Yo, robot de Isaac Asimov, donde utopía y distopía se confunden

Por Aglaia Berlutti el 10/06/2017

Siempre he creído que la Ciencia Ficción es un terreno literario difícil: no solo se trata de construir mundos – lo que en esencia, es el mundo de la escritura – sino además, también, reformular el propio en inspiradas y en ocasiones, inquietantes visiones.

Y eso, no siempre es sencillo, mucho menos manteniendo esa necesario equilibrio entre la realidad y la fantasia, la ciencia y la imaginación que identifican al género. Tal vez por ese motivo, Isaac Asimov sea uno de sus autores más representativos: se puede amar su obra o criticarla hasta el cansacio, pero siempre sorprenderá.

Su novelas y cuentos no solo tienen la capacidad de sorprender sino además, reflexionan sobre el futuro y el tiempo de una manera totalmente nueva: una concepción del hombre vinculado de manera muy directa con las consecuencias de sus decisiones culturales y más allá filosóficas.

Además, Asimov tiene el raro merito de revolucionar un género en esencia vanguardista: tantos en ideas como conceptos, las historias del autor crean toda una nueva perspectiva sobre la Ciencia Ficción que sorprende por su amplitud, sustancia y coherencia. Porque para Asimov la distopia y la utopia se confunden para construir una visión del futuro hermosa, que roza la ciencia sin sujetarse a ella por completo, que analiza la cultura y quizás la critica, pero siempre mantiene la esperanza. Y que raro merito el de Asimov, de brindar un cariz realista a un tema que en esencia no lo es, a inventar sobre lo que inventado y brindar una sutil visión filosófica a lo tecnológico. Ninguno de sus libros o cuentos pierde esa necesidad de comprender al mundo como una consecuencia de su visión de si mismo e incluso, una consecuencia de sus propias decisiones. El futuro del hombre creado a la medida por el hombre.

No obstante, entre todas las novelas del escritor, Yo, robot, tiene una significativa importancia para los amantes de la ciencia ficción: en ella Asimov crea las tres leyes fundamentales de la robótica, usadas tanto por él como por gran cantidad cuyo trabajo se nutren de su obra. Por extraño que parezca, Asimov interpreta la existencia del robot no como una mera utilidad mecánica – consecuencia tecnológica – sino como parte de ese singular ecosistema científico que se construye a partir de la visión del hombre como creador. Y esa visión – en ocasiones opinión – es evidente en estas tres leyes, que resumen las complicadas relaciones entre el creador y su criatura: Primera, Un robot no debe dañar a un ser humano o, por su inacción, dejar que un ser humano sufra daño; Segunda: Un robot debe obedecer las órdenes que le son dadas por un ser humano, excepto cuando estas órdenes se oponen a la primera Ley; Tercera: Un robot debe proteger su propia existencia, hasta donde esta protección no entre en conflicto con la primera y segunda Leyes. Un decálogo del deber ser que parece sujetar la creación tecnológica a una diatriba moral desconcertante. Quizás emulando a Philip K. Dick, Asimov cuestiona en su obra la responsabilidad de las criaturas tecnológicas del hombre sobre el mundo que habita, a pesar de sus limitaciones como creación restringida al uso e incluso, al simple capricho.

Lo más intrigante de Yo, robot es justamente esa visión amplia y detallada sobre el Universo de la robótica: todas las visiones resumidas en varios relatos concatenados que juntos forman una novela completa, en una perspectiva tan profunda como dura sobre el Mundo que vio nacer la cultura del robot y se hizo involuntariamente dependiente de ella: desde el mecanismo más primitivo y rudimentario que era incapaz incluso de comunicarse, hasta el más moderno y sofisticado con aspecto y comportamiento casi humano. Resulta fascinante la manera como la historia, dividida en visiones distintas, contradictorias y por último complementarias, hila la mitología sobre la cual se sostendrá en el futuro toda obra de ficción que beba de la obra de Asimov. Porque Yo, robot, no solo medita con inusitada dureza sobre el hombre como individuo, sino la tecnología como sustento de la creación. Una idea intrincada, con numerosas lecturas y que resulta fundamental para comprender el planteamiento de la Ciencia Ficción, no solo como género literario sino como crítica social.

Nalgas y Libros | contacto@nalgasylibros.com