Los deseos ridículos. Por Charles Perrault

Si fuerais menos razonable me guardaría mucho de contaros esta fábula loca y poco galante que voy a relataros.

De una vara de morcilla es la materia.

-¡Una vara de morcilla! ¡Piedad, querida mía! ¡Qué horror! -gritaría una Preciosa, que, siempre tierna y seria, no quiere oír hablar más que de los asuntos del corazón. Pero a vos que sabéis contar más cautivadoramente que nadie y con esa expresión tan natural que nos parece estar viendo lo que escuchamos, que sabéis que en la manera en que está inventada una cosa está la belleza, más aún que en la materia del cuento; a vos os gustará mi fábula y su moralidad. Me atrevo a deciros que estoy plenamente convencido.

Si fuerais menos razonable me guardaría mucho de contaros esta fábula loca y poco galante que voy a relataros.

De una vara de morcilla es la materia.

-¡Una vara de morcilla! ¡Piedad, querida mía! ¡Qué horror! -gritaría una Preciosa, que, siempre tierna y seria, no quiere oír hablar más que de los asuntos del corazón. Pero a vos que sabéis contar más cautivadoramente que nadie y con esa expresión tan natural que nos parece estar viendo lo que escuchamos, que sabéis que en la manera en que está inventada una cosa está la belleza, más aún que en la materia del cuento; a vos os gustará mi fábula y su moralidad. Me atrevo a deciros que estoy plenamente convencido.