Otra mirada al ‘área preferencial’ del Metro de Caracas

Por Néstor Luis González el 29/02/2016

Allá, al final del vagón, están sentados los ancianos y de pie los que quieren esconderse. A las diez de la mañana poca gente se subió conmigo al tren de Sabana Grande con dirección a Propatria, poca gente pero siempre a uno le toca viajar de pie, porque quienes ocupan los asientos lo hacen desde 1985 y permanecen allí para que nadie se siente nunca más. Cuando arrancamos, canté Smooth Criminal y me valí del efecto que el inicio de la velocidad aplicó en mi cuerpo para inclinarme hacia adelante sin agarrarme de nada y simular el efecto anti gravitacional de Michael Jackson. Entonces la gente empezó a verme con una desaprobación tan obvia que caminé hasta el fondo del vagón, donde ancianos y mujeres embarazadas ocupaban los asientos azules mientras un transformista, un hombre sin cejas muy parecido a Paul Newman, una gorda increíble y un muchacho con una cicatriz gigante que le sustituía el ojo izquierdo se escondían de la intolerancia. Yo también estaba ocultando algo, creo que la locura.

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