Un estudiante se infiltró en una fábrica de iPhones en China y descubrió todo esto

Por redaccionnyl el 10/05/2017

El mundo entero espera con impaciencia cada nuevo modelo de iPhone como si se tratase de unas elecciones presidenciales o una nueva entrega de Star Wars. La gente especula con cada detalle durante semanas y cuando por fin los medios empiezan a contar si tendrá esto o aquello, llegan los aluviones de críticas y crece el ansia por tener uno.

Ya sea una máquina que revolucionará la tecnología o un simple gadget casi idéntico al modelo anterior o, como mucho, más pequeño y con una cámara mejor de la que tenía. En Apple lo saben, han conseguido crear una atmósfera elitista a la que todos deseamos pertenecer y utilizan el secretismo como instrumento de marketing.

Quizás motivado por ese halo hermético en torno a la marca de la manzana mordida, el estudiante de la Universidad de Nueva York, Dejian Zeng, decidió vivir en primera persona el proceso y los métodos que se aplican desde la empresa norteamericana para evitar que se filtren los detalles técnicos de sus nuevos modelos a la prensa internacional. Para ello, Zeng no optó por trabajar en las oficinas de la empresa, sino ir directamente al lugar donde está la acción: la fábrica de Appel en Shangai, China.

Como parte de su proyecto de verano, el joven pasó seis semanas fijando tornillos al modelo iPhone 6s como un operario más de los 70.000 que componen la cadena de montaje de la misteriosa fábrica. Durante ese tiempo, el estudiante infiltrado compartió habitación con otras siete personas durante las 12 horas del día en las que no estaba trabajando. En una entrevista para el medio estadounidense Business Insider, Zeng aseguró que, durante los días de formación, los empleados eran advertidos sistemáticamente de casos anteriores de trabajadores que habían filtrado información y que estaban siendo denunciados a la policía.

Según el joven, las personas que trabajan en las cadenas de montaje son conscientes de que tienen acceso a algo que es tremendamente popular en el país asiático y en todo el mundo. Por eso, cada mañana, los empleados debían pasar numerosos controles de seguridad para entrar en la fábrica, incluyendo tarjeta personalizada, reconocimiento facial y detectores de metal. Además, antes de acceder debían dejar todos sus objetos y teléfonos en el vestuario. “Dentro de las fábricas no se permite entrar ningún tipo de metal, así que era muy difícil que alguien pudiera entrar una cámara y hacer fotos”, explicó en el vídeo que publicó tras su experiencia.

Pero la cosa no acaba aquí. El secretismo en la fábrica es tal que nadie, ni siquiera los jefes, está libre de sospecha. “Creo que hubo muchos casos en los que personas robaban un iPhone y lo metían en carcasas que simulaban teléfonos falsos para llevárselos”, relata Zeng. Por ese motivo, durante los controles de seguridad hubo muchas veces en las que se les pidió a los gerentes —los únicos que sí pueden llevar teléfono dentro de la fábrica— que encendieran las pantallas de sus móviles para comprobar que no eran modelos nuevos sin tarjeta. Por cierto, estos gerentes eran los mismos que gritaban sistemáticamente a los operarios y, por ello, al estudiante no le sorprendió encontrar habitaciones para “evitar el suicidio” dentro de las instalaciones.

Finalmente, en su vídeo cuenta que durante su estancia en la fábrica —verano de 2016— se organizó la cadena de montaje para el iPhone 7, modelo que se pondría en marcha próximamente y por el que aumentaron todavía más su nivel de seguridad. Además, los empleados no autorizados fueron trasladados a trabajar a otras áreas para evitar que pudieran ver nada. En fin, aunque Zeng no se hizo rico con la experiencia, apenas ganó unos 675 dólares en total, su testimonio es lo más cercano que hemos estado de conocer los misterios de Apple

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