La verdadera historia de la foto de Jorge Luis Borges meando

Por redaccionnyl el 23/06/2016

“El duende ya está haciendo travesuras.” Según cuenta el fotógrafo mexicano Rogelio Cuéllar, tales fueron las palabras de Jorge Luis Borges al escuchar el sonido del obturador mientras el escritor orinaba en los suntuosos baños del Antiguo Colegio de San Ildefonso, un tradicional centro cultural del DF donde había ido a dar una conferencia en 1973.

La foto fue publicada en la revista Viceversa en 1996, cuando se le realizó un homenaje a diez años de su muerte. Fernando Fernández, director de la revista, acaba de publicar en su blog Siglo en la brisa una conversación inédita que mantuvo con Kodama cuando visitó el país y Kodama lo recibió para reprocharle aquella imagen: “¿No le parece que eso no se le debe hacer a un hombre ciego? ¿No ve que es como hacerle mal a un chico?”. Luego, Kodama rebatió la posibilidad de que esa foto contribuyera a desmitificar la imagen del escritor: “El mito es la creación en todo caso. Pero esa creación, ¿en qué puede desmitificarse porque el personaje tenga que ir al toilette o tenga que ir a comer o tenga que caminar por la calle?”. Luego, confesó que le gustaban: “Los mitos nacieron en Grecia y son el sueño de la humanidad y me parecen maravillosos, así que yo no tengo ningún interés en destruirlos. Son lo más hermoso que tiene el mundo”. Una exaltación pasional como las que suele exhibir: el apostolado al que Kodama se dedica desde la muerte del Borges preservando su imagen y su obra tuvo en el reproche al periodista un episodio más de una larga serie.

Cuéllar, el hombre que apretó el obturador en el momento adecuado, recuerda con más sencillez el acontecimiento fotográfico. Al llegar Borges a México, Cuéllar comenzó a acompañarlo a sol y sombra por donde quiera que el escritor fuera. Tanta confianza habían creado, que Borges comenzó a llamarlo “duende”. Y, ya en el San Ildefonso, le pidió que lo acompañara al baño. “Entonces busqué un baño –recordó el fotógrafo–. Yo no los conocía, y cuando entré a esos antiguos baños… Quedé alucinado, porque era una imagen muy borgeana. Se repetían uno a uno: no sé cuántos mingitorios eran, por lo menos diez. Entonces no lo dejo en el primero sino en medio. Me retiré y me dije: ‘¿Hago una foto, no la hago?’. Entonces hice una primera foto y escuché que Borges dijo: ‘El duende ya está haciendo travesuras, ¿verdad?’, pero con un tono de voz de complacencia, de complicidad. Hice dos, tres fotos más.” Son incontables las anécdotas que revelan que el más grande escritor argentino de todos los tiempos poseía un gran sentido del humor. No se hubiera enojado, seguramente, por este retrato de sí mismo en un laberinto más insospechado que los que describió como pesadillas cuando los ubicó entre los espejos o el desierto.

Las palabras del fotógrafo

Volé miles de kilómetros para encontrarme con ella, removí cielo y tierra para conseguir su teléfono, le llamé insistentemente cuatro o cinco días y cuando por fin la tuve delante me dijo que no iba a darme la entrevista. Primero se mostró fría, como si la cosa no fuera conmigo; cuando nos sentamos a conversar, se puso como un tigre. ¿El motivo? Una fotografía de Borges en los mingitorios del Antiguo Colegio de San Ildefonso que yo había publicado en junio de 1996, tres años antes, cuando se cumplía una década de la muerte del gran escritor argentino.
Con la carta en la que le solicitaba la entrevista, le había mandado aquel número ilustrado con las fotos que le hizo Rogelio Cuéllar a Borges en 1973, la primera vez que estuvo en México. Aunque María Kodama nunca me contestó, viajé a Buenos Aires donde tenía concertados encuentros, entre otros, con Ricardo Piglia, César Aira y María Esther Vázquez. Finalmente, gracias a la intermediación de un alto funcionario del mundo del libro argentino, la viuda de Borges me concedió veinte minutos no sin antes manifestarme explícitamente su enojo. Si cuando publiqué mi “Crónica del centenario” (Viceversa, agosto de 1999) dejé fuera la transcripción literal de los argumentos que me dio para reprobar la publicación de la imagen, once años más tarde la recupero para ponerla junto al testimonio de Rogelio Cuéllar sobre las circunstancias en las que hizo la foto. Ésta, por cierto, la he escaneado del número donde apareció originalmente, por lo que mantengo mi promesa de no publicarla de nuevo.

Los hechos, según los conté en agosto de 1999

“Usted”, me dijo, “¿ha sido el responsable de esa revista desde hace tiempo?” Yo le dije que sí, que yo había sido el director de Viceversa desde el principio. “Entonces, ¿fue usted quien permitió publicar esa foto en la que Borges aparece en el toilette…?”.
De pronto tuve en la mente la extraordinaria foto de cuerpo entero de Borges que publicamos a dos páginas, tomada casi de perfil, con el bastón descansando entre el brazo derecho y el costado, el zapato visible perfectamente boleado, mientras orina en un mingitorio.
María Kodama se me echó encima: “Pero, ¿se da usted cuenta de lo que eso significa? ¿No le parece que eso no se le debe hacer a un hombre ciego? ¿No ve que es como hacerle mal a un chico?”.
Durante la andanada, me sentí abrumado. Con todo, alcancé a decirle que me parecía un poco exagerado ver la foto de esa manera, que la idea había sido desmitificar la figura de Borges, pero nada resultó. María contestó que sabía muy bien lo que eran los mitos y que eso nada tenía que ver con ellos. Yo pensé que aun sin tener toda la razón, la señora estaba en su papel y que yo no podía sino respetar su punto de vista. Con todo, le dije que la foto era de un importante fotógrafo mexicano, y que esos baños pertenecían nada menos que al Antiguo Colegio de San Ildefonso. Entonces ella dijo que se la habían podido haber tomado una vez que saliera, a lo mejor en la puerta… De nada me valió mi ponderación de la perspectiva de los mingitorios y el hecho de que, le dije, la foto hubiera sido tomada con respeto, y que, además, no se pudiera ver nada. Ella replicó algo que me hizo pensar que habíamos llegado, durante su mismísimo principio, al final de aquella entrevista: “Bueno, y ¿cómo podemos arreglar esta situación?”.
Aunque le propuse sin éxito que si quería podía publicarla otra vez para que los lectores se hicieran, ellos mismos, de un juicio —idea que desde luego no le interesó—, creo que se quedó tranquila cuando le aseguré que no publicaría la foto otra vez.

Los argumentos de María Kodama

[Lo que sigue es el inicio de la grabación de la conversación ocurrida aquella misma tarde de principios de junio de 1999. El fragmento es inédito.]

—[Yo, bajo la andanada de sus argumentos] …lo entiendo perfectamente.
—[Ella, con vuelo] …hay formas, ¿eh? En las cuales la foto tampoco se estropea pero no hay un abuso de confianza…
—Claro.
—¿Comprende?… Matices, que hacen, ¿cómo le puedo decir?, a la nobleza del otro, y que ayudan a vivir mejor.
—Pues créame que no lo vi así, ahora que me lo hace usted ver lo entiendo y lo que le puedo decir… Yo desde luego me comprometo a que no la vuelvo a publicar en la revista.
—Yo lo que le digo es que siempre usted cuando busque fotos para su revista, digamos, es como, es como… Me parece, no sé, porque puede tener graves problemas, ¿no?, es siempre ponerse en la situación del otro. Quiero decir: “Esta foto, si a mí me la hubieran sacado, cómo la vería mi familia, cómo la vería yo”. ¿Comprende?
—Sí.
—Entonces, cuando uno se pone en la situación del otro, ahí uno tiene el parámetro de lo que puede molestar o no molestar, salvo que usted, bueno, sea una persona así que total le da lo mismo y lo mismo le da aparecer desnudo que vestido, no sé, haciendo el amor que dando vueltas de carnero, entonces bueno, entonces ya si es una persona así la conversación que estamos teniendo es inútil. Pero si usted es una persona con sensibilidad, inteligente, bueno, creo que usted es muy joven, entonces creo, por eso se lo digo, que hay que ponerse siempre en la situación del otro. “Bueno, yo en esta situación, cómo me sentiría, teniendo las mismas condiciones que esta persona”. ¿No es cierto?

Y después, toda esa historia de desmitificar, no entiendo. No entiendo qué significa desmitificar. Es decir, desmitificar ¿qué? Supongo que toda persona sabe perfectamente bien que un escritor, aunque es genial, es un hombre… Entonces ¿qué es esa historia de la desmitificación? El mito, suponiendo, es la creación en todo caso, pero esa creación en qué puede desmitificarse porque el personaje tenga que ir al toilette o tenga que ir a comer o tenga que caminar por la calle. Entonces yo creo que ésa es una cosa muy perversa, con la que yo no estoy de acuerdo porque para mí ante todo no existe el mito en un creador, ¿no es cierto? En un pintor, en un escritor, en nadie. Entonces eso de desmitificar no entiendo qué quiere decir… la verdad es que no lo entiendo. Y me parece una postura totalmente absurda. Por otra parte, en todo caso, yo adoro la antigua Grecia, y los mitos nacieron en Grecia y son el sueño de la humanidad y me parecen maravillosos, así que yo no tengo ningún interés de destruirlos en todo caso, ¿me entiende?, porque es lo más hermoso que tiene el mundo, justamente, ese sueño de los griegos de haber creado todo eso, ¿no es cierto?, que nos enseña y que es terrible también pero yo no tengo nada en contra de eso…

El testimonio de Rogelio Cuéllar

[Conversación telefónica]
—Siempre he querido preguntarte: ¿cómo hiciste aquella foto?
—Muy bien.
—Por lo que me contaste alguna vez, cuando Borges estuvo aquí en 1973 no te separaste de él, ¿no?
—Desde el momento que bajó del avión… Estaban Miguel Capistrán y Luis Mario Schneider para recibirlo… Yo leí que iba a estar ahí… Ni conocía a Capistrán ni a Schneider. Me planté en el aeropuerto y desde que bajó del avión me aboqué a estar junto a él. De ahí fuimos directamente al Hotel del Parque, que estaba en Reforma y Constituyentes, y a partir de ahí me puse como su sombra a hacerle fotografías desde las ocho de la mañana hasta el final, que ya regresaba a su hotel. Con él fui a Teotihuacan… Él me comenzó a… Sí veía, veía sombras, volúmenes. Percibía. Entonces me comenzó a ubicar como “el duende”. “Ya está aquí el duende, ¿verdad?”. Porque al final, en el lobby de su hotel, ahí recibía a infinidad de personas. Recuerdo a Monsiváis, Juan García Ponce… Desayunaban con él, le leían, etcétera… Fue un encuentro muy hermoso que me dio pauta para estar con él muy cerca.
—Y la foto, ¿cómo fue?
—Estábamos en San Ildefonso, yo lo llevaba del brazo… Estaban grabando unos programas para Televisa, Octavio Paz, Salvador Elizondo…
—Me imagino que Arreola.
—Sí, Arreola, etcétera. Entonces me dice: “Oye, duende, quiero hacer pis”.
—¿Así dijo?
—Ajá. Entonces busqué un baño. Yo no los conocía, y cuando entro a esos antiguos baños de San Ildefonso… Quedó alucinado, porque era una imagen muy borgiana. Era así como espejos… de Lewis Carroll. Se repetían uno a uno, no sé cuántos mingitorios eran pero por lo menos eran diez. Entonces no lo dejo en el primero sino en medio. Me retiro y digo: “¿Hago una foto, no la hago? ¿La hago, no la hago?”.
Entonces hice una primera foto y escucho que él dice: “El duende ya está haciendo travesuras, ¿verdad?”, pero con un tono de voz de complacencia, de complicidad… Hice dos, tres fotos más.
—Qué linda historia, ¿no?
—No, es muy hermosa, y lo muestra a uno como es… Como era. Normal, humano.
—¿Cuándo publicaste esas fotos por primera vez?
—Eso se publicó en… Revista de revistas…
—De Excélsior…
—…cuando la dirigía Vicente Leñero.
—¿Y nunca nadie te comentó nada sobre la foto del baño?
—No, ésa no la publiqué ahí… Creo que ésa estaba inédita hasta que tú la viste.
—Ah, ¿entonces la primera vez que se publicó fue en Viceversa?
—Exactamente. Sí.
—¿Y nunca recibiste ningún comentario de allá, del mundo borgiano argentino?
—No, nada, fíjate.
—Ni para bien ni para mal.
— Ni para bien ni para mal.
—¿Qué piensas del reclamo de María Kodama, que eso no se le hace a un hombre ciego, que es un…?
—No, es desproporcionado. Es una foto muy respetuosa. Es un portento. No es porque la hice yo, pero sí.

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