De lo científico a lo místico: ¿Qué es el suicidio cuántico?

Por redaccionnyl el 05/12/2015

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En la mañana del 28 de enero de 2014, Gabriel MaGee saltaba desde lo alto del edificio para el que trabajaba, en el complejo Canary Wharf, Londres. Aunque puede que nunca sepamos realmente qué ocurrió, según dicen las malas lenguas (y los millones de conjeturistas en internet), Macgee estaba cometiendo un “suicidio cuántico”.

Una forma de suicidio que en realidad le lleva a la inmortalidad cuántica, una vida mejor y más feliz.

Dentro de una afirmación tan valiente (y estúpida) se esconden algunos de los conceptos más modernos de la física mezclados con un misticismo un tanto peligroso.

Hablando estrictamente desde la física cuántica, se denomina suicidio cuántico a un experimento imaginario propuesto de manera independiente por Hans Moravec y Bruno Marchal, y que además fue desarrollado por Max Tegmark en 1998.

Este experimento consiste en un hombre sentado con un arma que apunta hacia su cabeza. El arma es manipulada por una máquina que mide la rotación de una partícula subatómica.

Cada vez que el hombre apriete el gatillo el arma se disparará dependiendo del sentido de la rotación de la partícula: Si gira en sentido horario el arma dispara, en sentido contrario no lo hace.

Por las propiedades cuánticas, al igual que el famoso gato de Schrödinger, existe un 50% de posibilidades de que el arma se dispare.

O más correctamente, el arma se disparará y no se disparará al mismo tiempo. Esto en el mundo subatómico tiene mucho sentido. Pero en el macroscópico, el que vemos todos los días, no tanto.

La máquina, al medir en qué estado se encuentra la partícula modifica, a su vez, el estado del sistema.

Esto se debe, básicamente, a que a la hora de hablar de fenómenos cuánticos utilizamos la “interpretación de Copenhague”, la considerada como interpretación clásica de estos eventos y que introduce cosas tan curiosas como el “principio de incertidumbre”.

Ahora, suponiendo que el arma se dispara siguiendo la interpretación clásica, vamos a tratar de traducir esto a lo que ocurriría. Para ello necesitamos una nueva interpretación.

Esta llega de mano del físico Hugh Everett quién expuso una nueva hipótesis: por cada medición cuántica existen varios posibles estados, ¿no?

Pues según Everett, cada estado es medido en realidad en una serie de universos paralelos y completamente distintos entre sí a nivel macroscópico.

Es decir, que si medimos si el gato está muerto o vivo, la línea de eventos se separa automáticamente para que ocurran los dos eventos en universos separados pero paralelos.

Y esto ocurriría exactamente igual en el caso del arma cuántica.

Recapitulando: entonces existirá un universo donde el gato siga vivo y otro, a la vez, donde esté muerto.

Asimismo, existirá un universo donde se haya disparado el arma y otro donde no. Al mismo tiempo.

Aquí es donde entra el misticismo cuántico y lo hace encarnado en lo que se llama Biocentrismo.

Esta conjetura, apostillada por Robert Lanza, usa la hipótesis de Everett y la interpretación de Copenhague para decir que en realidad la muerte no existe.

Y es que cuando se salta al vacío, como MaGee, existe un universo en el cual el propio MaGee no muere, sino que sobrevive y está perfectamente sano y feliz. A esto se le llama inmortalidad cuántica.

Y es que si todos los eventos, cuánticamente hablando, son posibles en infinitos universos paralelos, ¿cómo no va a ser posible que exista un universo en el que seamos ricos, inmortales, sanos y felices para toda la eternidad? Es lo que tiene la infinitud, que da rienda suelta a cualquier fantasía posible.

Si lo pensamos con un poco de frialdad, lo que dice Lanza es bonito y, por qué no, hasta posible. O no.

Porque Lanza afirma, literalmente, que la muerte es solo una ilusión.

Vamos, que si estamos sujetos a nuestras percepciones, estas no nos dan una fuente fidedigna de información cuando morimos. Obviamente.

Porque existe otro universo en el que somos inmortales y no estamos muertos:

“Los humanos creemos en la muerte porque nos han enseñado a creer que morimos, es decir, nuestra conciencia asocia la vida con el cuerpo”, Explica Lanza. Y, sinceramente, afirmaciones tan descabelladas rayan lo peligroso.

Y si no, que se lo cuenten a los familiares del ejecutivo, MaGee, del que hablábamos antes.

Una persona, explican las fuentes, inteligente pero obsesionada con la física cuántica. Y con una profunda depresión que la empuja a tendencias suicidas.

No sabemos si algún MaGee de algún multiverso se levantó como si nada tras el centenar de metros de caída libre.

Pero, por desgracia, a este lo tuvieron que recoger del suelo.

¿No nos dice algo eso? Si las evidencias contundentes no son suficientes, vamos a poner un poco de razonamiento de por medio.

Los pocos defensores del suicidio cuántico que existen dicen que el quid está en morir para “despertar” en una realidad mejor.

Probablemente exista una realidad, en otro universo, en la que estas mismas personas se den cuenta de lo estúpido que resulta este pensamiento.

Pues, incluso según la hipótesis de Everett, de existir universos paralelos y sucesos infinitos, usted, que está leyendo este artículo, nunca podrá interactuar con ese otro universo.

Por tanto, en el caso del suicidio cuántico nos deja con dos posibilidades: o bien se muere y… fin.

Sí, el “otro usted” seguirá viviendo feliz, pero desde luego usted no lo verá. O bien decide no suicidarse cuánticamente y su “otro usted” sigue viviendo igual de feliz que en la posibilidad anterior.

En cualquier caso, el suicidio del multiverso más estúpido de todos.

Y bueno, esto obviando una cosa aún más importante: nadie, ni siquiera Everett, dijo que esto fuera cierto. Eso es lo más gracioso del asunto.

Como siempre, en ciencia, existen hipótesis que tratan de dar explicaciones y modelos que explican cómo funciona el mundo.

Porque es imposible trabajar con la compleja realidad sin poder hacer aproximaciones.

Por ello, aunque la hipótesis de Everett fuera cierta y exista un multiverso e infinitas líneas de sucesos, nuestra forma de verlo es solo una forma primitiva e ineficaz. O totalmente falsa.

En cualquier caso, no hay vuelta atrás. Es lo que mejor puede enseñarnos el suicidio cuántico: si se muere en este universo, está muerto.

Fuente: Hipertextual

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