“Lo siento, pero ya no me interesa tu amistad”

Por redaccionnyl el 18/09/2016

Lleva ahí tanto tiempo que ya me he acostumbrado. Pero en realidad odio sus comentarios, no comparto en absoluto su visión de la vida, nuestros intereses son totalmente distintos y es mi primer objeto de crítica cuando hablo con otro colega. ¿Por qué a veces mantenemos una amistad aunque, objetivamente, no tenga ningún sentido hacerlo? Siempre se dice eso de que “la familia te toca y los amigos se eligen”, pero hay veces en las que parece que un colega permanece en tu vida porque no queda otro remedio. ¿Por qué nos cuesta tanto aceptar que esa persona dejó de ser mi media naranja amistosa hace mucho tiempo?

Este proceso tiene muchos paralelismos con el que se da cuando una pareja se desenamora. Todo empieza con una pequeña manía del amigo en cuestión que te empieza a sacar de quicio. ¿Desde cuando hace eso?, te preguntas, ¿cuando lo conocí era así o es cosa de ahora? Al principio tampoco le das mucha más importancia pero, con el tiempo, lo que te pone de los nervios va ganando terreno a todo aquello que un día o bien no veías, o te parecía estupendo.

Es un proceso imparable: al principio desfogas tu ira otros colegas y hacéis pequeños comentarios como: “Jolín, ¿no te pone histérico cuando X hace esto?”. Después, esto se convierte en diálogos infinitos sobre todo lo que no te gusta de esa persona, sobre lo diferentes que sois y cuánto necesitas irte lejos para respirar o vas a explotar. Después hasta te envías pantallazos con otros amigos comentando (o sea, criticando) sus publicaciones en Facebook o la última foto que ha colgado en Instagram.

Esto va in crescendo hasta que alguien te pregunta: “Pero, ¿por qué sigues siendo su amiga? Le deben pitar los oídos constantemente”. En ese instante, además de sentirte como una auténtica maruja criticona, te planteas qué es lo que te sigue uniendo a esa persona. Ahí es cuando debes reflexionar sobre si de verdad sigue aportando algo a tu vida o ha llegado a convertirse en algo tóxico.

Por otro lado, hay que puntualizar que en las relaciones de amistad, como en todo, hay etapas. Antes de crucificar a nadie para siempre, identifica si estás atravesando una época pasajera de manía y poco a poco todo vuelve a la normalidad o si este periodo se está alargando de forma peligrosa. Si lo que os hacía falta era un pequeño distanciamiento para reajustar vuestra relación o si estás tan hasta arriba que no hay manera de que esa persona vuelva a encajar en tu vida.

En este último caso, no es un problema tuyo y, seguramente, tampoco suyo. Simplemente has de aceptar que las relaciones van y vienen y que puede que llegue un día en el que haya que marcar el final definitivo.

Antes de tomar esta decisión, asegúrate de las consecuencias y no hagas que la amistad se joda tanto como para acabar de mala manera. No hay necesidad. Trata de hablarlo con esa persona de forma madura o, si incluso eso te agobia, hazle notar de forma paulatina que ha perdido ese espacio en tu vida. Cuando vea que dejas de contar con él, pillará la indirecta.

Pamela Val / Código Nuevo

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