Parábola de un desnudo involuntario. Por Freddy Náñez

Por Freddy Ñáñez el 23/12/2015

Señora usted se repite en mí a cada momento de la misma forma que una imagen plasmada en el poema. Yo, acodado en mi ventana, la observo intacta cada noche y no deja de sorprenderme por bella y verdadera.

Cada instante usted hace lo mismo: se tumba sobre la sábana y con los ojos achinados de morder el día apaga todas las estrellas de la noche. A oscuras me las arreglo para seguir leyéndola. Me guían perfumes alucinantes que le anuncian desnuda en la deforme penumbra. Usted siempre hará lo mismo señora: un sutil movimiento sobre la almohada me informa que sus piernas están abiertas, dispuestas a tragarse el universo. Como en el poema usted no advierte mi presencia pero se deja leer en voz alta.
Siempre es igual señora. Usted cansada, dormida y yo mirándola perdido en el pulso de la noche. Usted tendida como un lago y yo sediento, cercano, como un reflejo mirando. Usted en la profundidad de su piel y yo arriba, muy arriba, loco, encendido de alegría. De repente un rayo parte en dos el horizonte. Nuevamente la luz se alza invicta como punto final sobre la hoja. Cierro los ojos, señora, y sin voltear la página espero otra noche por venir.

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