Un inventario con saldo a favor. Por Héctor Torres

Por Héctor Torres el 07/01/2016

Según la biografía llevada al cine por Taylor Hackford, una vez el director de una banda de folk de pueblo le preguntó a un joven Ray Charles por qué le interesaba esa música, y éste respondió: “Me encantan las historias. Ya sabes, sobre eso de enamorarse y tener el amor tocando a tu alrededor, y las presiones del mundo, que te hacen sentir pequeño…”.

“Cosas que los nietos deberían saber”, la autobiografía del músico norteamericano de rock Indie, Mark Oliver Everett, fundador y director de la banda Eels (Anguilas), es uno de esos sabrosos libros que habla sobre música y cuenta muchas historias de la vida.

Una mañana cualquiera, Mr. E (como también se le conoce) se estaba afeitando frente al espejo y descubrió en sí mismo un gesto de su padre, fallecido muchos años atrás. Tomar conciencia de ello fue el detonante de una pieza que incluyó en su álbum Blinking Light and other revelations, llamada precisamente: Cosas que los nietos deberían saber.

Ese reencuentro con el padre muerto, al que aprendió a ver desde la ternura que le produjo saberlo un muchacho menor de lo que era él entonces, es el inicio de un largo viaje por el camino de los recuerdos, que no se sació con la canción sino que, al contrario, lo llevaron a encerrarse para sumergirse en dolorosos episodios de su vida, una vez editado el disco y culminada la respectiva gira promocional.

Así nació su impensada autobiografía, cuyo hilo conductor es la relación del músico, no solo con su padre, sino con su entorno familiar. O, mejor dicho, con las muertes de sus seres queridos: su padre, su madre y su única hermana. Un hermoso libro sobre la vida, a partir de entender la muerte como parte intrínseca de aquella. “Nadie desea pensar que su vida tendrá un final, pero yo no podía desconocerlo y me di cuenta de que si se trata a la muerte como el hecho cotidiano que es, resulta menos atemorizante. Y, además, al ser más consciente de ella, se gana perspectiva y se entiende la importancia de hacer que la vida valga la pena, lo que sea que eso signifique para uno”, señala en un capítulo.

Estos duros sucesos, las circunstancias que envolvieron cada muerte, sus eventuales fracasos sentimentales y profesionales, fueron configurando en él la revelación de saberse un hombre afortunado, al cual “las duras circunstancias que tuve que sobrellevar me ayudaron a apreciar verdaderamente los lados luminosos de mi vida” y a entender que era “uno de los pocos afortunados que han experimentado el más amplio espectro de las situaciones que puedan presentarse durante una vida”.

Cosas que los nietos deberían saber es un libro de culto. Quienes se asoman a sus páginas usualmente devienen en entrañables lectores, en testigos maravillados de la historia de un optimista irreductible, que entendió que cada hombre tiene que pasar por el infierno para llegar al paraíso. Una joya que en Venezuela se consigue en una edición de PuntoCero.

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