Las lecturas de Nelson Bocaranda

Por Néstor Luis González el 04/01/2016

El miedo que hace siglos nos provocaba lo desconocido, hoy se lo tenemos a la certeza. Es que hace rato la humanidad encendió la luz del cuarto, y ese pánico del niño por los monstruos y por las ánimas se convirtió en el terror del adulto ante los terremotos, los misiles y los gobiernos.

Algunos se refugian en la ficción. Otros enfrentan la realidad y buscan, con una valentía de mito, entenderla y propagarla para advertirle al prójimo. Nelson Bocaranda es uno de esos que luchan por la verdad como la única manera de entender la justicia.

Pero para bañarse de realidad hay que prescindir del cómodo cobijo de la fantasía. Por eso no titubeó antes de aclarar que no le gustan las novelas, ni los cuentos ni las demás ficciones.

-¿Y qué le gusta leer a Nelson Bocaranda?

-Leo muy poca ficción. ¡No me gusta leer ficción! Me gusta leer libros de actualidad, de realidad. No me gusta leer novelas, ni esa… ¡No me gusta! Pero te leo de todo: inclusive historias de gente que… ¡Periodistas! Entrevistas que han hecho… análisis de distintos temas. ¡Me gusta mucho la cuestión global!

-¿Y ahora qué está leyendo?

-Estoy leyendo uno que es el de Mark Kurlanski sobre la historia del mundo a través de la sal. Lo he ido leyendo por pedacitos. ¿Qué pasa? Abro un libro, lo tengo entre otros cinco o seis que estoy buscando, y leo un pedazo y tal. Soy muy poco constante pegado a un libro así completico, porque, como ando en tanta cosa metido, no me da tiempo. Aprovecho mucho un viaje, aprovecho mucho un viaje en avión para leer y disfrutar con tranquilidad. Pero no soy amante de la ficción, ni de la novela. Puedo leerte de todo: leo mucha información, leo mucho periódico, leo mucha revista, y leo mucha actualidad. Me gusta estar al día con lo que está pasando en el mundo entero.

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Ahora mismo usted, lector, está expuesto en la Internet a millones de contenidos que podrían distraerlo de esta lectura. Así es como el mundo se mantiene hoy informado: gracias a periodistas que propagan la realidad casi en tiempo real. Sin embargo, cuando la red aún no era una extensión del hombre, los periodistas debían cumplir la misma misión de informar con precisión absoluta. Por eso los que “pateaban calle” buscando la noticia de hace cuarenta años tienen ventaja en la agudeza de sus sentidos. Por eso, tal vez, Bocaranda habla así:
-Yo empecé como reportero en el 62. Cumplí 50 años de trabajo…
Y por eso, tal vez, Bocaranda se interrumpe así:

-¿Y ese ruido? Ah, no, es el micrófono. Claro, es que están oyendo allá, perdón, perdón, es que estoy oyendo y creía que era esto. Ah, claro y sentía que era una bulla y era el audífono. Yo tengo hipersensibilidad de oído, y de olfato…

Y continúa:

-Antes uno trabajaba con una cámara que… Primero, el grabador que me tocó a mí era un Siena de carrete, con diez pilas que pesaban seis kilos más o menos. Para llegar a lo que tenemos hoy con lo que tú me estás grabando, imagínate. La cámara era una Auricón de 16 milímetros que duraba tres minutos y había que llevarla a revelar. Yo andaba por toda Caracas: Miraflores, la Presidencia de la República, los Ministerios, el Congreso, lo único que quedaba fuera del centro de Caracas era el Ministerio de la Defensa, que estaba en Fuerte Tiuna; pero lo demás, todo, quedaba ahí, entonces tú cubrías concejos municipales, tenías la universidad, el Congreso, caminabas y disfrutabas de esa Caracas para llegar y entrevistar con tu grabadorcito, o tu libreta, eran momentos muy distintos. Luego me tocó agarrar los videotapes, las grabadoras de video, y la cuestión electrónica, que a mí me ha fascinado. Entonces, en sentido de tecnología el cambio es brutal. En el otro sentido, yo creo que hoy en día es mucho más fácil para la gente conseguir información. Hoy nadie puede mentir porque tú te metes en Internet y descubres las verdades. Nadie te puede venir a meter un cuento de que yo hice tal cosa, o de yo soy tal, ¡no! Vamos a ver quién eres. Vamos a googlear”.

La entrevista transcurre en su puesto de trabajo. Mariela Celis hace como si se va, y mientras tanto Bocaranda responde preguntas manteniéndose al tanto del más mínimo ruidito, de la televisión, del taconeo de su compañera, del fotógrafo, de la productora y de una cena que tiene al salir de la radio.

-¿Le puedes bajar un poquitico a la televisión? ¡Ajá! ¡Esa es la cadena! Ay, Dios mío… Ah no, yo pensé que era una cadena, bueno, seguimos Ajá… Antes, a lo mejor teníamos enciclopedias. Yo regalé las mías, las acabo de regalar a una universidad, porque yo creo que con el acceso que tenemos en la Internet… Estaba leyendo el otro día que antes tú tenías que guardar en la memoria una gran cantidad de información y que hoy en día lo que tienes que recordar es el sitio donde está la información: la página web”.

-¿En qué países ha notado mayor interés por la lectura?

-En Argentina. Mucho en Colombia, mucho en España. ¡En Brasil! Cosa que me sorprendió, pero bueno, es un monstruo de país: allá las librerías son algo extraordinario, gigante, además de los servicios para recibir libros en tu casa. Colombia tiene, por ejemplo, revistas que reparten por correo, y te llegan los lunes. Cuando funciona el servicio de correos tú te das cuenta de que hay posibilidades para leer y para tener material fresco. En Venezuela no hay ninguna revista que dure y que proporcione lecturas de análisis de noticias. Bueno, aquí ves la revista Zeta, pero estamos muy mal en ese sentido, aquí estamos viéndonos los periódicos.

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– ¿Somos más cultos con la Internet y las redes sociales?

En materia noticiosa, cultura es estar al día. Con la Internet estamos más cerca de todo. Tenemos la información más a la mano, claro que en las redes sociales hay que filtrar, porque no todo lo que sale es cierto, pero hay una posibilidad enorme con el Twitter. Yo no uso Facebook ni nada, uso mucho Twitter y la verdad es que me fascina porque si hay una mentira se cae rápidamente, porque la gente de una vez la destruye: esto no es así, esto pasó de tal forma, y bueno, yo creo que la gente está cada vez más interesada, porque a medida que se nos trancan las fuentes informativas y hay más censura y autocensura, estas redes crecen, yo creo que el crecimiento del Twitter tiene dos puntos claves: en el mundo uno, y en Venezuela otro. Hace como cinco años, los iraníes empezaron a tuiterar la situación que tenían e inclusive sacaron fotos, videos, audios de los rezos del ramadán y de todo lo que estaba pasando, y nos pusimos al día con lo que era la represión en Irán. En Venezuela pasó un caso curiosísimo, que fue cuando Twitter se alargó el pantalón en el país: los estudiantes hicieron una manifestación y pidieron ir a la plaza Brión en Chacaíto. Por Twitter cambiaron la dirección de la manifestación y se fueron al canal 8, e hicieron sacar al director del canal a recibirlos. El Gobierno botó al director del canal por haberlos recibido, pero movieron eso por ahí. Entonces el Gobierno se dio cuenta de que Twitter era una amenaza, y empezó a preocuparse muchísimo y a crear sus propias redes. Creo que son momentos estelares en el sentido de que la gente quiere tener acceso a la información. Venezuela ha sido un país que siempre ha estado bien informado. Los venezolanos, comparados con el resto del mundo, sabemos mucho de otras partes, nosotros sabemos de Estados Unidos, sabemos de Europa… En cambio en muchos de esos países saben solo de ellos mismos y si acaso de sus vecinos.

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-¿Qué libros recomienda?

-Yo no recomendaría libros del acontecer noticioso, porque creo que estamos todos informados de la actualidad. Vale la pena cualquiera de estos libros de historia reciente que tienen una gran cantidad de análisis sobre los últimos años en Venezuela: sobre situaciones que hemos vivido durante los últimos 15 ó 20 años. Están pasando tantas cosas todos los días que se nos olvida hasta lo reciente. Además, también hay otra cosa: tenemos 14 años con un mensaje cambiando la historia, y yo creo que eso hay que enfrentarlo leyendo la historia de verdad, porque nos meten cualquier cuento, nos cambian la historia, nos cambian el país, nos cambian los nombres, entonces yo creo que hay que estar al día en lo que de verdad es Venezuela.

-La historia la escriben quienes ganan las batallas. En democracia, ¿depende de los venezolanos decidir quiénes las ganan?

– Yo creo que sí, la democracia es clave. Uno no puede ser pasivo ante el acoso. Y si uno se calla termina siendo cómplice.

Termina la entrevista. Bocaranda insiste en que está muy apurado porque una cena lo espera. Como la noticia, esa cena también es parte de la realidad: es para él otro dato cuyo conocimiento requiere una responsabilidad irreductible, no la de informar, pero sí la de ser puntual.

-Gracias.

-Te recomiendo entonces ese libro sobre la historia de la sal. A mí me lo recomendó Miro Popic: la sal ha sido, desde instrumento de cambio como moneda hasta poder de imperio. A Miro Popic se lo regaló un cocinero de estos famosos, y bueno, me entusiasmé muchísimo.

-Muchísimas Gracias.

-Bueno, no vale, encantado, pues, con gusto, pues, okey.

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Fotos: Edisson Villegas

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