La visita de Maduro a Villa Rosa o cuando el hambre es más fuerte que el miedo

Por redaccionnyl el 03/09/2016

El peor miedo de Nicolás Maduro y muchos de los que lo acompañan en su Gobierno, se hizo realidad por algunos minutos en Villa Rosa. El pueblo “organizado y en la calle” lo interceptó (como si de una comisión del SEBIN se tratara) y lo atacó con las armas más poderosas: los peroles de la cocina, los mismos que usan cada vez menos, producto de la ineficiente gestión económica y social chavista.

La comunidad de Villa Rosa, expuso mundialmente el viernes, el rechazo rotundo del pueblo venezolano a la nefasta gestión del Gobierno militar de Maduro y el corrupto Partido Socialista Unido de Venezuela.

El “golpe” nació de sus propias filas, ciudadanos que hasta hace muy poco levantaban las banderas revolucionarias y chavistas, se prendieron con un combustible explosivo: el hambre; que los organizó para atacar directo a la fuente de sus problemas: El Presidente de la República.

Villa Rosa es una de las urbanizaciones más emblemáticas del municipio García y del estado Nueva Esparta, fundada hace unos 30 años. Se caracteriza por la construcción de modestas casas, veredas, parcelamientos y bloques de apartamentos, estos últimos visibles desde lo más distante y tipifican esta palpitante ciudad satélite, que ha dejado de ser «dormitorio» para alberga una entusiasta población.

Los bloques del 23 de Enero en Caracas, son lo más comparable a la urbanización Villa Rosa en Margarita, salvando las diferencias.

En las elecciones presidenciales del año 2013, las comunidades que conforman la parroquia Francisco Fajardo, del municipio García (Villa Rosa, Villa Juana, San Antonio y sus alrededores) dieron el voto a Maduro con un 52,29% contra 47,54% del líder opositor Henrique Capriles (quien además fue el que viralizó en redes sociales el controversial video) una buena ventaja, considerando que el resultado nacional de esa votación fue con una diferencia cercana al 1% a favor del exchofer y denunciada como fraude por la oposición.
El año pasado, en las elecciones para la Asamblea Nacional, los ciudadanos de la parroquia le voltearon la mesa al partido PSUV y votaron un 56% a favor de la oposición, reunida en la Mesa de la Unidad.

El rotundo rechazo, más visible que los votos en contra, se gestó a partir de las siete de la noche del viernes, a medida que Maduro hablaba en cadena de radio y tv, el sonido de las cacerolas se empezaba a colar con insistencia en sus oídos, eran un grupo de ciudadanos de Villa Rosa que le protestaban en varias calles cercanas, lo rodeaban.
El presidente de Venezuela se encontraba en la zona haciendo entrega de 148 casas rehabilitadas para los habitantes del sector. Al salir del evento debía pasar por la calle principal de la zona, en donde fue esperado por una masa de vecinos que desde los balcones y las aceras golpeaban cualquier tipo de instrumento que pudiera generar un sonido tan estruendoso como el de una cacerola vacía impactada por una cuchara de metal.

Testigos afirman que los escoltas y vehículos de la seguridad del presidente salieron adelante y dejaron rezagada la blindada camioneta negra en donde se encontraban Maduro, el gobernador de la entidad, Carlos Mata Figueroa, exministro de la Defensa del fallecido Hugo Chávez y el gobernador del estado Aragua, Tareck El Aissami.

Aun sin razón oficial, el presidente obrero decidió detener la camioneta y salir a enfrentar a los bulliciosos vecinos. Cuenta un testigo, que una señora de mediana edad intentaba responder al enfrentamiento de Maduro con certeros golpes en la cabeza con un aripo que traía en la mano. ¿Quién habría imaginado que un utensilio para cocinar arepas sería utilizado por un ciudadano común para tratar de conectar con la realidad el tan cuestionado cerebro presidencial?.

Muchos vecinos miraban asombrados los acontecimientos, al reaccionar, se unieron al reclamo, decidieron no solo cacerolear, sino ser parte de la historia política del país.
Lanzaron piedras, gritaron improperios, descargaron su arrechera como lo hacen contra el delincuente que los mantiene azotados en la zona y que es atrapado en flagrancia robándole lo que tanto sacrificio les cuesta obtener.

El hambre no sufre de miedos. La zona popular donde el presidente entregaría las casas reconstruidas, es hogar de entre 6 y 8 mil personas de clase media y baja, la mayoría ha sufrido de forma frontal la escasez de comida, y deben trasladarse hasta los supermercados de la ciudad de Porlamar (epicentro económico y comercial), en donde, desde la madrugada y por varias horas, hacen kilométricas colas para adquirir productos de la cesta básica como la harina de maíz, mantequilla, aceite vegetal, arroz, pasta y hasta detergentes para la ropa (todos con precios regulados por el mismo Gobierno desde hace años y desde los últimos meses con aumento autorizados y paulatinos de hasta 600% en algunos rubros).

Las últimas ocho semanas los vecinos Villa Rosa habían visto aumentar las ventas de bolsas de comida organizada por los novedosos CLAP (Comité de abastecimiento de Abastecimiento y Distribución) una reciente estrategia del Gobierno para controlar la entrega de alimentos a través de bolsas y de forma directa en cada casa, que se ha convertido en una cadena de corrupción entre militares y funcionarios de la red de alimentos del Estado.

Al menos una vez por semana estaban recibiendo la bolsa, un lujo del que pueden presumir pocas comunidades del estado Nueva Esparta, algunas deben esperar hasta un mes para comprar los alimentos, la mayoría de las veces incompletos en raciones que no alcanzan ni para una semana.

Una de las “esperanzas” es que en medio de la organización de la XVII Cumbre de Países No Alineados, las autoridades nacionales y regionales, han prometido dotar a Margarita de alimentos, algo que la gente espera se cumpla con la misma celeridad (de última hora) con las que hacen las obras de construcción y remodelación de calles y avenidas en los alrededores del hotel Venetur, sede de la cumbre que se realizará entre el 13 y el 18 septiembre con la presencia de presidente y representantes de al menos 120 países.
Pero la rabia e impotencia que generan el hambre no se controla con dádivas de último minuto. Estoy seguro que el Presidente y los gobernadores involucrados, no conocen los efectos del hambre en el pueblo. Una de las zonas “rojas” (por seguridad y por política) más emblemáticas de Margarita se le arrechó a Maduro y a los suyos, y los enfrentó a la venezolana, de frente y sin miedo.

De nada les sirvió que la zona estuviera militarizada y bajo “control” de centenares de motorizados oficialistas desde bien temprano del viernes en la mañana. El hambre es más fuerte que el miedo.

La historia está viva y el iracundo presidente y sus adláteres no se han quedado de brazos cruzados, su respuesta apenas comienza, la comunidad de Villa Rosa vive desde anoche un toque de queda no oficial, pero entre ventanales de zinc y patios sin paredes, los vecinos sonríen de medio lado, con la convicción de que sus actos son el reflejo del sentimiento de todo un país.

Por Moisés Estaba Velásquez

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