La verdadera y cruda historia detrás de la película Hostal

Por redaccionnyl el 12/10/2016

Un plan soñado por muchos: una mochila, un colega y a recorrer Europa buscando fiesta y libertad. Ese es el arranque de Hostal, la película de Eli Roth y apoyada por Quentin Tarantino que dividió a la crítica en 2005. ¿Por qué? Hostal es una peli para la que el término ‘gore’ se queda corto. Cortísimo. Paxton y Josh, los dos colegas y protagonistas de esta historia, cogieron cuatro trapos y volaron hasta Holanda buscando diversión y sexo fácil, sin imaginar que iban a verse envueltos en una trama que incluye secuestros, violencia y cruentos asesinatos. La película plasma los más perturbadores instintos del ser humano, y lo peor es que no es únicamente fruto de la imaginación de Roth, sino que su germen hay que buscarlo en una práctica que tiene muchos papeletas para haber sucedido realmente. E imaginarlo acojona todavía más que en pantalla.

Paxton y Josh, después de una noche loca en Ámsterdam y habiendo hecho un nuevo amigo, un joven islandés llamado Oli, son cautivados por la oferta de un desconocido con el que entablan conversación: al parecer, hay un pequeño hostal en Eslovaquia que hace las veces de burdel y que es conocido por la belleza de sus prostitutas. El cielo se les abre, porque los amigos andan buscando ambas cosas, alojamiento y sexo, así que ponen rumbo hacia allí sin pensarlo dos veces.

Jamás hubieran imaginado que el hostal era en realidad la tapadera de un centro de tortura. Millonarios de todo el mundo pagan cantidades astronómicas por adquirir el ‘derecho’ a torturar y asesinar a pobres incautos que han sido secuestrados y que, convertidos en ‘piezas de caza’, mueren de las formas más cruentas e inimaginables. Spoilers a parte (no desvelaremos la suerte que acaban teniendo los tres amigos), podemos contarte que son testigos de los límites de perversión y locura que puede alcanzar la mente humana.

A no ser que seas un fan del sadismo, no querrás saber más acerca de esta historia. Ya repele lo suficiente . Pero ahora comienza el capítulo más oscuro del caso, el que asegura que a Roth no le llegó la inspiración por casualidad, sino que basó su film en una historia real. Al parecer, el director tomó la idea de una conversación mantenida con un amigo suyo, el crítico de cine Harry Knowles, quien le contó que creía haber encontrado la cúspide de los contenidos y ofertas enfermizas en Internet.

Según le contó Knowles, una página web de Tailandia ofrecía a los turistas un ‘curioso’ divertimento: por 10.000 dólares, podían torturar a un mendigo hasta asesinarlo. Le contó también que esos mendigos se ofrecían de manera voluntaria, lo que eximía al asesino de cometer ningún delito, a condición de que sus familiares recibieran una compensación económica.

Eli Roth quiso investigar para dar con todos los detalles de esta ‘oferta turística’ y su primera intención fue grabar un documental que desmantelara el asunto. Más tarde desistió ante la imposibilidad de recabar ningún dato y la idea de que, si esta práctica era real, sus precursores no tendrían ningún problema en ‘quitarse de en medio’ a un director de cine dispuesto a destapar su entramado de violencia, torturas y asesinatos. Por eso, decidió optar por contar la historia en forma de película.

Entonces, ¿es real la historia de Hostal? ¿De veras la perversión humana puede llegar hasta esos límites? Los planteamientos éticos que se derivan son tan potentes como los dolores de estómago que provoca si quiera pensarlo. Aunque otros aseguraron más tarde que este presunto trasfondo real formó parte de una campaña de marketing pensada para generar expectación en torno a la película.

Probablemente, jamás se sepa a ciencia cierta qué hay de real en los fundamentos de Hostal. Lo cierto es que la película recaudó más de 80 millones de dólares y arrojó otras cifras record, como la cantidad de litros de líquido rojo utilizados para simular sangre, que sobrepasó los 600. La escenografía fue tan cuidada que gran parte de sus secuencias fueron rodadas en un antiguo centro psiquiátrico de Praga, tan terrorífico que obligó a la dirección a contratar a un cuarteto de cuerda que tocase música clásica durante las grabaciones para ‘aligerar’ la estancia del equipo. Todos los ingredientes para cocinar una película aberrante y monstruosa, que entró por la puerta grande a las páginas de historia del cine gore.

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