Prohibido confundir entre ay, ahí y hay

Por Néstor Luis González el 08/03/2016

La falta de lectura es en el siglo XXI casi como una epidemia que se extiende degenerando funciones cerebrales que tardamos milenios en desarrollar. En serio. Escribió Wittgenstein que los límites de tu lenguaje son los límites de tu mundo, y si no expandes tu lenguaje -conceptualizando tu entorno-, tu mundo será mezquino y reducido, frío y viscoso. Incomprensible.

Aunque nuestra mayor recomendación para lograr una buena ortografía sigue siendo que leas todos los día al menos un poco -libros buenos, pregúntales a los libreros cuáles son esos-, te presentamos -como todos los días- una nueva aclaratoria.

Recordemos la diferencia entre ay, ahí y hay. Lo primero que hay que decirles a muchas personas es que ‘ahy’ no existe.

Ay. Es una interjección que se utiliza para expresar dolor, placer, sorpresa o cualquier cosa que amerite el gritico: “¡Ay, qué rico!”.

Ahí. Es un adverbio de lugar al que puedes acudir sin miedo sustituyéndolo mentalmente por allí o aquí: “Ahí está tu hermano”.

Hay. Es una de las conjugaciones del verbo haber: – ¿Hay leche? – No, no hay.

La sabiduría popular incluso ha generado un chiste de esos tontísimos que bien puede explicar con mejores ejemplos la diferencia.

Tu amante: “Ay, qué rico… Ay, qué rico…”

Tu novia: “Ahí me duele, ahí ve con suavidad…”

Tu esposa: “Hay que pintar la casa. Hay que hacer mercado. Hay que pagar las cuentas”

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