Los raperos censurados en China que pulverizan récords

Por redaccionnyl el 01/01/2016

En la lista de canciones prohibidas por el gobierno chino, los raperos tatuados de IN3 pulverizan todos los récords: sus temas, que mezclan el dialecto pekinés con ritmos de hip-hop, copan los 17 primeros puestos.

Sus tres miembros llevaban una década llenando salas en Pekín cuando las autoridades los detuvieron en otoño, unas semanas después de que el ministerio de Cultura publicara una lista de 120 canciones censuradas en internet por “propagar obscenidades, [alentar] la violencia, el crimen y atentar contra la moral”.

Los raperos de IN3 siempre han sido un poco arrogantes, pero han procurado evitar los temas prohibidos como los ataques contra los dirigentes comunistas, prefiriendo presumir de ropa y de videoconsolas. A pesar de sus precauciones, puede que jamás vuelvan a tocar en la capital china.

Su canción más famosa, “Diario de la noche de Pekín” -tercera en la lista de temas censurados-, cuenta su vida nocturna en la capital: el alcohol al volante, los flirteos y las peleas con los dueños de los bares.

La letra encadena los tacos contra el coste de los medicamentos, los atascos y la mala insonorización de los edificios, unas quejas recogidas con frecuencia en las propias páginas de los medios oficiales.

“Algunos duermen en los pasillos del metro, otros roban dinero público para sus restaurantes”, canta el grupo en referencia a la corrupción de los funcionarios.

Con una gorra negra calada en la cabeza, Jia Wei, uno de sus miembros, asegura a la AFP: “No sólo queremos criticar a la sociedad, queremos que la sociedad evolucione”.

El trío dedica sus mayores críticas al sistema educativo chino, “el mayor problema” del país, según Jia.

En su canción “Buenos días, profesor”, prometen llenar sus cuadernos de dibujos obscenos y piden a los enseñantes “hipócritas” y “sinvergüenzas” que “se mueran rápidamente”. Una letra que le valió el primer puesto en la lista de temas prohibidos.

– “Dinastía bling bling” –
El grupo no siempre ha tenido relaciones conflictivas con las autoridades.

Durante los Juegos Olímpicos de Pekín, en 2008, la televisión local los filmaba haciendo un rap de lo más consensual: “Aquí los extranjeros quieren hablar pekinés, van a apoyar al equipo de China con nosotros”, cantaban.

Aquel año el diario oficial China Daily los presentaba como “los chicos malos de la dinastía bling bling”.

Pero el gobierno estrechó el control sobre el arte después de los JJ.OO., y Jia Wei explica que ahora es más complicado conseguir las autorizaciones para los conciertos.

“Dudo que puedan volver a actuar en Pekín”, lamenta Amy Wang, una admiradora.

En su búsqueda de un lugar alternativo, IN3 fue a cantar a la provincia de Yunnan, a 3.000 kilómetros de ahí, pero pocos minutos después de regresar a Pekín en avión, la policía entró en el aparato, los esposó y se los llevó, explica Jia.

“Nos tuvieron atados en sillas de interrogatorio, con un pasamontañas en la cabeza”, cuenta, recordando una semana de detención en la que afirma que lo golpearon.

La banda, que nunca ha escondido su consumo de cannabis, habría sido detenida en el marco de una operación antidroga que apuntaba, sobre todo, a los famosos.

Jia Wei ha sido liberado por falta de pruebas, pero está convencido de que su música tuvo algo que ver con su arresto. “Pusieron nuestros teléfonos bajo escucha durante tres meses y nos repitieron nuestras conversaciones”, asegura.

La policía no quiso comentar esas acusaciones con la AFP.

“Un mal lugar”

Tras su liberación, los integrantes de IN3 viajaron a Atlanta, en Estados Unidos, para grabar en los estudios del dúo de hip hop estadounidense Outkast.

El rap sigue siendo marginal en China, donde triunfan más bien las canciones de amor y el pop local y extranjero.

El pionero del rap local, el grupo Yin Ts”ang, sacó su primer álbum en 2003, evitando los temas políticos en unas letras bastante inofensivas.

Decenas de grupos similares han aparecido desde entonces, pero las letras de IN3 “son un reflejo de nuestra generación”, opina DJ Wordy, uno de los pilares del hip-hop pekinés.

Varios festivales musicales fueron anulados este año, recuerda. “Ahora está claro que Pekín es un mal lugar para hacer algo en la música”.

Tom Hancock / AFP

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