La undécima y esas extrañas casualidades que siempre ayudan al Madrid

Por Néstor Luis González el 28/05/2016

Los entendidos saben que el Real Madrid no juega las finales, las gana. De hecho la última vez que perdió una fue en la temporada 2001-2002 en “El Centenariazo” ante el Deportivo La Coruña, y si de Copa de Europa hablamos tendríamos que recordar la 80-81 ante el Liverpool que dirigía Bob Paisley.

Sin embargo los hinchas del Atlético de Madrid en serio tenían la esperanza de lograr su primera Champions pese al ímpetu ganador de un equipo merengue que se sabe guapo y apoyado.

No se había cumplido el primer cuarto de hora de la final del sábado cuando ya el Real Madrid ganaba 1-0 con gol de Sergio Ramos en fuera de lugar. El árbitro no vio que el gol debió ser anulado. Normal. Los árbitros se equivocan cada vez más todos los días. Pero la gente comenzó a recordar de inmediato en Twitter que el camino a esa final de los merengues fue el más fácil que equipo grande haya tenido en décadas. Que el gol de Ramos subiera el marcador era el colmo, pero las extrañas casualidades que siempre ayudan a los merengues parecen no tener límites.

Tras ganarle por 4 goles en una suerte de amistoso con ida y vuelta a una Roma tan inferior que contaba incluso con un jugador –aunque leyenda– de 40 años, el Real Madrid afrontó los cuartos de final y la semifinal jugando siempre con el equipo más débil que quedaba vivo.

Y aunque el Wolfburgo tuvo el decoro de no cumplir con la goleada que promete su nombre ante el Real Madrid en unos cuartos de final de la Champions de 2016, el Manchester City sí parecía comprometido con la undécima del equipo blanco porque incluso cuando perdía 1-0 decidió contra todo pronóstico defender más.

Ni Bayern, ni Barcelona, ni Juventus ni ningún otro. El Atlético de Madrid sería el único equipo candidato al título que enfrentaría el Real Madrid desde que comenzó esta Champions, y claro: en la final –que como decía don Alfredo “no se juega, se gana”.

Lo demás fue esperar el partido disimulando la certeza de que de alguna forma serían ayudados por esa extraña casualidad que hace que los ganadores siempre ganen, y confiar en una plantilla de jugadores que de todas formas es excepcional.

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