Mentiras urbanas que se propagan y nos hacen estúpidos

Por Néstor Luis González el 08/05/2016

1 – “Los nombres propios no tienen ortografía”.

¡Falso! Todo lo que se dice debe poder ser escrito. Los nombres propios sí tienen ortografía y no importa si tu mamá no le puso acento a Héctor, a Néstor o Nicolás: debes colocárselo para que la lectura de tu nombre no sea Hectór, Nestór ni Nicólas.

Está claro que quieras defender tu individualidad, pero recuerda que si logras progresar en la vida, mucha gente leerá tu nombre sin que estés presente para que expliques la burrada de que tú eres el único Andrés del planeta cuyo nombre no lleva tilde en la e.

2 – “La Biblia dice: “Ayúdate que yo te ayudaré””.

¡Mentira! Deje de inventar, que eso es malo. Ya basta de creer en lo que dicen los ancianos solo porque son ancianos: eso se llama falacia ad antiquitatem. Sospeche de los viejos que no cultivan el hábito de la lectura: sus consejos están ahí para confundirnos. Eso de “Ayúdate que yo te ayudaré” es la típica mentira que pasa de generación en generación solo porque ningún miembro de la familia leyó la Biblia nunca.

3 – “No se dice poner, se dice colocar porque las que ponen son las gallinas”.

¡Embuste! Esa es otra mentira que va de generación en generación haciéndonos daño por no buscar un diccionario y creerle a la autoridad. Las maestras no saben. Tiene que ser que no saben. A mí me lo dijeron cuatro de las seis maestras que tuve en primarias, cuatro. Pero cuando crecí, leí que el verbo poner viene del latín ponere, y significa principalmente “Colocar en un sitio o lugar a alguien o algo”.

4 – Es redundante decir “gemelos idénticos”

¿En serio? Otra mentira. ¡Basta! Hay gemelos que son idénticos y gemelos que no lo son: se llaman gemelos homocigotos y gemelos heterocigotos. Lo interesante de todo esto es que la gente lo afirma con una seguridad absoluta. Luego usted le pregunta: ¿Eso te lo dijeron o lo leíste? Por supuesto que no lo pudo leer en ninguna parte y por supuesto que se lo dijo la mamá, la abuelita, la tía o alguien a quien le tienen tanto cariño que son capaces de maldecir para siempre a cualquier enciclopedia que las contradiga.

Muchas de las tonterías de la vida se pueden resolver con una pregunta: ¿Eso te lo dijeron o lo leíste?

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