Joaquín Sabina y La prosa de la Boca de Paula

Por Óscar Jiménez el 16/07/2016

Antes de que entrara el nuevo siglo, el genio de Úbeda, Jaén, España, de prosa dedicada, concisa y directa, pudo “coser los retazos” de “Dieguitos y Mafaldas”, canción incrustada en la producción de 19 días y 500 noches, y que por obvios motivos resultó opacada. En aquel año ocurrieron cosas peculiares para Joaquín Ramón Martínez Sabina, puesto que no solamente escribió uno de los éxitos más prolíferos de su vida creativa (19 días y 500 noches) sino que también recién concluía otro turbio pasaje de enamoramiento con la argentina, hincha de Boca, Paula Seminara, para comenzar uno nuevo, de larga duración hasta nuestros días, con Jimena Coronado.

Curiosamente en ese lapso (1998-1999), cuando había terminado con una para entrar al „quite? con otra, Sabina tenía que estrenar “Dieguitos y Mafaldas”, y quiero suponer que le fascinó en primer momento la opacidad que tomó la interpretación por el nuevo éxito que acumulaba con „tanto la quería, que tardé en aprender a olvidarla, diecinueve días y quinientas noches?.

Pero aquella melodía con toques de todo, flamenco, tango y los sentidos “guapachosos? que podamos imaginar, tenía dos únicos fines: recordar a Paula Seminara y homenajear al Barrio de la Boca (o viceversa). En la prosa, Joaquín Sabina arranca con:

“Veinte años cosidos a retazos
De urgencias, disimulos y rutinas
Veinte años cumplidos en mis brazos
Con la carne del alma de gallina
Veinte años de príncipes azules
Que se marchaban antes de llegar
Veinte tangos de Manzi en los baúles
Veinte siglos sin cartas de papá”

Descripciones francamente duras y sentimentales, aunque aún sin ahondar en el tema de Boca Juniors, una pasión que también ha caracterizado a Joaquín Sabina y su grupo de trabajo (encabezados por Pancho Varona, Mara Barros y Antonio García de Diego).

“De González Catán, en colectivo,
A la cancha de Boca, por laguna
Va soñando –hoy ganamos el partido-
La niña de los ojos de la luna.
Los muchachos de la doce más violentos,
Cuando la “junan”, en la Bombonera
Le piden, a la virgen de los vientos
Que le levante a Paula, la pollera”

Claramente, en esta parte de la melodía se hace énfasis en un sentimiento que seguramente todos querrán vivir… y esto es cierto, pues hace algunos meses se convirtió viral un artículo en donde se afirma que asistir a la Bombonera para presenciar un clásico argentino entre Boca Juniors y River Plate, era una de las 10 cosas que se debían de hacer antes de morir. Y coincido, así como han coincidido muchos.

El Barrio de la Boca, con sus vestiduras finas –y no tan finas- de los propios colores institucionales?, convierten en un panorama exquisito el que se refleja bajo las nubes (pasajeras, y combinadas también con azul). Y resulta una pasión –y recuerdo- único no solamente la estancia dentro de la Bombonera, en algún palco, en la grada, con La Doce, junto al “Diego”, no, también involucra sensaciones la llegada al inmueble, el recorrido por las calles justas de Buenos Aires, el colorido que se va pintando a brochazos sobre las paredes “vírgenes”. Las bosteras y los bosteros, en compañía, a bordo del colectivo, con el dulce de leche, el mate y los sazones tan peculiares de los que habría dicho Facundo Cabral, son descendientes directos de las embarcaciones suecas.

Incluso han llegado a conocerse imágenes del propio Joaquín Sabina en los linderos de la Bombonera, disfrutando del Barrio de la Boca, adoptando posturas en su propia rebeldía, degustando del mate, con traje a colores cremas, bombín y la presencia en compañía, de Paula, su entonces musa. Hoy en día se sigue sabiendo que Joaquín Sabina, como todo buen español, se queda con los suyos, en su amor por el Atlético de Madrid, los colchoneros, pero abre un lugar especial para los bosteros. Siendo así, las múltiples remeras bosteras que le han regalado.

Así como el propio Joaquín Sabina, existen algunos otros entes del „famoseo y las palmas? que se han declarado hinchas del equipo más ganador de la Argentina, gente como Robbie Williams, Pelé, Antonio Banderas, Jenna y Bárbara Bush (Hijas de George W. Bush), los tenistas Juan Martín del Potro, Rafael Nadal y Roger Federer (en los mejores peldaños históricos del ranking de la ATP), Gennaro Gatusso, Mauricio Macri, Mercedes Sosa, entre otros. Todos, sufriendo –y gozando- del mismo mal –bondadoso.

En “Dieguitos y Mafaldas”, Joaquín Sabina alaba a quien hasta el momento, era un joven desconocido ante los cuernos de la luna, Juan Martín Palermo, pero que ya tomaba con cierto arraigo el apodo de “loco”. El recién llegado para ese torneo al banquillo bostero, Carlos Bianchi, había podido amalgamar un conjunto bien equilibrado en los “azulillos”, donde actuaba al menos en la parte ofensiva el propio Martín Palermo, ya con la mata pintada fluorescente junto con los mellizos Barros Schelotto. Para algunos, la Guillermo- Palermo, una de las mejores duplas en la historia del fútbol.

Para pronto, Boca Juniors pudo llegar al cierre del Torneo Apertura un 15 de noviembre de 1998, midiéndose a Talleres de Córdoba en la propia Bombonera, con el acostumbrado lleno, con la locura de „La Doce?, con los colectivos entusiastas, los pasillos atiborrados, el barrio cantor de la Boca. Y un Palermo, que se consagraría campeón goleador con la cifra récord en los torneos argentinos de 20 goles en 19 partidos, incluyendo siete dobletes, tres de ellos consecutivos. Su último, una jugada que nació desde el centro del campo, que circularía por derecha para el debutante ese torneo Sergio Adrián Guillermo „El Cepillo?, quien serviría con ventaja para la llegada del “Loco”, del Salvador, de Palermo, que a los 90 minutos del tiempo corrido, ponía el 2-1 de Boca sobre Talleres. Boca volvía a campeonar tras seis años de estar seco.

Ante digna actuación acompañada del mago Juan Román Riquelme, en 2008 se dio a conocer un escrito que le dedicó Bianchi al „Loco?, y que describe; “Contar con un goleador como vos, además de otro que desbordaba al nivel de Guillermo y otro que construía y distribuía como Román, significaba que más de la mitad del trabajo que tenía
que hacer para armar el equipo ya estaba hecho. Bendito 98? que nos juntamos todos en el lugar indicado y en el momento justo, para cumplir nuestros sueños más preciados como componentes de un grupo con apetito de triunfos. Futbolísticamente pienso que esos momentos tuyos fueron irrepetibles, porque te consolidaste como goleador ante
todos los que dudaban y cuestionaban tus cualidades de definidor”.

Y al músico de Úbeda, inmediatamente al año siguiente, en el 99?, le representó una canción, escrita con algo más que música, con algo más que astucia, con algo más que magia. Joaquín Sabina hace una enorme reverencia a aquel Boca de Bianchi en Dieguitos y Mafaldas, con la prosa clara, concisa y directa.

“Menuda bandera para una canción
¡Y qué delantera!
Aquel año Boca salió campeón
De la Bombonera
Ninguna bostera se puede quejar
Aunque le sobre razón
Si pinta rameras con el corazón
Y con las caderas
Le toca a Palermo tocar el balón
La Doce se altera
Le toca al gallego tocar este son
Para una bostera
El año que Boca salió campeón
En la Bombonera”

Concluye Sabina. Concluye Bianchi. Concluye Palermo. Concluye Román. Concluye Boca. Así como había concluido el romance del genio de Úbeda con Paula Seminara, la hincha de Boca que le mostró a Sabina, la importancia de ser de Boca.

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