Mario Santiago Papasquiaro: una vida en delirio y sin timón

Por Luis Figuera el 17/02/2016

Mario Santiago Papasquiaro se hizo famoso por los Detectives Salvajes, donde Roberto Bolaño, lo inmortalizó como Ulises Lima: “Estoy con las ventanas abiertas, afuera llueve, una tormenta de verano, rayos, truenos, esas cosas que excitan o que impelen a la melancolía.

¿Cómo está México? ¿Cómo están las calles de México, mi fantasma, los amigos invisibles? ¿Sigue en pie Al Este del Paraíso o ya entró en el sueño de los justos?

Cuando mejore mi economía apareceré por tu casa una noche cualquiera. Y si no, es igual. El trecho que recorrimos juntos de alguna manera es historia y permanece. Quiero decir: sospecho, intuyo que aún está vivo, en medio de la oscuridad, pero vivo y todavía, quién lo iba a decir, desafiante. Bueno, no nos pongamos estupendos. Estoy escribiendo una novela donde tú te llamas Ulises Lima. La novela se llama Los detectives salvajes”.
Sin embargo su obra tiene un peso concreto en el panorama literario del México actual. En el 2008 el Fondo de Cultura Económica, publicó una antología: Jeta de Santo, que reúne parte de su poesía.

Era irreverente, alejado de la poesía formal a la cual atacó y de la que se burlaba, por lo que fue defenestrado de las antologías oficiales, y confinado a una especie de olvido macabro que llegó al extremo de la infamia y la maledicencia pública, al negarle ayuda para la subsistencia económica, y vetarlo en todo el circuito literario, acusándolo de vago, borracho, alborotador, y otras especies a las que recurre el fascismo disfrazado para descalificar a quienes mantienen posiciones anti establishment.

Muy mal debe andar un país que puede darse el tupé de condenar en vida a sus poetas, de execrarlos y mandarlos al mismísimo infierno.

Sobre la figura de Mario Santiago ronda el aura de la leyenda urbana, son públicos sus enfrentamientos contra Octavio Paz, a quien llamaba por teléfono para dejarle en la contestadora trozos de sus poemas. Sus bromas en algunos actos de la poesía formal, le crearon una fama de alborotador e irreverente, y le ocasionaron la antipatía general del sector oficial.

Su entrega y su incansable labor de poeta por vocación, son reconocidas por muchos académicos y escritores del México actual. En el prologo de Jeta de Santo, Mario Raúl Guzmán, afirma “Algo más que una lírica: una actitud ante la creación artística en la que importa más que la escritura del poema la conexión poética con la vida. Una actitud asumida, trepidante de cabeza a pies la poesía, como un destino inapelable”.

Fue junto a Roberto Bolaño el creador del movimiento estético literario llamado infrarealismo. Perteneció a los poetas de la estirpe del venezolano Víctor Valera Mora, Francois Villon, y muchos otros que se han emborrachado de la poesía para vivir la vida. “en delirio y sin timón”.

Mario Raúl Guzmán, ha dicho que en la poesía de Mario Santiago, – aunque él tiene otro nombre pero juramos no pronunciarlo – “la imperfección conquista de inmediato su prestigio. De materia putrescible y materia espiritual está hecha su amalgama. Intempestivo, su estro en píe de lucha ante la bellaquería paciana, el iba del verso maravilloso a la pésima línea, del verso fulgurante al asonantado descalabro. El ripio escolta su vuelo. En un mismo poema permítaseme este apunte teratológico, versos de respiración traqueal, versos de respiración cutánea y versos de respiración branquial”.

La poesía de Mario Santiago es un gran cuerpo de metáforas delirantes y hermosas, que algunas veces crean un verso de caída larga que explota maravillosamente, y que recuerda la fuerza de la poesía del Chino Valera Mora. Sus poemas son iconos de la informalidad que vagan por la sensibilidad de sus lectores, recordando que el poeta sintió y escuchó la vida acezante en las callejuelas de México, cuando escribió esos poemas.

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