Tres poemas de Octavio Paz para llenarte los ojos de asombro

Por redaccionnyl el 08/05/2017

Octavio Paz experimentó con el lenguaje a causa de su permanente inconformismo. Por eso nadie lo ha podido encasillar con éxito y las etiquetas que tratan de ponerle se caen de un verso a otro.

Ninguna etiqueta le cuadra y ninguna le sobra, aunque el mismo Paz reconoció que en su formación “fundamentales fueron los surrealistas, con quienes hice amistad en el año 46 o 47, que en esa época estaban más cerca de los libertarios”.

Sus primeros libros, por supuesto, estuvieron cargados de preocupación social. Luego pasó por el existencialismo y a partir de ahí comenzó a explorar la poesía espacial de una forma no antes vista: a través del intelecto y la metafísica.

Para celebrar a ese poeta inmortal que México y Latinoamérica y la lengua castellana y el lenguaje en general no van a poder olvidar, hemos dispuesto tres brevísimos poemas que -estamos seguros- le llenan los ojos al lector de algo aproximado a la perplejidad y al asombro.

Las palabras

Dales la vuelta,
cógelas del rabo (chillen, putas),
azótalas,
dales azúcar en la boca a las rejegas,
ínflalas, globos, pínchalas,
sórbeles sangre y tuétanos,
sécalas,
cápalas,
písalas, gallo galante,
tuérceles el gaznate, cocinero,
desplúmalas,
destrípalas, toro,
buey, arrástralas,
hazlas, poeta,
haz que se traguen todas sus palabras.

Tu nombre

Nace de mí, de mi sombra,
amanece por mi piel,
alba de luz somnolienta.

Paloma brava tu nombre,
tímida sobre mi hombro.

Tus ojos

Octavio Paz
Tus ojos son la patria
del relámpago y de la lágrima,
silencio que habla,
tempestades sin viento,
mar sin olas, pájaros presos,
doradas fieras adormecidas,
topacios impíos como la verdad,
otoño en un claro del bosque
en donde la luz canta en el hombro
de un árbol y son pájaros todas las hojas,
playa que la mañana
encuentra constelada de ojos,
cesta de frutos de fuego,
mentira que alimenta,
espejos de este mundo,
puertas del más allá,
pulsación tranquila del mar a mediodía,
absoluto que parpadea, páramo.

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