Ulises, el monstruo de las bibliotecas

Por Néstor Luis González el 14/01/2016

Una vez leí un cuento que no tenía puntos ni comas ni separaciones de párrafos ni avisos ni pausas para agarrar aire ni señales de tránsito ni nada sino un montón de ideas juntas que se mezclaban en una secuencia dudosa que al final uno terminaba entendiendo como a la tercera lectura.

Me pareció que aquel relato, por sus características especiales, debía desarrollarse así: sin frenos, full chola, como el pensamiento.

Años después, me topé con una novela experimental de Camilo José Cela titulada “¡Cristo versus Arizona!” Por supuesto que no la leí, pero sí noté que tras cientos de comas, el primer punto aparecía en la última página: un punto y final. Algo parecido a lo que había advertido en un cuento -cuyo nombre no recordaré- ahora estaba en una novela entera, en una novela corta, pero novela al fin.

Durante mucho tiempo pensé que en algún punto de la historia se había puesto de moda escribir sin signos de puntuación, pero yo era un niño y aquella posibilidad me importaba un pito, y me siguió importando un pito hasta que escuché a un adulto decir “monólogo interior”.

“Monólogo interior”. De inmediato supuse su significado. Es que no podía ser otra cosa: tenía que referirse a esos textos que -con signos o sin ellos- narran todo como atravesado, y uno entiende si lee poquito a poco.

Con “monólogo interior” me pasó igual que cuando escuché por primera vez la palabra masturbación: eso tiene que ser cuando uno tal cosa. ¿Qué más podría significar una palabra que sonara así?

“Monólogo interior” rondó en mi cabeza, hasta que conté con las herramientas necesarias para apartar las teorías y leer lo que realmente significaba aquello.

Fue así como me enteré de la existencia del “Ulises” de James Joyce, el libro que ocupa la idea principal de este artículo, aunque eso no signifique que se lo esté recomendando para que lo lea.

No recomiendo la lectura del Ulises porque leerlo es una decisión tan personal como darle la vuelta al mundo en globo o no. Si fuera un libro cualquiera al que se le pueden dedicar algunos ratos libres se lo dijera, pero se trata de un laberinto en el que uno se puede perder para siempre si no usa el mapa.

Dublín, 16 de junio de 1904
¿Qué es ser un tipo normal? Todo joven le teme a la posibilidad de convertirse en uno, pero tarde o temprano la sociedad y las responsabilidades arrastran.

Un tipo normal pasa el día trabajando, esperará las cotizaciones del seguro social, dice “mi señora” para referirse a su esposa, tiene tres o cuatro placeres exquisitos que lo diferencian de las masas y piensa mucho en sexo aunque lo tenga muy pocas veces.

Fundamentalmente el libro consiste en la exploración profunda de un día en la vida de un tipo normal llamado Leopoldo Bloom. La particularidad comienza con su título de héroe: “Ulises”

La Odisea cuenta que, tras pelear en Troya, Ulises emprendió un largo viaje de regreso a su reino: Ítaca, donde lo esperaba su fiel esposa Penélope junto a su hijo Telémaco.

La historia de James Joyce guarda un paralelismo espléndido con la de Homero, salvo algunas diferencias: Leopoldo Bloom, nuestro Ulises del siglo XX, no tiene nada que ver con un héroe; más bien es, como le dije, un hombre común. Pero ni siquiera es un tipo agradable. Tiene todos los defectos de alguien muy común.

Hace muchos años que Leopoldo Bloom no le hace el amor a su esposa. En cambio sabe que ella le ha sido infiel y está al tanto de quién es el amante de turno. Leopoldo Bloom es tan perdedor que saluda al sujeto cuando lo ve por la calle. No es un héroe, se lo dije, y eso es precísamente lo interesante de este Ulises: que es un antihéroe.

El otro personaje importante del libro es el joven Esteban Dedalus, un ilustrado joven que analiza su entorno con maestría y resentimiento de genio incomprendido.

Dedalus es un personaje que Joyce usó en varias de sus novelas como un modelo del transitar hacia la madurez. En el Ulises eso no cambió mucho. Desde el primer capítulo, Esteban representa la telemaquía, la inmadurez pese al genio artístico, la frustración de ser demasiado joven para que consideren tu erudición.

Viaje experimental

A las ocho de la mañana Leopoldo Bloom sale de casa rumbo a la Troya de sus diligencias rutinarias por Dublín. Desde esa hora son muchas cosas las que piensa: desde en el olor del excremento que sube por la poceta mientras lee sentado, hasta en la carta que envía usando un nombre falso a una probable amante.

En cada uno de los 18 capítulos de la obra, Joyce usa un estilo diferente: monólogo interior, dialéctica, peristáltica, entonímica, incubismo, narcisismo, laberinto, fuga per canonem, y otros que tampoco importan tanto. Pero cada uno con maestría, experimentando en grande y no con disimulados intentos.

Cae la noche y el Ulises menos valiente del mundo debe regresar a Itaca, pero lo hará en compañía del Telémaco que le impone Joyce a través del psicoanálisis: Esteban Dédalus.
Molly Bloom, la anti Penélope, los recibirá con el cariño de una buena esposa y madre, mientras Leopoldo reivindica su puesto de hombre de la casa para cerrar la historia y poner fin a las infidelidades de su amada.

En medio de la historia hay demasiados símbolos, o como escribió el autor: íSuficientes acertijos como para mantener ocupados a catedráticos durante siglos!

La novela monstruo que representa Ulises es tan difícil de leer que asusta, pero una vez que logra ser penetrada es monumental y comiquísima.

Molly Bloom
Más allá de los paralelismos homéricos y de las confrontaciones entre lo griego y lo judeocristiano, más allá de la detallada descripción de la vida irlandesa, y mucho más allá del millón de símbolos que se descifran con cada nueva lectura de Ulises, lo súper genial es el último capítulo, el que no tiene puntos ni comas, el monólogo interior de Molly Bloom.

La señora Bloom está acostada en su cama y piensa. Esos pensamientos son imaginados con maravilla por James Joyce, el autor que transmite y hace creer que uno lee realmente el contenido de un cerebro femenino.

Durante muchas páginas, los pensamientos de Molly van apareciendo sobre el papel, palabra sobre palabra, sin puntos ni comas, ni nada. El río fluye y esa mentecita suelta todo lo que lleva por dentro. Los datos se atropella, pero es que asíes que piensa la gente, no con un lenguaje ya codificado. La intimidad femenina derrota en un solo capítulo final 25 siglos de machismo intelectual.

Ulises fue publicado en 1922 con el título original en inglés de Ulysses. Durante mucho tiempo se pensó que era una obra completamente caótica y caprichosa, pero los defensores de Joyce encontraron patrones racionales en su lectura y esquematizaron sus posibilidades.

Para leer Ulises, y entenderlo, se recomienda usar alguno de estos mapas: el esquema de Linati, diseñado por el mismo Joyce; y el esquema de Gilbert, que es muy parecido al primero pero detalla características literarias.

Tal vez parezca una idiotez meterse con semejante novela en pleno siglo XXI, pero hay algo para tomar en cuenta siempre: Ulises cambió la literatura universal para siempre.

El 16 de junio de cada año, turistas de todo el mundo viajan a Dublín para simular el recorrido de Leopoldo Bloom por las calles de la capital irlandesa.

Nalgas y Libros | contacto@nalgasylibros.com