Las películas que debes ver si quieres acostarte con una intelectual

Por redaccionnyl el 28/10/2016

Son fáciles de identificar: hablan solo lo necesario y se ríen poco en las fiestas aunque la estén pasando maravillosamente, evitan los tacones demasiado altos, todo su atuendo delata que poseen vidas muy ordenadas; además, cuando hablan emplean con sumo disimulo algunos cultismos sobre arte, literatura, ciencia o música con los que sienten que se están proyectando mejor con respecto a su interlocutor.

Son las intelectuales. Este artículo trata sobre las películas que debes ver para acostarte con una de ellas. Pero agradecemos a los lectores que entiendan las siguientes recomendaciones apenas como parte de un proceso que incluye libros, seducción y condiciones económicas mínimas.

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Lo único a considerar es que si no has visto estas cintas y ella sí, todo será más difícil para ti. Sin embargo, si ella no las vió y tú sí, tendrás sexo cuando la invites a tu casa a verlas.

Los cuatrocientos golpes (François Truffaut, 1959)

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Métete en la cabeza estas palabras: Nouvelle vague.
Entra a Wikipedia y lee todo lo que puedas al respecto, sobre todo trata de crearte tu propia teoría porque si esa chica conoce el tema y se entera de que tú también, te querrá como el padre de sus hijos o como su compañero de vida en el poliamor con el que seguramente sueña.

Truffaut es uno de los grandes de este género del cine francés y esta película su obra culmen. El blanco y negro y el tono autobiográfico de la obra -infancia atormentada incluida- tienen mucho que ver con el cine de autor, el cual debes consumir habitualmente para entrar en este Olimpo. Si conoces la cinta, parecerás sensible, cultureta y transgresor al mismo tiempo; si tus interlocutores no la conocen, quedarás como un dios/diosa.

Rashomon (Akira Kurosawa, 1950)

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Esta está basada en dos cuentos de Ry?nosuke Akutagawa que también debes leer para acostarte con esa mujer: “Rashomon” y “En el bosque”. Como Kurosawa le dio cierta lentitud artística a todo lo que hizo, de ti dependerá aprovechar los tiempos de la película para decir el comentario que ella está esperando o simplemente optar por hablarle de los cuentos cuando ella –sin que tú intervengas– nombre alguna vez el cine japonés o se acerque a este director por algún extraño azar.

Fellini, ocho y medio (Federico Fellini, 1963)

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Este sueño-realidad italiano tiene miga. Recuerdos, diablos y amores a partir de los cuales un director de cine italiano busca inspiración para su nueva película. Y lo hace lanzando una trampa al espectador, que se queda deambulando en un universo surrealista, introspectivo y real al mismo tiempo. Woody Allen le homenajeó en Recuerdos, Paolo Sorrentino hizo lo propio en La gran belleza y tú debes mamar de su sapiente teta si buscas ser un hacha en el quesito rosa del Trivial.

Dogville (Lars Von Trier, 2003)

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Lars Von Trier se sacó de la manga este incomparable drama psicológico que analiza el lado oscuro del ser humano. Si todavía tienes pesadillas por el cartón-piedra de Aquí no hay quien viva, en Dogville, vas a flipar, porque Nicole Kidman se pasea por un pueblo de los años 30… ¡dibujado con tiza! Por suerte, la psicología del filme es tan honda que quizá te dé vueltas la sesera durante los 177 minutazos de visionado. El bueno de Lars dejó claro que puede hacer lo que le salga de sus huevos daneses y ser aclamado por crítica y público, aunque la mitad no entendieran nada.

2001: una odisea en el espacio (Stanley Kubrick, 1968)

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Infumable para algunos e ininteligible para otros, esta obra mayúscula de Kubrick es uno de los engranajes que mueve el séptimo arte. A quién no se la hicieron tragar en clase de filosofía. Y entonces te la resbaló, pero deberías volver a verla. Si no la entiendes, cosa muy probable si no eres la reencarnación del director, hay webs que explican interesantes teorías. La comprensión de la película y sus bellas e inquietantes imágenes acabarán por demostrarte que Star Wars es un episodio de Doraemon al lado de esta aventura espacial. La evolución del hombre, Nietzsche y un simbolismo apabullante ponen los ingredientes a este plato de obligatoria degustación.

Mulholland Drive (David Lynch, 2001)

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Los cinéfilos más pedantes sostenían que este experimento “lynchiano” era tan grande como la Capilla Sixtina. Una historia lésbica, con tufillo visual a telefilm y varios personajes bizarros que no convencían ni a los atrevidos que se habían tragado El acorazado Potempkin (si tampoco sabes cuál es, no sufras demasiado).

Recientemente, ha sido considerada la mejor película del siglo XXI por 177 críticos. A muchos se les borró la cara de guasa de un plumazo; pronto les señalarían como si su película favorita fuera Colega, ¿dónde está mi coche?. David Lynch es libre, creativo y, haciendo uso del surrealismo y la desestructuración narrativa como quien va a comprar el pan, te saca un producto aparentemente torpe con alma de diamante.

El séptimo sello (Ingmar Bergman, 1957)

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Lo tiene todo para que parezcas el hijo de Martin Scorsese: blanco y negro, los 50’s y un director sueco. Un guerrero que juega al ajedrez con la muerte y que parecería un sketch de Cruz y Raya si no fuera por el contenido filosófico que trae detrás. La búsqueda del sentido de la vida es un concepto tan abstracto que sirve como argumento para las películas favoritas de cualquier hipster pretencioso. Además, podrás decir que ya conocías a Max von Sydow antes de Juego de Tronos -interpreta al Cuervo de Tres Ojos-. Esas cosas siempre quedan cool.

12 hombres sin piedad (Sidney Lumet, 1957)

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Joyita que triunfa en esta lista por sus brillantes conversaciones en un solo decorado de 30 m2. Un jurado debe decidir sobre la culpabilidad o inocencia de un sujeto. Para ello, se ponen en tela de juicio conceptos como la justicia y la conciencia. Además, actúa Henry Fonda, miembro honorífico de ese grupo de actores (junto a James Stewart, Cary Grant o Gregory Peck) de la primera mitad del siglo XX que parecen fotocopias. Hombres duros, repeinados y con traje. Un clásico que te hará pasar la primera prueba de acceso al club de los cinéfilos.

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