Te odio, San Valentín

Por redaccionnyl el 14/02/2017

San Valentín es como un domingo que puede caer entre semana. Uno de esos domingos de resaca emocional en los que a priori vas a disfrutar de un relajado día casero, pero que siempre acaba en un desastre improductivo. Ese fatídico día de la semana en el que intentas ser como esas chicas de las películas americanas que se preparan un maravilloso baño de burbujas con velas y una improvisada copa de vino. Sola o acompañada.

 
 

Pero ahí estás tú, bien sola, tumbada en la cama tapada hasta la nariz, mirando al techo y autoflagelándote por haberte tenido que conformar con un estudio de veinte metros con plato de ducha. Y bueno, resulta que al final acabas saliendo al mundo exterior con esa actitud de “San Valentín es un día despreciable y terriblemente comercial, paso de esas cosas”.

San Valentín es el día de los enamorados, pero ¿de los enamorados de qué? ¿De los enamorados del amor romántico destinado única e irremediablemente a ser compartido en pareja? ¿De los enamorados de la idea de que si no hay ramo de rosas no hay amor suficiente? ¿De los enamorados del cuanto más mejor, en lugar del cuanto mejor, mejor? ¿De los enamorados de una vez al año toca? ¿Enamorados de qué, de quién?

Tengo un mensaje para ti, catorce de febrero: no tengo bañera ni botella de vino, aunque quizás quede alguna vela perdida por casa. Y a decir verdad, querido día de los enamorados, no tenía intención (pero ni una pizca) de bailarte el agua. Pero es que anoche, mientras leía, dejé el anillo que llevo en el dedo anular justo entre página y página y la sombra dibujó un corazón. La típica sombra del típico corazón, del típico libro justo la noche antes del típico y odioso día de San Valentín.

Y resulta que me hizo gracia. Me hizo gracia porque era el anillo que me regaló mi ex, del que todavía no había logrado deshacerme. Del anillo, digo. Del recuerdo. Y fue algo tan simbólico, tan directo, y explotó tan fuerte en mi pecho, que sentí el impulso de cerrar el círculo. Tiré el anillo y pasé a la siguiente página.

San Valentín, te odio. De verdad que te odio. Pero a veces tienes tus cosas. Hoy me siento enamorada y soltera. Enamorada y feliz. Y puede que me esté agarrando a esta casualidad absurda de la sombra, el anillo y tú, pero a veces sólo necesitamos una excusa para volver a comenzar. Y estoy enamorada, enamorada de este momento y enamorada de la idea de vivir. Enamorada de la idea de empezar a continuar, del “me quiero”, de poder regalarme tiempo. Estoy enamorada y me he encontrado entre un montón de parejas que también te están usando de un modo u otro.

Nos vemos el año que viene, supongo.

(Gracias)

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