La última practicante de la religión de los cocos

Por redaccionnyl el 09/01/2017

La anciana Nguyen Ten, de 79 años, es la última practicante conocida de la llamada religión de los cocos, una estrambótica variante del budismo surgida en el convulso Vietnam de los años 60 y que llegó a contar con más de 4.000 seguidores en todo el planeta.

 
 

Ten asegura que desde 1974 sólo se alimenta de coco y ocasionalmente zumos de alguna otra fruta, siguiendo así las enseñanzas de su maestro, Nguyen Thanh Nam, fundador de la religión y apodado el monje de los cocos hasta su fallecimiento en 1990.

“Pero yo tomo el coco con chile, con sal o con pimienta y el maestro lo comía solo. No es un sacrificio para mí, mi cuerpo se ha acostumbrado y si pruebo otras comidas me hacen daño”, explica a EFE.

La anciana recorre el centenar de metros que separan su casa del santuario, construido en 1972 en la pequeña isla del Fénix, una zona conocida por sus cultivos de cocoteros en el delta del río Mekong, a unos 100 kilómetros al sur de Ho Chi Minh (antigua Saigón).
El complejo religioso, aunque deteriorado por el paso del tiempo, mantiene el diseño original ideado por el fundador, más similar a un parque de atracciones primitivo que a un templo convencional.

Grupos de turistas escuchan las explicaciones de sus guías mientras pasean por una pequeña explanada con nueve pilares en forma de dragón donde los fieles solían practicar los rituales de esta religión, oficialmente llamada Hoa Dong e inspirada en el budismo, pero con elementos cristianos, taoístas y de otros cultos.

Turismo en el complejo

La mirada de los visitantes se dirige enseguida hacia las coloridas estructuras metálicas de aspecto futurista que se alzan por encima de la frondosa vegetación: una torre inspirada en la nave espacial Apolo, dos torres metálicas de unos 15 metros de alto conectadas por una pasarela para simbolizar la unión entre los dos Vietnam enfrentados durante la guerra y otra en nombre de la paz.

La anciana Ten deja de lado el tumulto de los grupos guiados y camina directa hacia el templo: una gruta de cemento donde pasa la mañana rezando ante un altar y respondiendo a las preguntas de los visitantes. “No vengo todos los días, pero hoy el maestro se comunicó conmigo desde el otro mundo y me dijo que había personas que necesitaban verme”, cuenta.

Cuando comienza a hablar de la religión, de su maestro, de su dieta a base de coco durante cuatro décadas, Ten desprende una vitalidad que no se corresponde con su cuerpo escuálido y de aspecto enclenque.

“El mensaje de la religión de los cocos es que todas las creencias tienen la misma raíz, sólo hay un Dios. Tenemos que llevar una vida sencilla, no comer animales para no matar, no dar importancia a los bienes materiales. Comemos cocos porque es el alimento más abundante”, explica.

Mientras habla, va repartiendo entre los turistas fotografías de su maestro en distintas situaciones: con un cocotero de tronco múltiple, sujetando un coco en forma de flor de loto, mostrando un tubérculo que recuerda a un dragón y otra con los gatos a los que crió junto a ratones como símbolo de la paz entre los hombres.

Los seguidores

En su apogeo, esta rama del budismo contó con seguidores en Estados Unidos, incluido el periodista y escritor John Steinbeck IV, hijo del célebre autor de Las uvas de la ira.

Steinbeck fue ordenado monje por el creador del culto, Nguyen Thanh Nam, un intelectual nacido en 1909, educado en Francia y controvertido por su oposición al colonialismo francés y al régimen instaurado en Vietnam del Sur tras la derrota de Francia.

Nam, proveniente de una familia acomodada, se dedicó durante unos años a vender jabón fabricado a base de coco, pero tras salvarse in extremis de una ejecución a manos de soldados franceses, decidió dedicar su vida a la meditación, según relata el libro The 25 Years Century (El siglo de 25 años), de Quang Thi Lam.

Después de tres años de retiro en unas montañas próximas a la frontera con Camboya, decidió instalarse en su provincia natal de Ben Tre, famosa por el cultivo de cocoteros, y fundó la religión.

Su fuerte compromiso con la paz y su notoriedad -fue candidato a la presidencia de Vietnam del Sur en 1968- dieron a la religión de los cocos cierta popularidad durante la Guerra de Vietnam, pero el culto nunca ha sido reconocido por el régimen comunista que gobierna el país desde 1975.

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