Tres poemas a ver si es verdad que el Che Guevara sabía escribir

Por redaccionnyl el 14/06/2016

Autorretrato oscuro

De una joven nación de raíces de hierbas
raíces que niegan la rabia de América
vengo a ustedes, hermanos norteños.
Cargado de gritos de desaliento y de fe
vengo a ustedes, hermanos norteños,
vengo de donde venimos los “homo sapiens”
devoré kilómetros en ritos trashumantes
con mi materia asmática que cargo como una cruz
y en la extraña entrada de metáfora inconexa.
La ruta fue muy larga y muy grande la carga,
persiste en mí el aroma de los pasos vagabundos
y aún en el naufragio de mi ser subterráneo,
a pesar que se anuncia orillas salvadoras
nado displicente contra la resaca
conservando intacta la condición de náufrago.
Estoy solo frente a la noche inexorable
y a cierto dejo dulzón de los billetes
Europa me llama con voz de vino añejo
aliento de carne rubia, objetos de museo.
Y en la clarinada de países nuevos
yo recibo de frente el impacto difuso
de la canción, de Marx y Engels
que Lenin ejecuta y entonan los pueblos.

Palenque

Algo queda vivo en tu piedra
hermana de las verdes alboradas
tu silencio de manos
escandaliza las tumbas reales.
Te hiere el corazón la piqueta indiferente
de un sabor de gafas abigarradas
y te golpea el rostro la procaz ofensa
del estúpido “¡oh!” de un gringo turista.
Pero tiene algo vivo.
Yo no sé qué es.
La selva te ofrenda un abrazo de troncos
y aún la misericordia de sus raíces.
Un zoólogo enorme muestra el alfiler
donde prenderá tus templos para el trono.
Y tú no mueres todavía.
¿qué fuerza te mantiene
más allá de los siglos
viva y palpitante como en la juventud?
¿qué dios sopla, al final de la jornada
el hálito vital en tus estelas?
¿Será el sol jocundo delos trópicos?
¿por qué no lo hace en Chechén-Itzá?
¿Será el abrazo jovial de la floresta
o el canto melodioso de los pájaros?
¿Y por qué duerme más hondo a “Quiriguá”?
¿Será el tañir del manantial sonoro
golpeando entre los riscos de las sierras?
Los incas han muerto, sin embargo.

Y Aquí

“Soy mestizo”, grita un pintor de paleta encendida,
“soy mestizo”, me gritan los animales perseguidos,
“soy mestizo”, claman los poetas peregrinos,
“soy mestizo”, resume el hombre que me encuentra
en el diario dolor de cada esquina,
y hasta el enigma pétreo de la raza muerta
acariciando una virgen de madera dorada:
“es mestizo este grotesco hijo de mis entrañas”.
Yo también soy mestizo en otro aspecto:
en la lucha en que se unen y repelen
las dos fuerzas que disputan mi intelecto,
las fuerzas que me llaman sintiendo de mis vísceras
el sabor extraño de fruto encajonado
antes de lograr su madurez de árbol.
Me vuelvo en el límite de la América hispana
a saborear un pasado que engloba el continente.
El recuerdo se desliza con suavidad indeleble
con el lejano tañir de una campana.

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