¿Por qué fue tan desdichada la reina Victoria?

Por redaccionnyl el 21/02/2017

Además, su figura marcó la época en la que Gran Bretaña se modernizó y se hizo la mayor potencia mundial. Estricta y testaruda, la reina Victoria tuvo una vida larga, llena de luces, pero también con sombras.

Una infancia enclaustrada:

Victoria no tenía un año cuando su padre, que ocupaba el cuarto puesto en la línea sucesoria, murió. Este hecho no hubiera sido relevante si sus tíos, los primeros llamados a heredar el trono, hubieran tenido descendencia, pero no la tuvieron.

Victoria estaba destinada a ser reina. Cuando su madre y el secretario de esta, John Conroy, fueron plenamente conscientes del futuro de la niña, empezaron a mover fichas para preparar el terreno a la joven heredera. Pero era por propio interés. Querían evitar a toda costa que alguien pudiera manipularla, que ese futuro en el que ellos aspiraban a tener un papel protagonista, pudiera verse truncado.

Y no solo eso, sino que Victoria acabó siendo prisionera en su propio palacio. Su estricta madre la sometió a una vigilancia agobiante, de día y de noche. Victoria cumplió la mayoría de edad sin haber jugado con otros niños ni haber hablado con nadie que no fuera de su familia o del servicio. De hecho, este es uno de los motivos de su odio visceral hacia John Conroy, responsable de tan dudoso “método educativo”. Un método que tenía un fin: que nadie pudiera manejar en beneficio propio a la niña, excepto él y la madre de la muchacha, claro.

Solo se sintió libre cuando ascendió al trono:

Los intentos para manipular a Victoria fueron constantes. Quizá el más terrible fue el que sufrió mientras estaba enferma de fiebres tifoideas. Su madre y el secretario aprovecharon su debilidad para intentar que firmara unos documentos. Era el nombramiento de John Conroy como su consejero y tesorero. Un cargo que les hubiera asegurado un gran poder. Pero la joven se negó tozudamente a firmar, a pesar de la enfermedad.

Ni las terribles fiebres, ni las intrigas, ni las amenazas consiguieron doblegarla. No puede extrañar que nada más ser coronada su primera decisión fuera alejar de ella a su madre y al odiado John Conroy. Solo entonces la ya reina Victoria se sintió libre.

Matrimonio feliz, pero corto:

El suyo fue un matrimonio concertado, como era lo habitual en aquella época. Lo que no era tan común es que la pareja acabara enamorándose profundamente, como ocurrió con la joven reina y el príncipe Alberto de Bélgica.

La felicidad duró 21 largos años, aunque el rey consorte murió prematuramente a los 42 años. La reina cayó entonces en una profunda depresión. Vistió de luto riguroso el resto de sus días y jamás se separó de la fotografía de su esposo.

La falta de instinto maternal:

Victoria se sentía, ante todo, esposa y reina. El papel de madre era secundario y hasta molesto ¡y eso que tuvo 9 hijos! Al parecer consideraba que le quitaban tiempo para estar con su adorado esposo.

Controladora y poco cariñosa, tal vez la peor relación la tuvo con su hijo varón mayor y heredero, el futuro rey Eduardo VII. Incluso llegó a culparle indirectamente de la muerte de su marido. ¿La razón? Que este había contraído las fiebres que le costaron la vida tras visitar a su primogénito en Oxford.

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