Para Alfonsina Storni. Por Luis Figuera

Por Luis Figuera el 14/03/2016

Así creciste, madurando entre los tiempos tu desnudez, fugándote por los farallones del deseo, buscando en los olvidados murmullos del viento la apolínea figura del marinero que vendría para llevarte a los confines de la embriaguez. Esperaste por años, siempre escapándote en la madrugada, para ofrendar tu cuerpo a los barcos abandonados. Sólo las vacías redes escucharon los sofocos de aquella entrega. En tus sueños sentías el almíbar de sus labios cociéndose en tu boca. Lo viste desnudo, sentiste la humedad de su lengua viva, arrastrándose como anélidos por el acantilado de tu vientre, para morir furiosamente en el sublime dolor de una Perla.
 
 

Te hiciste rea del solitario placer, cautiva de aquellos bruscos temblores que terminan en una azarosa tormenta. Nunca más quisiste jugar a contar gaviotas, ni volver a escuchar el rugido de los mares. Sólo el aroma del almidón de su cuerpo pudo devolverte la loca alegría de la infancia. El sol comenzó a pintar de surcos tu piel, y fuiste perdiendo aquella gracia de esponja marina La morbidez de tus carnes se fueron como la tarde que se entierra en el horizonte; Pero el tiempo fue madurando la presencia de aquel extranjero, y con cada luna lo fue haciendo más tuyo, y fue así como pudiste sacarlo de la duermevela y traerlo lleno de cenizas y hojas a tus brazos para que te penetrara mansamente, y te arrastrara rabiosamente por los arenales, abriéndote las piernas, rompiéndote a jirones el vestido, dejándote los ojos como dos claraboyas bañadas por la luz, para que los marineros encontraran tu cuerpo flotando en el mar.

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