10 años.

Siguió ayudando a la Iglesia el resto de su vida. Pero daba largas caminatas mientras su familia entraba a oír el servicio. La evangelista Lady Hope asegura que Darwin se convirtió en su lecho de muerte de nuevo al Cristianismo. Sin embargo, su familia refutó la versión de la mujer.

La obsesión por el Backgammon

Al volver de su viaje por Sudamérica tuvo una enfermedad bastante peculiar. Aún los historiadores no se ponen de acuerdo sobre cuál era el mal que lo aquejaba. Pero saben que Darwin tuvo que cambiar su vida por completo.

El reposo al que lo obligó la enfermedad lo empujó a Darwin a dedicarse a jugar Backgammon. Pero lo hizo con tanta dedicación que anotó durante 20 años los resultados. También era muy riguroso en cuanto a los partidos. Todo un profesional. Por eso tenía anotado un estricto calendario de partidas futuras con su esposa a razón de dos por noche.

La iglesia Anglicana finalmente se disculpó con Darwin

Cuando el trabajo de Darwin se hizo público, la iglesia de Inglaterra lo atacó. 126 años después de su muerte, la institución se disculpó por haber malinterpretado su trabajo.

Darwin siempre trató de decir que su teoría no contradecía a la Biblia, pero ni siquiera fue escuchado. Aunque hoy se conocen incluso los puntos de concordancia entre creacionismo y evolucionismo, hay quienes siguen atacando a Darwin.

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