¿Padecerá Venezuela de hambruna en 2016?

Por Néstor Luis González el 31/12/2015

Con un crecimiento económico de 9,4%, la inflación más baja en un septenio y exportaciones por encima de los 56.000 millones de dólares, el 31 de diciembre de 2005 Venezuela estaba a punto de cerrar un año marcado por la esperanza.

Una década más tarde, las circunstancias son tan diferentes que, por ejemplo, los supermercados del país petrolero llevan casi dos años sin vender carne de res.

Pero tampoco venden regularmente pollo, ni granos, ni leche, ni harina, ni pasta, ni arroz y ni siquiera huevos, que desaparecieron hace un par de meses inmediatamente después de otra regulación gubernamental que ubicó su precio por debajo de los costos de producción.

De todas formas, con mucha suerte y una larga cola, se puede comprar todo eso –menos la carne y casi nunca el pollo— a precios regulados gracias a una serie de subsidios del gobierno de Nicolás Maduro que, según varios economistas, no serán posibles en 2016.

Pero, ¿qué pasó con aquel país que hace diez años estaba aprovechando los elevados precios internacionales del petróleo para levantar y diversificar su economía?

El oficialismo insiste en que está siendo víctima de una “guerra económica” y la oposición en que la corrupción del chavismo se tragó todos los petrodólares. Sin embargo, la crisis había comenzado a configurarse antes de que los precios del crudo bajaran de 100 a 30 dólares por barril, y el año 2016 parece ser demasiado diferente a aquel 2006 que terminó cumpliendo con la prosperidad que prometía.

Por eso el diputado electo José Guerra, una de las caras visibles de la propuesta económica de la oposición, no descarta que la escasez de alimentos se agudice en 2016 pese a la derrota que la coalición a la que pertenece le propinó al chavismo en las recientes elecciones parlamentarias.

Según Guerra, “muchas líneas de producción han cerrado porque las plantas no cuentan con los insumos necesarios para producir” y el gobierno de Maduro –que controla las divisas en el país— no otorga los dólares para reponer los inventarios.

En todo caso, lo que para José Guerra es una posibilidad, para Álex Vallenilla, experto en temas económicos, es inminente.

“Lo que hay en el horizonte es una hambruna total”, sentencia Vallenilla después de recordar que las empresas venezolanas perdieron los créditos de sus proveedores extranjeros porque les deben 25.000 millones de dólares que el gobierno no ha otorgado a través de su mecanismo de distribución de divisas para alimentos.

“Para 2016, se requieren al menos 25.000 millones de dólares para importar comida, aunque el ciudadano solo podría comprarla igual que hoy día: en colas por el sistema de racionamiento implementado por el oficialismo”, completó Vallenilla, quien calcula que los ingresos de Venezuela en 2016 por la venta de petróleo no superarán los 20.000 millones de dólares.

Mientras tanto, los gremios productivos muestran un pesimismo similar. De hecho el presidente de la Federación Nacional de Ganaderos, Carlos Albornoz, advierte que, sea como sea, el sector agroproductivo no está en capacidad de revertir el desabastecimiento que padecerá Venezuela en los primeros tres trimestres de 2016 a causa de la falta de insumos y de repuestos para las maquinarias, además de la política de importación aplicada por el Gobierno.

Tal es la situación económica en Venezuela que en agosto pasado el Centro Nacional de Comercio exterior convocó a una subasta por 150 millones de dólares precisamente para maquinarias y repuestos agrícolas, y todavía esas divisas no han sido liquidadas.

A eso se le suma la queja de los productores agropecuarios agrupados en Fedeagro: los controles de precios que impone el gobierno de Maduro.

Aunque el nuevo parlamento, con mayoría opositora, se ha planteado devolverle la autonomía al Banco Central de Venezuela para combatir la inflación, ya los precios internacionales del crudo chocan con los costos de producción del barril de la Faja Petrolífera del Orinoco.

Sobre tal circunstancia, Vallenilla opina que “lamentablemente” tarde o temprano Venezuela tendrá que negociar con las grandes industrias petroleras del mundo.
“Y lo peor es que tendremos que hacer ofertas que nos resultarán desventajosas para poder atraer a quienes quieran invertir seriamente en la producción de nuestro petróleo, que como es extrapesado y pesado, con los actuales precios el negocio energético en el mundo, no es nada atractivo”, agregó.

El sector productivo venezolano tiene, sin embargo, una pequeña pero firme esperanza en lo que pueda hacer la nueva Asamblea Nacional para “ordenar el país”.

Fedecámaras, por ejemplo, ha pedido la revisión de instrumentos legales chavistas como la Ley del Trabajo y la Ley de Precios Justos. Pero también forman parte de la oferta de la oposición devolver las tierras expropiadas a sus dueños originales, sincerar el Presupuesto Nacional y regresar la independencia al Banco Central de Venezuela.

Con una economía en plena recesión, la inflación más alta del planeta y los precios del petróleo 70% más bajos que cuando inició la crisis, Venezuela inicia el año 2016 marcada por el pesimismo.

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