Mira por qué necesitas expresar tu rabia para ser feliz

Por redaccionnyl el 13/03/2017

En nuestra sociedad se nos ha transmitido que hay emociones buenas y emociones malas. Mientras que la alegría, el amor o la serenidad son siempre percibidas como algo benigno, la rabia, la tristeza, el miedo o la culpabilidad aparecen bajo el estigma de la negatividad. Por eso tendemos a reprimir el segundo grupo, a no expresarlas e incluso a imponernos no sentirlas. Pero, cuando una persona reprime esas emociones, también les quita intensidad a las otras, las ‘positivas’. Se crea algo así como una indigestión emocional que nos quita energía y fuerzas para avanzar en la vida.

 
 

Pues bien, ha llegado el momento de hablar de la reina de las emociones con peor fama: la rabia. Nacemos con la capacidad de ser agresivos y eso no nos hace malas personas. La rabia, e incluso la agresividad, nos acompañan desde nuestra más tierna infancia porque tienen la misión de “hacernos valer” y, en definitiva, defendernos poniendo limites. El problema es que se nos ha transmitido que, para merecer ser queridos, tenemos que ser buenos y eso muchas veces pasa por no sentir rabia o ira y, mucho menos, expresarla.

Cuántas veces, hemos oído que cuando un niño se enfada y llora se dice que “es malo” o que “no se porta bien”. El resultado es que, cuando llegan a adultos, no saben decir que no. No saben ser asertivos. Esta emoción reprimida se convierte en ‘autoataque’ y pensamientos muy negativos hacia uno mismo. La clave está en cómo canalizamos esa emoción, esa energía, ya que reprimirla siempre va en nuestra contra. De hecho, cuando el vaso de la rabia se llene, lo más probable es que se desborde con los que más queremos y más confianza tenemos en el peor momento.

Aunque no hay que desesperarse. La rabia es una emoción que, si gestionamos bien, tiene el potencial de darnos la fuerza que necesitamos para avanzar en la vida. Cuando la expresamos solemos entrar en conflicto con las otras personas y nos pueden rechazar, pero es necesario expresarla para mantenernos sanos. Eso sí, lo de expresar tiene matices y hay que aprender cómo hacerlo para hacer el mínimo daño posible a los demás y a nosotros mismos.

Nota importante: no expresarla justo cuando la emoción es tan grande que creemos que no vamos a poder controlarnos y sabemos de sobra que estamos en modo ataque y destrucción. No en vano, es una emoción que cuando está en su máximo punto de intensidad “secuestra temporalmente nuestra capacidad de razonar”. Por eso, decimos y hacemos cosas de las que luego nos arrepentimos. En ese momento no eras tú del todo, sino una emoción con patas. No es que se apague del todo la ‘vocecilla’ que nos dice lo que está bien o está mal, pero se reduce el volumen mucho.

 
 

Por lo tanto, el consejo es, aprender a conocernos e identificar cuándo estamos en ese momento tan destructivo y hacer algo para descargarte un poco antes, como dar un paseo, correr, escribir, pegar a un almohadón, etc. En estos casos también ayuda mucho ser creativo. Pero, cuando se ha reducido un poco y notas que ya no estás tan secuestrado, sí es necesario decir aquello que te ha molestado para no crear rencor a largo plazo.

Cuanto más importante es una persona para nosotros, más necesario es decir aquello que nos molesta, aunque haya situaciones en las que decidamos que no vamos a sacar nuestra rabia —por ejemplo, no nos permitimos con nuestro jefe por miedo a que nos despida—. Cuando tomamos esa decisión, es bueno tener presente que estamos cargados, ser conscientes de ello y descargar de alguna forma esa emoción, para no llevárnosla a casa y acabar discutiendo con nuestra pareja o familia por cualquier tontería.

La expresión de nuestra rabia también nos ayudará a cuidar nuestras relaciones: decir lo que no nos gusta de alguien pero sin olvidarnos de lo que sí nos gusta y valoramos de él/ella. A lo mejor, en ese momento no nos sale, pero lo ideal sería apuntarlo en algún lugar para hacerlo en el momento que estemos más calmados. Porque, al fin y al cabo, expresar la rabia es sano, pero expresar amor es lo que le da sentido a todo.

Delia Pop Belentan, psicóloga especialista en relaciones de pareja.

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