Westworld, la solución a los problemas de HBO cuando se acabe Game of Thrones

Por redaccionnyl el 09/01/2017

A Game of Thrones le queda solo una temporada que, por los vientos que soplan, HBO pretende alargar como para sacarle todo el jugo que pueda al mayor éxito de su historia. Sin embargo, es inminente que la historia terminará y que las cosas en esa cadena de televisión volverán a su aburrida cotidianidad.

Es que no debe ser fácil desprenderse de un éxito que promediaba los 23 millones de espectadores con un crecimiento sostenido de la cantidad de espectadores.

Ni siquiera en la época de “Los Soprano” estaba HBO en una situación parecida con una serie. ¿Y qué pasará cuando acabe Game of Thrones? ¿Está preparada HBO para ese periodo de transición hasta que encuentre a su siguiente gran serie? ¿Será “Westworld” esa serie?

Teóricamente, una de las series que estaba llamadas a ir preparando el terreno ante el final de la adaptación de los libros de George R.R. Martin era “Vinyl”, drama sobre la industria musical de los 70 en Nueva York producido por Martin Scorsese y Mick Jagger. Estaba renovada para una segunda temporada, pero la reacción mediática a la serie había sido bastante más fría de lo esperado y la cadena pretendía hacer una renovación creativa de cara a los nuevos episodios. Sin embargo, HBO acabó optando por algo que no suele ser demasiado habitual, como es cancelarla directamente.

“Vinyl”, con su protagonista intentando reflotar su discográfica en medio de rock setentero y sus crisis personales, no parecía, de todos modos la heredera más clara de Game of Thrones. A su alrededor no se había reunido un grupo de fans fieles y ruidosos que la mantuviera en el radar de los medios, por ejemplo, y tampoco había conseguido el favor de la crítica. Así que la nueva gran esperanza de HBO para la próxima temporada es una serie de ciencia ficción que adapta una película de Michael Crichton de 1973, “Westworld”.

La serie lleva al espectador a un parque temático del Salvaje Oeste en el que robots de apariencia humana representan a los personajes de dicho mundo, pero empiezan a sufrir cortocircuitos y a “creerse” demasiado su papel. Esta nueva “Westworld” está producida por Warner (es de las pocas series que no produce directamente HBO), Bad Robot (la compañía de J.J. Abrams) y sus creadores son el matrimonio de Jonathan Nolan y Lisa Joy, que es la que tiene más experiencia televisiva. El dúo Nolan-Abrams ya colaboró en “Person of interest”, en la que una inteligencia artificial (la Máquina) se dedica a vigilar a todos los ciudadanos para evitar que se cometan crímenes violentos, y el tema de la IA parece que va a ser importante también en “Westworld”.

Sin embargo, la serie llegará en otoño a HBO precedida de una ligera controversia. El piloto se grabó en 2014 y la producción de sus diez primeros capítulos ha sido accidentada. Sufrió un parón a principios de año para retocar guiones y, después, se volvieron a rodar algunas partes, y todo esto llevó a que la fecha de estreno se retrasara a este otoño de 2016. Estas informaciones han provocado cierto escepticismo ante las posibilidades de “Westworld”, sobre todo porque la presión que hay sobre ella es bastante elevada. Sin embargo, eso no quiere decir, necesariamente, que vaya a ser un fracaso.

También “Game of Thrones tuvo una producción de su primera temporada llena de problemas. El piloto tuvo que volver a rodarse de nuevo, hasta cambiando a algunos actores (Daenerys, por ejemplo, estaba interpretada inicialmente por Tamzin Merchant), y David Benioff y D.B. Weiss han contado en varias ocasiones que los primeros montajes de los episodios estaban muy cortos de duración, por lo que tuvieron que escribir y rodar escenas adicionales. Y no hace falta repetir en lo que se ha convertido Game of Thrones desde su estreno en 2011.

“Westworld”, con sus toques de ciencia ficción, tiene muchas papeletas para conseguir ese fandom fiel que se dedique a comentarla sin descanso en redes sociales, pero esperar que sea la salvación de HBO en cuanto termine Game of Thrones puede ser, tal vez, un listón demasiado elevado. Hay que recordar también que Game of Thrones tardó en convertirse en el monstruoso fenómeno que es hoy, y que HBO ya ha estado antes en una situación como ésta, y su “salvación” fue la serie menos esperada.

La gran fama que HBO disfruta actualmente por la calidad de sus series se empezó a forjar de verdad en 1999, cuando se estrenó “Los Soprano”. La serie de David Chase tenía como protagonista al jefe de una familia mafiosa de Nueva Jersey que iba al psiquiatra por sus problemas con su madre y sus ataques de pánico, y la manera en la que se construía a ese personaje, Tony Soprano, su dinámica con su familia y los problemas que le traían sus negocios no sólo arrancó toda una nueva “edad de oro de la televisión”, sino que convirtió a HBO en una fuerza a tener en cuenta.

A finales de los 90 era un canal de cable premium (por suscripción) que había tenido ya series bien acogidas por la crítica (como “Oz” y “The Larry Sanders Show”), pero que todavia estaba más identificado con el boxeo y los estrenos cinematográficos. “Los Soprano” cambió la percepción alrededor de HBO. La serie llegó a tener más de diez millones de espectadores (cifras sólo al alcance entonces de las cadenas en abierto), tomó al asalto los premios Emmy y provocó que muchas otras cadenas se animaran a seguir el ejemplo de HBO y buscaran en la ficción de producción propia el elemento diferenciador con respecto a la competencia.

Con “Los Soprano”, además, HBO emitió otras series que afianzaron aún más su posición dominante como el lugar de donde salían las series más innovadoras e interesantes. “The Wire”, “Sexo en Nueva York”, “Deadwood”, “Curb your enthusiasm”, “Carnivàle”, “Roma”, “The Comeback”, “A dos metros bajo tierra”, “Big Love”, “Hermanos de sangre”… Todas ellas coincidieron en la programación entre 1999 y 2007, y aunque la sombra de “Los Soprano” era muy alargada, todas contribuyeron a poner a su cadena en ese pedestal de que no era televisión, era HBO. Pero todo lo bueno se acaba, y para cuando “Los Soprano” emitió su último episodio, en 2007, la situación en la cadena era bastante diferente.

Para empezar, le habían salido unas cuantas competidoras por ese trono de la ficción de calidad (FX con “The Shield”, por ejemplo, o Showtime con “Weeds”), se había marchado el principal impulsor de todas aquellas series, Chris Albrecht, por un escándalo de drogas y violencia doméstica, y no terminaba de encontrar la serie que sustituyera a “Los Soprano” no sólo como fenómeno de público, sino como niña bonita de los críticos. Lo intentó con “John from Cincinnati”, un drama familiar de surferos con toques religiosos creado por David Milch que no pasó de la primera temporada, y lo intentó con “Tell me you love me”, sin éxito. Tuvo que apostar por algo fuera de su zona de confort para encontrar esa serie que le permitiera adentrarse con más seguridad en su era post-Soprano.

Esa serie fue “True Blood”. Su creador era Alan Ball, pero tenía poco que ver con el título que le había dado mayor fama, “A dos metros bajo tierra”, pues era una historia de vampiros y de una camarera telépata en Louisiana adaptada de unos libros de Charlaine Harris. En ella había mucho sexo, sangre, excesos de todo tipo, y una apuesta muy decidida por los códigos del terror, el camp, un intento de comentario social sobre lo que representaban los vampiros y muchas locuras. Muchos fans de HBO casi sufrieron un shock al darse cuenta de la dirección que tomaba la cadena después de “Los Soprano”, pero “True Blood” era justo lo que HBO necesitaba en aquel momento, en el verano de 2008.

El drama de los dramas en HBO

El drama vampírico de Alan Ball tuvo, en su punto más álgido de popularidad, 13 millones de espectadores totales en la tercera temporada, en 2010, y tener un drama con gran acogida entre el público daba a la cadena un poco más de margen para buscar otro estreno que fuera un poco más allá y que la devolviera a la cima también en los premios Emmy. En ese campo de batalla le había salido otro competidor desde el final de “Los Soprano”, AMC con “Mad Men” y “Breaking Bad”, y los títulos desarrollados por HBO más con la vista puesta en esos galardones, como “Boardwalk Empire”, no conseguían romper su dominio.

Tendría que llegar Game of Thrones, en 2011, para ir cambiando la suerte de la cadena (aunque la serie no arrasó en los Emmy hasta el año pasado, con su quinta temporada), y lo hizo, precisamente, saliéndose del molde de lo esperado para HBO. No dejaba de ser una serie de fantasía de la que The New York Times se preguntaba, en la crítica de su piloto, “¿qué pinta Game of Thrones en HBO?”, y luego añadía que “ninguna mujer viva la vería” si no se incluían tramas amorosas. Ha terminado siendo la serie de mayor éxito de la cadena (con el público femenino representando casi la mitad de su audiencia) y eso, al mismo tiempo, ha generado una enorme presión por encontrar un título que pueda tomar su relevo ya a partir del año que viene.

Pero HBO atraviesa una crisis en el desarrollo de nuevos dramas desde hace ya meses. No dejan de aparecer anuncios de que la cadena va a trabajar con cineastas de renombre como Steve McQueen o David Fincher, pero sus series acaban descartadas. Y luego está el fracaso de “Vinyl”, cancelada pese a que había sido renovada por una segunda temporada y su protagonista, Bobby Cannavale, está haciendo una intensa campaña de cara a los Emmy. Para rematarlo todo, los ejecutivos encargados de programación y producción de nuevas series han sufrido varios cambios en los últimos meses, y para añadir más presión, la situación empresarial de sus propietarios es delicada.

HBO es, junto con Turner Networks, la única compañía de Time Warner que dio beneficios en el primer cuatrimestre de 2016, subiendo un 8% sus ingresos con respecto a 2015. La difícil situación de la división cinematográfica, con su complicado lanzamiento del universo cinemático de DC, pone más presión sobre HBO para seguir manteniendo sus buenos resultados. La cadena tiene mucho que perder si no da con su próxima gran serie, y eso puede acabar jugando más en su contra.

Y no olvidemos que, además, a HBO le ha salido otro competidor más, y éste aún más ambicioso que ella, Netflix. La plataforma de streaming parece no tener freno en sus gastos de desarrollo de nuevas ficciones y en su expansión por todo el mundo. La situación en España, mismamente, con la llegada de HBO Now a final de año, puede ejemplificar ese nuevo frente abierto para la cadena de cable.

Con todo esto, el próximo otoño puede ser definitivo para que empecemos a ver si la cadena está en una situación más o menos buena para aguantar el tirón cuando Game of Thrones se acabe, o si pasará otra travesía del desierto como la posterior a “Los Soprano”. No sólo se estrenará por fin “Westworld”, sino que llegarán nuevas comedias, como “Divorce” (con Sarah Jessica Parker) que deben demostrar que, en ese apartado, a HBO sigue sin costarle tanto desarrollar nuevos proyectos.

Su principal caballo de batalla son los dramas. Al toque de ciencia ficción de “Westworld” le seguirá una miniserie de misterio, “Sharp objects”, con Amy Adams, y un nuevo proyecto de David Simon, “The Deuce”, sobre la industria del porno en el Nueva York de los 70. Los nuevos jefes tienen que desatascar la larga cola de proyectos que compran, pero que se eternizan en el desarrollo sin que nadie garantice que se verán en pantalla, y que lleva a muchos creadores a preferir Netflix o Amazon antes que el considerado tradicionalmente como el mejor hogar para los creativos.

Con la explosión en la producción de series del último par de años, HBO corre el riesgo de quedar diluida como un canal más. El enorme éxito de Game of Thrones le permite destacar de la competencia, que es el principal objetivo de las ficciones propia para las cadenas de cable, y el convencimiento de que el final está cerca (incluso aunque se estire una hipotética última temporada en dos años) no hace más que acrecentar la presión sobre “Westworld”.

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