Mario Morenza: “El Vanguardismo quedó como materia pendiente en Venezuela”

Por Néstor Luis González    5 marzo, 2016

Entrevista del 20 de mayo de 2013

Desde que Moisés bajó del monte Sinaí con las tablas que le marcaron curso al comportamiento de la civilización occidental, los decálogos han surgido para oprimir, dirigir, avanzar o divertir.

Los hay para seducir mujeres, escribir cuentos, ser peatones responsables, bajar de peso… para casi todo. Pero cuando Mario Morenza (Caracas, 1982) buscó ‘decálogo para ensayistas’ en Google, no encontró nada.

Por eso, y porque escribirlos es casi que su mayor pasión, Mario Morenza escribió, está escribiendo, o viendo si se sienta a escribir una suerte de “Decálogo del perfecto investigador y ensayista literario”, el primero en la historia de las letras según la ausencia de otro en la Internet.

A lo mejor es que los ensayistas no están dispuestos a revelar sus secretos. Pero Mario Morenza no se anda con tonterías. Incluso está haciendo una recopilación de decálogos que no incluye los de Horacio Quiroga quizá porque esos ya son requeteconocidos.

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En esa selección están tipos como Andrés Neuman, Juan Carlos Onetti, Ernest Hemingway… Por cierto que los de Hemingway no se los recomienda a nadie que no se llame Ernest Hemingway, dice que son ególatras e inservibles para cualquier escritor que no lleve ese nombre; pero igual los incluye.

“Y bueno, me pregunté por qué no hacer un decálogo para quienes estamos en esto del ensayo y de escribir para la academia”, dijo a Nalgas y Libros desde el cafetín de Arquitectura de la Universidad Central de Venezuela.
El día en que nos citamos con Mario Morenza en ‘la casa que vence la sombra’ era el peor día para llamarse Mario en Venezuela, se lo hicimos notar: Mario Silva había desatado ese mediodía la primera parte de una novela-confesión de corrupción en el alto gobierno y la gente solo pensaba en ello.

También los estudiantes respiraban otro aire. Jamás se vieron tendencias tan poco culturales en Twitter, pero Mario Morenza es un tipo que vive la literatura con tanta pasión que permanece inmune a la realidad mientras la desarrolla con el verbo o con los dedos sobre el teclado.

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Por eso cree que la función del ensayista es la misma que la del físico y la del poeta: “Descubrir los misterios del universo. Todos andamos siempre buscando eso en diferentes áreas”.

“Y bueno, me pregunté por qué no hacer un decálogo para quienes estamos en esto del ensayo y de escribir para la academia”, dijo después de dar una clase de Metodología y antes de irse a seguir trabajando en el Instituto de Investigaciones Literarias.

Reveló con alegría que no ha encontrado con precisión la línea que diferencia a lo académico de lo creativo: “Esas fronteras aún no las tengo claras. Aunque en un ensayo académico tengo que citar, dar referencias bibliográficas y apoyarme en teorías. Pero sí puedo buscar la forma de ofrecer belleza a través de la palabra y a la vez ofrecer conocimientos”.

Próximo libro

Hasta ahora, los libros que ha publicado Mario Morenza son “Pasillos de mi memoria ajena” y La senda de los diálogos perdidos”.

“Pero ahora estoy escribiendo sobre el tema del miedo: el miedo y la ciudad a través de los sentimientos. Creo que esos temas pueden acercarme al lector, o tal vez no le gusten. Es que la ciudad es un tema importante para mí, y creo que resulta casi imposible para un escritor venezolano actual desligarse de la ciudad”.

Sin embargo, cree que llamar a la narrativa venezolana ‘narrativa urbana’ es “excesiva taxonomía: es narrativa venezolana y ya, pues. Para que antes denominaran a un escritor como venezolano había que tratar temas como las gallinas, el campo, los llanos, los sembradíos, de la época gomecista…”

Se le preguntó si es que acaso el cambio corresponde al hecho de que hay más posibles lectores a quiénes venderles libros en las grandes ciudades que en los pueblos y caseríos. Mario Morenza dice que no sabe, pero prosigue con su idea.

“Venezuela pasó del Modernismo al Postmodernismo de un solo salto. Creo que el Vanguardismo quedó como materia pendiente, por ejemplo. Y bueno, uno siempre toca emociones humanas más allá de la temática de su tiempo. A mí las historias me llegan como una revelación: me echan un cuento, veo una noticia, o camino por la ciudad y al ver un kiosco me imagino que alguien funda un kiosco nuevo cerquita y la gente deja de comprarle cosas al otro y se crea una intriga. Lo anoto en un cuadernito que tengo aquí o en la parte de notas de mi teléfono”.

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Néstor Luis González
Néstor Luis González
Periodista venezolano. Editor de medios.







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