“Los tártaros de Crimea estamos peor con Putin que bajo la URSS”

Por redaccionnyl el 26/10/2016

El líder de los tártaros de Crimea, Mustafá Dzhemílev, candidato al Premio Sájarov del Parlamento Europeo, aseguró que, “por increíble que parezca”, la situación de su pueblo es peor bajo la ocupación rusa de Crimea que en tiempos de la URSS.

“Por increíble que parezca, estamos peor que con la URSS. Entonces se podía recurrir a otras instancias. Ahora es imposible. La situación es catastrófica. Somos víctimas de permanente represión por parte de las autoridades crimeas”, asegura en una entrevista por teléfono desde Kiev.

A sus 72 años, Dzhémilev sigue siendo el mayor defensor de los derechos de esa minoría y su autoridad moral es más necesaria que nunca ahora que los tártaros son de nuevo perseguidos en su Crimea natal desde que la península fuera anexionada por Rusia en 2014.

“¿Quién lo hubiera pensado? Luchamos durante 50 años por volver del destierro al que nos condenó Stalin y ahora tenemos que volver a luchar. Es difícil resistir cuando te roban y matan, pero nunca nos rendiremos”, señala.

El propio Dzhemílev, disidente soviético que pasó 15 años de su vida en gulag y prisiones por su defensa de los derechos humanos, nació en Crimea en 1943, pero fue deportado con seis meses a Uzbekistán.

Califica de “vacías” las promesas del presidente ruso, Vladímir Putin, sobre la rehabilitación de su pueblo, la enseñanza de su lengua, la defensa de la toponimia y la cultura tártaras, y la equiparación de rusos y tártaros ante la ley.

“Son vacías como todas las promesas que vienen de Rusia. Es pura demagogia. Nuestro pueblo está siendo discriminado de manera violenta. No existe el pueblo crimeo como tal. El único pueblo originario de Crimea es el tártaro. El resto son colonizadores”, dice.

Y recuerda que Catalina la Grande aprobó también en su momento un manifiesto en defensa de los tártaros, “pero semanas después ordenó degollar a todos nuestros líderes políticos, militares y religiosos, tras lo cuál nos convertimos en una minoría en nuestra propia tierra”, relata.

Estima en unos 25.000 los tártaros que han dicho basta y han emigrado a otros países, de un total de 284.000 que vivían en el territorio bañado por el mar Negro cuando fue arriada la bandera ucraniana e izada la rusa.

Recientemente, el presidente ucraniano, Petró Poroshenko, abordó este asunto con el líder turco, Recep Tayyip Erdogan, uno de los principales adalides de la causa tártara y que prometió buscar puestos de trabajo y viviendas para los exiliados de Crimea.

“Si dices que no estás contento con la ocupación, te procesan penalmente. Si pides un nuevo referéndum también te encarcelan, ya que estás poniendo en duda la integridad territorial de Rusia”, lamenta.

Como la Fiscalía crimea ilegalizó el Medzhlis, la Asamblea Popular tártara, entonces cualquier tártaro que tenga algún vínculo con ese proscrito órgano es tachado de “colaborador con organización extremista”.

“Nos hacen la vida imposible. Putin me ha fastidiado la vejez. La verdad es que ya tenía ganas de descansar, pero la situación es de emergencia. Debo sacar fuerzas de flaqueza. La clave es no perder la identidad como pueblo, aunque vivamos bajo una ocupación”, asegura.

En todo caso, se manifiesta “convencido” de que volverá a Crimea, en donde tiene prohibida la entrada, antes de morir.

“Es una cuestión de tiempo. Ucrania será la última aventura militar de Rusia. Aunque todo dependerá de las sanciones occidentales. Si siguen, Rusia tendrá que ceder, comportarse como un país civilizado y respetar el derecho internacional”, resalta.

Recuerda que también cuando fue enviado a las minas de Kolimá, uno de los campos de trabajo más trágicamente célebres, le dijeron: “Nunca saldrás de aquí. Y yo les respondí que la URSS se desintegrará. Y así ocurrió”.

“Rusia es un país agresor, pero no es la Unión Soviética. Ya no cuenta con el apoyo del Pacto de Varsovia ni con el bando socialista. Su potencial es mucho menor”, subraya Dzhemílev quien considera que todas las desgracias vividas por su pueblo comenzaron en 1783, cuando el imperio ruso conquistó Crimea.

Le alienta también el hecho de que, desde la anexión rusa, los ucranianos apoyan “incondicionalmente” a los tártaros, cuando antes algunos altos funcionarios ucranianos les acusaban de “querer convertir a Crimea en otra Kosovo”·.

Recuerda que Andréi Sájarov, el científico soviético que se convirtió en un defensor de los derechos humanos y que da nombre al galardón, le salvó la vida cuando estaba en el gulag.

“En 1976 me declaré en huelga de hambre. (Andréi) Sájarov se dirigió a los países islámicos para que intercedieran ante el Kremlin. Gracias a su intervención, el KGB intentó salvarme la vida”, recuerda.

Dzhemílev destaca que Sájarov, que recibió el Nobel de la Paz en 1975, siempre apoyó la causa tártara y fue un “apoyo moral” muy importante para ese pueblo.

“Ahora, parece que Sájarov de nuevo acude en mi ayuda. El premio sería muy útil para contrarrestar las mentiras de la propaganda de guerra rusa y para denunciar la ocupación de Crimea”, afirma.

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