Verdades y mentiras de Sandra Martínez (entrevista experimental)

Por Néstor Luis González el 11/01/2016

“Tuve uno bello y dije: más nunca en mi vida. ¿Cómo tú vas a estar con un hombre que pase todo el día compitiendo contigo? Que si mira como me ven las mujeres, porque yo, mira, estoy más bueno que tú, fíjate lo que tienes al lado, cuídame. ¡No! ¡Cuídame tú a mí!

Hace como seis meses salió un titular que decía: a Sandra Martínez le gustan los feos. Y no es que me gusten los feos, es que los bonitos, este… ¡Yo creo que esos son los que llevan más cachos! Sí, es que son unas mujeres, y para mujeres nosotras.

¿Cómo me gustan los hombres? Lo primero que le ves a un carro es la carrocería, claro. Comencemos por ahí: ni tan moreno ni tan claro; con su barriguita, no con su ‘barrigooota’, pero sí una barriguita cervecera, que se le note un poquito, que beba cerveza. Un poquito más alto que yo, que sea elegante y educado. Me gustan los hombres sentimentales, románticos y sinceros. ¡Ya va! Estoy describiendo al príncipe azul que todas queremos, bueno: que sea detallista, no con un reloj de 20 millones sino con una rosa o con unos mariachis ¡Me encantan! Con una botella de vino tinto…

Claro, después dicen que Sandra Martínez cambia de novio a cada rato, pero es que yo no me calo a un hombre cómodo, ni que sea yo sola quien tenga que salir adelante. Mira, yo estaba embarazada y a los 21 años me gradué de Comunicación Social cargando a mi bebé. Soy muy, muy luchadora, por eso es que yo necesito un hombre que tenga aspiraciones, no tiene que ser igual a mí, pero que quiera salir adelante, vale.

Como fui novia de Kélvim Escobar, un hombre multimillonario, la gente decía: nada, que Sandra Martínez es una chula. ¡No! Yo nunca he dejado de trabajar. Una mujer no puede depender de un hombre, ni siquiera afectivamente. La pareja tiene que ser un complemento. Soy otra mujer. Gracias a Dios ahora mi corazón está bien. He madurado. He cambiado muchísimo. Cuando yo tenía 26 o 27 me dijeron: ¡Ya verás la mujer que serás a los 30! ¿Yo? Por favor, si me voy a sentir más vieja ¡Ay, mis veintipico! Pisé los 30 y fue así. Ahora me siento súper madura, más centrada, me enfoco más en lo que quiero.

Ahora, viviendo en Estados Unidos, me conecté con mi hija, aprendimos a conocernos como nunca. Camino por la calle y me siento más segura de mí. Es un cambio rotundo. No sé qué me está pasando. Pero veo todo con más claridad. Me siento como la mujer más bella del mundo. Antes no sabía decir que no. Ahora me atrevo. ¿Cómo lo vas a tomar? ¿Bien? Excelente. ¿Mal? Mi chama está allá fija y estamos bien. Hasta por televisión dijeron que me vine de Estados Unidos con las tablas en la cabeza, ya ves que es mentira. Eso jamás. Me fui por varios motivos. Un día me intentaron secuestrar y eso me impulsó. ¡No me fui por el Gobierno! Yo no como porque mande tal o cual presidente.

Los embustes sobre Sandra

Allá en Miami he descansado de esa sobreexposición mediática, claro, muchísimo. Sabes que de quien sale en televisión se saben más las cosas malas que las buenas. Nadie dice nunca, por ejemplo que tengo una fundación. Son como 18 niños del hospital de Magallanes a los que les llevo medicinas, juguetes. Cuando vivía aquí sí estaba metida todos los días en el hospital, y bueno, ahora que me fui ¿sabes? Es como que, cuando vengo los visito una vez a la semana, y bueno. Yo digo que tengo dos vidas: la mía y la que me inventan:
Que soy una montacachos. ¡Mentira!
Que me vine con las tablas en la cabeza de Miami. ¡Falso!
Que tuve algo con Bob Abreu. ¡Somos amigos desde hace tiempo!
Que llegué a Morrocoy en lancha y le armé un escándalo a Kelvin Escobar. ¡Embuste!
Que soy una celosa. Bueno, soy lo normal. Vamos a estar claros, en la vida te montan cachos hasta con el pensamiento, como sea, en cinco minutos, ¿para qué te vas a complicar?

Yo lo que quiero es que me vean ahora como una mujer guerrera, luchadora, profesional. Pero si me quieren tildar de bomba sexi no hay problema. Quisiera que me vieran diferente, sí, pero a mí nunca me preocuparon las etiquetas porque yo sé quién soy. No me importa.

La verdad sobre sus fotos desnuda en Internet

Esas fotos me las robó la mamá de la niña que me impulsó a ayudar a los niños con cáncer. La niña tenía 14 años y debía comer y mantenerse animada. Por eso me las llevé a las dos para mi casa, y llevaba a la niña al cine, a comer, a pasear. La mamá se metió en mi computadora y vio las fotos, que son viejísimas, de cuando yo estaba casada, imagínate. En topless, en una playa escondida, con mi familia, echando broma. Mi esposo me dijo: vamos a tomarte unas fotos sensuales: un chalequeo, pues. La mamá de la niña me pide la clave de la computadora, y yo no iba a desconfiar de una persona a quien estoy ayudando tanto, pues, porque hasta una casa le compré a la niña en Catia. Supe del caso porque me salieron pidiendo unas tarjetas telefónicas para pagar una quimioterapia. Yo pregunté qué tenía la niña, dije que la quería conocer y así fue. La señora agarró y le envió las fotos a todos sus amigos por Internet y así se fueron regando, se fueron regando, se fueron regando, y bueno.

Igualito yo mandé a la niña para Italia a recibir el tratamiento. Al principio no le dije nada a la mamá, pero luego sí: que no te quiero ver más nunca, que tal y qué sé yo, tú sabes como una reacciona, le dije de todo. La niña se murió tres días después. Dios no castiga, es la vida.

Ella misma fue la donante de su hija. Fue la médula de la mamá la que la infectó. Yo me enteré dos meses después de la muerte. Yo llamaba a la niña, la llamaba y la llamaba y no me contestaba. Luego me llama la mamá y me dice: mira que la niña se quiere mudar para Puerto Ordaz, fírmame la casa, que se quiere mudar. La niña ya estaba muerta, lo que quería era la casa. Imagínate. Así como esa mujer, a mí me han hecho de todo. Pero yo sigo adelante y no voy a cambiar”.

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