Manual para conquistar almas libres sin quedar como un intenso

Por redaccionnyl el 16/03/2017

Lo difícil de conquistar a una persona independiente es que todos somos libres por derecho humano y que nadie tiene derecho a intentar cambiar a nadie.

Afortunadamente aquí hay una serie de pasos para que tu experiencia con esa persona tan peculiar sea placentera y evites quedar delante de ella como alguien que depende demasiado de las relaciones de pareja. Disfruta y trata de entender que si cada quien merece su espacio, estas personas son el extremo de esa necesidad.

1. Cómprate una vida

¿No te has parado a pensar que el tiempo que tardas en intentar convencerle podrías invertirlo en algo (más) productivo? Matricúlate al gimnasio (aunque luego no vayas), haz cupcakes o apúntate a hacer macramé. No sé, lo que quieras. Cualquier cosa será más fructífera y menos dañina que cantar bajo la ventana de alguien que no está por la labor.

2. Deja que los demás vivan la suya

Hazlo por ellos, pero principalmente hazlo por ti. Hay veces que está bien insistir, pero otras (como en este caso) es darte cabezazos contra la pared. Y seguro que aún estás en edad de aprender así que, en serio, déjalo. Recuerda aquella mítica frase en suajili que Pumba y Timón nos tatuaron en la frente en nuestra infancia: Hakuna Matata (literalmente: ‘Vive y deja vivir’).

3. Persigue lo que quieres, pero no te arrastres

Ésta debería ser algo así como la regla de oro. Cuando tengas que rebajarte para conseguir algo, automáticamente debe perder tu interés, tu curiosidad y tu tiempo. Está claro que en tu vida tienes que tener claras tus prioridades y perder tu preciado tiempo en algo que te hará sentir peor no vale la pena. Cada segundo que pierdas es una oportunidad menos de ser feliz.

4. No lo cambies, cambia tú

Si realmente te gusta, déjale que sea tal cual es. Al fin y al cabo te fijaste en él así. Y en el momento que quieras cambiarlo, deberías hacer el ejercicio a la inversa y preguntarte por qué quieres cambiar lo que te encantó de ese modo y no de otro. Quizás deberías preguntarte si no eres tú quien debería cambiar antes de exigir a los demás. Piénsalo, a veces también se puede cambiar a peor.

5. Aprende a querer sin poseer

Quiere, ama, pero no domines. No controles. No poseas. El amor, como las personas, es libre. Y cuando deja de serlo ya no es amor, es obsesión (sí, como la canción). Por tanto, no hagas caso de las cientos de canciones de reggaetón y demás que te insisten en que alimentes esa dependencia enfermiza. Solamente dos seres libres son capaces de amar sin barreras.

6. Deja de querer lo que no puedes tener

Que sí, que eso es muy humano querer lo que no se tiene (si es ajeno, mejor) y que nos va mucho la marcha. Pero al menos inténtalo. Porque al final ya es vicio. ¿No será que lo quieres precisamente porque no puedes tenerlo? Si la respuesta es sí, cambia el chip. Aprende a valorar lo que ya tienes, a disfrutar tus logros y gestionar tus anhelos. Saldrás ganando, te lo garantizo.

7. Ama su libertad igual que a su persona

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Quiérele mucho, pero quiérele libre. Libertad significa respirar, tener un espacio propio, tener intimidad. Dale alas. Si también te quiere y es real, jamás volará muy lejos. Quiérele libre y quiérete libre (aunque sea con él). Aunque en las pelis de Hollywood les encante resaltar ese amor pegajoso de juntos forever and ever, la belleza del amor reside en que cada sienta que la otra persona le ayuda a ser más él/ella misma.

8. No es que no quiera; es que no quiere contigo

Y si es que no, es que no. Y es mejor no darle más vueltas. Si tienes que forzarlo, déjalo correr. Porque está claro que no está hecho para ti. Que no es de tu talla. Así que será mejor comprar unos pantalones nuevos. Al final todo es más sencillo de cómo nos lo planteamos: Si no quiere comprometerse, no te quiere. Si no quiere nada serio, no te quiere. Así que buen viento y buena mar. Y a otra cosa, mariposa.

Por lo tanto, te voy a desvelar el misterio: la clave para conquistar almas libres es, precisamente, eso; respetar su libertad. Así la tuya como la de los demás, amén.

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