“Los martirios de Colón…” Por Aquiles Nazoa

Por redaccionnyl el 12/10/2016

ACTO I

Al levantarse el telón
sale Castilla la Vieja,
con su bocina en la oreja,
su rosario y su bastón.

Abrese luego el portón
y aparece una capilla
donde Isabel de Castilla
se la pasa en oración.

 
 

Isabel (rezando):
Soy la redondez del mundo,
sin mí no puede haber Dios:
papas, cardenales, sí,
pero pontífices, no.

(Llorando):
San Pepe y San Timoteo,
oíd de mi alma los gritos,
y haced, oh santos benditos,
que el Rey consiga un empleo!

(aparece un criado
bastante malcriado)

Criado:
Perdonad la interrupción.
Ahí afuera está de nuevo
el italiano del huevo
con otra demostración.

No lo he dejado pasar,
porque, aunque muy caballero,
tiene ese tercio un pelero
que da mucho que pensar.

Isabel:
¿Te refieres a Cristóforo?
¡Que pase! Pobre criatura:
lo que él tiene no se cura
pero se alivia con fósforo.

(Entra Colón cantando
“La Vaca Lechera”).

Colón:
Tengo una gran carabela,
no es una barca de vela:
está bien calafateada
y la lleva timoneada
Colón, Colón.
¡Colón, Colón!

Isabel:
¡Queridísimo Colón!…
¿A qué vienes a Castilla?
¿Qué buscas en esta villa
famosa por su jabón?

¿Qué se te ofrece, Colón?
¿En qué socorrerte puedo?
¿Por qué andas con ese dedo
parado como un cañón?

Colón:
Pues mi visita de ahora
se debe a que os traigo el mapa
donde, aunque os parezca chapa,
mi tesis se corrobora
de que es la Tierra, señora,
redonda como una papa.

Isabel:
¿Papa el mundo que Dios hizo?
Pues vaya tesis extraña…
(¡Entienda que en esta España
hay más locos que el carrizo!)

Mas papa, salchicha o queso,
para usar vuestros vocablos,
¿queréis decirme qué diablos
tengo yo que hacer con eso?

Colón:
Que si una buena mascada
me entrega vuestra persona,
muy pronto la real corona
tendrá esa papa pelada.

Isabel:
¿Trajiste el presupuesto?

Colón:
¡Por supuesto!…
Aquí tenéis todo el plan,
incluyendo camarera
y un entierro de primera
por si muere el capitán.

Isabel:
¡Pero eso es más de un millón!
O, al menos, eso aparenta.
¿Por qué no sacas la cuenta?
¡Saca la cuenta, Colón!

Colón (contando con los dedos):
Un cuartillo es un cuartillo;
dos cuartillos medio real,
tres cuartillos, tres cuartillos
cuatro cuartillos, un real…

Isabel:
Mi pena es infinita,
pues la contestación
es que yo ahorita ahorita
no tengo ni un doblón.

(Llorando):
¡Ay, Cristóbal,
nada iguala
nuestra mala
situación!
Le adeudamos
a Macherna
su quincena
de oración;

Torquemada
brinca y salta
por la falta de carbón;
no le damos
un mendrugo
ni al verdugo
ni al bufón,
y Anastasio
mi alquimista
se contrista
con razón:
de mil mezclas
que ha intentado
no ha sacado
ni latón.

Colón:
Pero, y aquesos banquetes
que os pegáis con estofado,
con embriagantes claretes,
con perniles de venado
y una lonjas de pescado
que brillan como machetes
y un champán color dorado
cuyos corchos, cual cohetes,
estallas en los golletes
y van a dar al tejado…
¿Acaso todo eso es fiado?

Isabel:
Esos, querido Colón,
son sobrados que a Fernando
le mandan de cuando en cuando
sus parientes de Aragón.

Colón:
El viento está ligero,
tranquila está la mar…
Si no tenéis dinero,
dadme algo que empeñar.

Isabel:
Pues bien, toma esta prendas,
las limpias con alcohol
y por lo que las vendas
te compras el perol.

Le entrega al descubridor
con un gran desprendimiento,
seis frascos de linimento
y un reloj despertador.

Colón:
De todo se desprendido…
¡Que soberana tan noble!
Si llego a pedirle el doble
también hubiera caído!

De pronto llegan
catorce sabios
con astrolabios
de este color,
y se apoderan
rápidamente
del eminente
descubridor.

Coro de Sabios:
Ya la reina te dio real,
más no irás al Continente
si no sales con un veinte
del examen trimestral.

Sabio I:
Cristóbal, venga al tablero
y a ver si nos adivina:
entre el huevo y la gallina
¿cuál de los dos fue el primero?

Sabio II:
Antes de emprender camino,
conteste, señor Colón,
¿por qué el rabo del cochino
parece un tirabuzón?

Sabio III:
Contéstanos sin tropiezo,
¿por qué razón al zamuro
le ha salido ese pescuezo
como un plátano maduro?

Otro sabio, de Silesia,
con un revólver le apunta
y en rumano le pregunta
por qué entra el perro a la iglesia.

Pero tiene el genovés,
tal crisis de nerviosismo,
que hablar con él es lo mismo
que llamar al 103.

Todos los Sabios:
Contestarnos no ha podido,
y es nuestro fallo aplastante
que el mencionado almirante
tiene el cerebro podrido.

Y a punto de fracasar,
Colón el ingenio extrema,
y entonces pide una ñema
para poder contestar.

El pedido estrafalario
causa a Macherna extrañeza,
pero asomó la cabeza
por detrás del escenario.

Macherna:
Pí, pí, pí, pí, pí, pí,
Pí, pí, pí, pí, pí,
Pí, pí, pí, pí,
Pí, pí, pí,
Pí, pí,
Pí,

Entonces hace
por una esquina
la Real Gallina
su aparición;
se sube el traje,
se mete al nido
y hace un pedido
para Colón.

Y a todo el mundo
deja asombrado
del resultado
de su gestión,
pues es gallina
de estilo nuevo
y en vez de un huevo
pone un mamón.

Colón:
¡Así como ha hecho
la gallina esa,
yo también podría
dar la gran sorpresa!

ACTO II

Ya lista la embarcación
y embarcado el bastimento,
fregado, pero contento,
sale de Palos Colón.

Colón y sus Marinos:
¿Izasteis las velas?
¡Izadas están!
¿Levasteis el ancla?
¡También, capitán!
¿Abordo están todos?
¡Ya todos están!
Tocad la campana.
Muy bien, capitán,
¡titaqui titán!
¡titaqui titán!

Colón (al pueblo):
¡Adiós, viejos y chavalos!
A dejaros ya me apronto,
pero os prometo que pronto
regresaremos a Palos!

ACTO III

Alta mar. Pasa el navío.
La escena que se ve a bordo
no es escena sino un lío
verdaderamente gordo.

Colón:
¡Santo Dios, no sé que hacer!
Se me está alzando la gente
y el fulano Continente
ni sueña en aparecer.

Y a regresar no me atrevo;
los barcos están muy malos
y si de vuelta los llevo
tal vez no lleguen ni a Palos.

Y tan sumido Colón
está en su preocupación,
que pasa la noche entera
manejando una ponchera
creyendo que es el timón.

EXTRACTOS SIGNIFICATIVOS
DEL DIARIO DE COLON

Lunes

“Hoy es treinta de febrero
y no hay de tierra ni asomo.
Yo por mi parte estoy como
tablita de gallinero”.

Lunes siguiente

“Con tirarme por la borda
me amenazaron ayer.
Algo me hace suponer
que aquí se va a armar la gorda”

Dos lunes después

“Después de quitarme el mando
Vicente Yañez Pinzón
me amarró de un botalón
en el que voy meditando:
¿Será que está conspirando
Vicente Yañez Pinzón?”

Marinero I (a Colón):
Si no da en puerto el navío
en tal fecha de tal año,
os vais a llevar un baño
de padre y muy señor mío!

Colón:
¡No, no, yo no se nadar!
Hacedlo por patriotismo:
¡No me tiréis al abismo
donde reina el calamar!

Marinero II:
Pues si lo haremos, Colón;
o desandas el camino
o de tu triste destino
dará cuenta el camarón.

Colón:
¡No lo hagáis, pues es grotesco
que yo, tan noble y honrado,
tenga por tumba un pescado
que a lo mejor no es ni fresco!

(Llorando):
¡Oh! ¡Que desgracia la mía!
¡Morir como una langosta
junto a un peñón de la costa
que bate el mar noche y día!

Pero Rodrigo de Triana
grita: ¡Tierra! en ese instante
y así es como el Almirante
se salvó por la campana.

Autor:
Y con esta conclusión
en que se salva Colón,
finaliza el drama escrito
por el famoso erudito
Mamerto Ñañez Pinzón.

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