La vida triste y feliz de Oquendo de Amat

Por Luis Figuera el 01/04/2016

Carlos Oquendo de Amat escribió con dulzura como si cantara a ritmo de una canción alegre. Su poesía es de una sonoridad y un colorido contagiosos, en la que destacan las imágenes surrealistas y la expresión lírica de un profundo amor por la vida y las cosas sencillas.

Gutiérrez Sousa afirma: “La poética de Oquendo es espacial y advierte una musicalidad totalmente novísima, donde se combinan sonido y espacio, que en música nace con las innovaciones de Bela Bartok, Stravinsky (pájaro de fuego), o lo dodecafónico de Stockhause”.

Es uno de los referentes más importantes de las vanguardias, su obra está llena de un cinetismo que recuerda los espacios oníricos de la vigilia.

Dejó escrito un solo libro que muchos catalogan como una rareza literaria, no solo por la limpieza y la audacia del lenguaje, sino por la confección en forma de acordeón y el título Cinco Metros de Poemas, publicado en 1927 en Perú.

A pesar de ser descendiente del virrey del Perú, Manuel de Amat, su vida fue un drama de sufrimiento y de dolor físico y persecuciones políticas por su militancia en el Partido Comunista. A los 13 años perdió a su padre y a los 17 a su madre por tuberculosis. A partir de allí comenzó a deambular y cayó en un estado de pobreza casi absoluto, que lo llevaría a Francia y posteriormente a Madrid, donde es internado en un sanatorio de caridad y muere también de tuberculosis en el momento más creativo de su carrera.

Mario Vargas Llosa, en 1967, al recibir el premio Rómulo Gallegos, lo recordó así: “Hace aproximadamente treinta años, un joven que había leído con fervor los primeros escritos de Breton, moría en las sierras de Castilla, en un hospital de caridad, enloquecido de furor. Dejaba en el mundo una camisa colorada y “Cinco metros de poemas” de una delicadeza visionaria singular… este compatriota mío había sido un hechicero consumado, un brujo de la palabra, un osado arquitecto de imágenes, un fulgurante explorador del sueño, un creador cabal y empecinado que tuvo la lucidez, la locura necesaria para asumir su vocación de escritor como hay que hacerlo: como diaria y furiosa inmolación”.

P u e r t o

El perfume se volvió un árbol
y vuelan los colores
de los transatlánticos
En el muelle
de todos los pañuelos se hizo una flor
Va cantando la música lineal de un bote
y el calor pasta la luna
De una taberna
un marinero
saca de las botellas cintas proyectadas de infancia
El es ahora Jack Brown que persigue al cow-boy
y el silbido es un caballo de Arizona
UN SUSPIRO DETRÁS DE LA MAÑANA
Y para que se ría
la brisa trae
l o s c i n c o p é t a l o s d e u n a c a n c i ó n

M a d r e

Tu nombre viene lento como las músicas humildes
y de tus manos vuelan palomas blancas

Mi recuerdo te viste siempre de blanco
como un recreo de niños que los hombre miran desde aquí distante

Un cielo muere en tus brazos y otro nace en tu ternura

A tu lado el cariño se abre como una flor cuando pienso

Entre tí y el horizonte
mi palabra está primitiva como la lluvia o como los himnos

Porque ante ti callan las rosas y la canción

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