Soy una mujer ordinaria y no existo. Por Isabel C. Roby

Por Isabel Carlota Roby el 28/08/2016

Algunas personas cuando sienten que van a morir,
gritan palabras obscenas a las personas a su alrededor.
Algunas otras mueren apaciblemente sin tan siquiera una palabra
a quienes les hayan amado.

Yo caigo en la primera categoría.

No se puede parar el ruido que produce
la fuerza de un cuerpo cayendo al vacío
Así como no puede repararse un amor roto
o predecir al nuevo amor.

Soy una mujer ordinaria y no existo.

Mi vida consiste en conversaciones imaginarias que nunca ocurren
En ellas sueno inteligente, articulada y hermosa,
y parezco disfrutar la compañía de la gente…
esas misteriosas criaturas que me ocupan pensando
en las posibilidades de un escape.

Nunca fue mi intención herir a los que herí.
Mi intención era matarles, pero no tuve la confianza suficiente
para atestar el último golpe.
No me arrepiento de nada salvo de eso.

A veces sueño que he muerto y nadie vacía mi closet,
mi olor continúa depositado en un lugar que mi cuerpo ya no habita,
todo se ve igual: los libros, los cuadernos, la botella de agua,
el cactus que compré en un viejo mercado de Everett Street ,
las fotos de mi vida.

Nadie ha tocado nada, aunque ya yo no esté
y eso, en el sueño, me complace.
Algo me dice que es solo mi ego soñando.

Mi ego es otra de las cosas que no he podido matar,
hago ejercicios premeditados para contrarrestar su furia.
Estos días salgo sin ropa interior bajo mis blusas tráslucidas.
para que la gente vea mis imperfecciones,
quiero que se rían de ellas, que les sonrían, que las regañen…
(lo que sea)
pero más importante aún
no
quiero
Sentir
nada.

Ni la urgencia de cubrirme, ni el impulso de mostrarles algo más.
Simplemente nada, con tranquilidad budista, como la hierba después de la tormenta.

No puede romperse un cuerpo
sin romperle el alma primero.
Algunas otras veces sueño que lames mis manos
después del sexo
y pides que te perdone.

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